Me siento como esas chicas que se acuestan en la cama y miran al techo pensando en el hombre de su vida, excepto porque no tengo a ese hombre, pero, pienso en Benjamín y en cuan equivocada estaba al pensar que era un señor amargado. Don amargado.
Pensar en ello me causa risa, y es que recuerdo cuando se acercó a mí en el parque y su seriedad no está siquiera impresa en su ropa, es extraño. Me pregunto por qué se acercó a mí de esa manera o qué lo llevó a querer acercarse a mí. Tal vez algún día esa pregunta sea respondida, quien sabe.
Ahora, dejando de lado el recuerdo de mi primer acercamiento con Benjamín. Hay algo que me tiene muy preocupada y es que, no sé cómo se me fue a olvidar que sólo tengo una habitación de hotel —¿Dónde dormirá Benjamín? —No sé cómo pude ofrecerle que me acompañe al viaje si no tengo donde hospedarlo, a menos que— ¡Oh no! ¡Oh no! Ni lo sueñes Cristin —cómo es que se me ocurrió la idea que él, Benjamín, duerma conmigo en mi habitación. Me sorprende lo ocurrente que puede ser mi cabeza cuando no tengo algo productivo que hacer.
—¡Ya me dio calor! —chillo, porque me he imaginado a Benjamín durmiendo conmigo y no sé porqué, pero mi mente ha ido más allá de un solo dormir—. Debería darme vergüenza estar imaginando escenas tan eroticas.
Quizás son las hormonas que me están traicionando o tal vez es porque hace mucho que no estoy con alguien e incluso con Julian el sexo era escaso, aunque claro, ahora entiendo cual era el motivo, un bello rostro, un buen empleo y una buena posición económica.
—Vaya que cuando dejo mi imaginación volar, realmente se aprovecha —Me giro en mi cama hasta quedar de medio lado.
Miro el reloj colgando y son las once de la noche, posiblemente no pueda dormir de pensar en él y en el viaje que me espera. No sé si será infantil de mi parte, pero es lo que hay, es lo que soy, supongo.
Dejo escapar un poco de aire y me vuelvo a acomodar en la cama, cierro mis ojos intentando dejar mi mente en blanco para poder descansar un poco, porque aunque el viaje es por la noche necesito dejar todo en orden en casa, así que; será un día bastante cansado.
Por suerte, dejar mi mente en blanco dio resultado, no sé en qué momento me quedé dormida, lo malo es que, en este momento son las diez de la mañana. Me levanto de prisa y corro al baño por una ducha.
—No debí quedarme despierta hasta tarde, ya se me hizo tarde —Me reprocho, mientras me desnudo y entró al baño.
Tanto que tengo por hacer y justo hoy tenía que pasarme esto, es increíble lo que puedo resultar ser, solo hace falta que Benjamín llegue temprano y me encuentre como una loco corriendo de un lado a otro.
Salgo de la ducha y con mi secadora de cabello quito la humedad en mi pelo, gracias a eso no necesito plancha o al menos no en este momento. Corro a mi closet y busco algo de ropa: un jeans y una blusa, unas calcetas y unas tenis, y listo. Corro nuevamente al baño y cepillo mis dientes, aplico mis cremas faciales y luego voy a la cocina a por un café y unas tostadas.
Sirvo mi tasa de café y colocó las tostadas en un plata para sentarme a desayunar, pero unos golpes en la puerta detiene mi intensión de sentarme.
Ruedo los ojos y bufo, pues, ¿quién se atreve a venir a esta hora? Lo que menos necesitaba era recibir visitas en media tragedia.
Los golpes en la puerta son insistentes, por lo que camino hasta la puerta y la abro.
—¿En qué le puedo ayudar? —Digo al mismo tiempo que abro la puerta.
—¡Cristin! ¡Amor mío! —Mi boca se abre al ver a Julian frente a mí, acariciando mis mejillas y mi cabello a la misma vez como si fuese un objeto delicado a cuidar.
Me toma unos cuantos segundos reaccionar y lo empujo apartándolo de mí.
¿Cómo se atreve a parecerse en mi departamento? ¿cómo se atreve a decirle mi amor y acariciarme como si tuviese ese derecho?
—¿Qué haces aquí? —Cuestionó enojada—. ¿Cómo te atreves a venir?
Julian únicamente me mira confundido, como si no supiera de qué estoy. No sé qué pretende con fingir, pero no me interesa, aquí no hay nada que le pertenezca.
—Mi amor, déjame pasar —Julian contrarresta lo que estoy sintiendo, lo que ha pasado entre nosotros.
—¡No! —Digo con autoridad—. Vete de mi casa en este momento, vete ahora mismo.
Mi mirada es desafiante, puedo sentir como queman mis ojos. Sea desatado la furia en mí, la ira que estaba intentando controlar se ha comenzado a hacer presente; es el dolor, la humillación y le decepción mezcladas que se convierten en ira.
—¿Qué te pasa? —Me pregunta con una sonrisa como si nada, como si su consciencia estuviera limpia.
—Es absurdo lo que preguntas, no creo que seas tan estúpido como para no saber la respuesta. Ahora, largo de mi casa —Vuelvo a anunciar, pero no obtengo nada, solo burla de su parte.
—Ya para con esto Cristin, solo es un juego, no pasa nada —Julian me empuja y entra al apartamento.
Lo primero que hace es quitarse los zapatos y dejarlos en media sala, lo que claramente me hace perder la migaja de paciencia que tengo.
Tomó los zapatos y se los tiro encima, pues se ha sentando en el sillón, a subido los pies en la mesa de centro y aprendido el televisor como cuando estábamos juntos.
—Largo de mi apartamento Julián, vete ahora antes que llegue Benjamín —Refuto, a lo que él me mira con sus ojos bien abiertos.
—¿Benjamín? —Cuestiona levantándose del sofá.
—Sí Benjamín, ¿quién más? .... ahora vete, ya, largo, entiende que no te quiero aquí —Grito a todo pulmón, pero el solo me mira.
—¿Benjamín y tú? —Pregunta como si fuera un estúpido robot.
—Sí, si Benjamín y yo.... ahora salte de mi apartamento —Le grito una vez más, pero siquiera se mueve de donde está.
—¡No puede ser! —susurra sorprendido, pero a mi me puede poco lo que sea que esté murmurando, lo único que quiero es que salga de mi cada y desaparezco lo que le quede de vida.
—Vete Julian, vete y no vuelvas a venir a mi casa porque te juro que te saco con la policía si es necesario. Vete, ahora tienes una prometida y un futuro maravilloso y muy prometedor, así que; ve con ella y déjame en el olvido, yo ya hice lo mismo contigo, ya te enterré y de allí no pienso sacarte.