—Sí ese es tu deseo no soy quien para interponerme, además, tampoco voy ser participe de este juego —Me responde Benjamín serio y siento que lo he ofendido con mis palabras.
—Benjamín, no quiero que sientas que te estoy ofendiendo, porque no es lo que intento.... mira— pauso—. No quiero que Clarisa sufra lo que soy he sufrido, al menos ahora el camino está libre para que ella sea feliz con Julian si es lo que tanto desea, ¿de acuerdo? ... lo que ellos dos hagan no es mi problema, mi vida tiene que seguir y no quiero que los dos formen parte de lo que podría ser mi futuro.
Benjamín me observa dudoso en su hablar, entiendo que la chica sea familia y que ella no tiene culpa del dolor que Julián me causó, pero no quiero tenerlos cerca por amor y respeto a mí misma.
—Lo entiendo —Me da una sonrisa que me deja tranquila.
—¡Gracias! —Lo abrazo con fuerza porque significa mucho para mí que entienda lo que quiero y respete mi decisión.
—¡Oye! —se queja él en medio de un a risa—. Me vas a romper en dos con ese abrazo.
—¡Debilicho! —Me rio y me quedo unos segundo abrazada de él oliendo su perfume y sintiendo el calor de su abrazo.
–No quiero incomodar, pero hay aun auto que nos espera.
Yo solo puedo suspirar y apartarme de él.
—Todo sea por un vuelo en privado —le guiño mi ojo y él suelta una sonrisa y niega con su cabeza.
—Sí, si, todo sea por viajar cómodamente.
—Por supuesto —Molesto.
Lo que nunca esperé fue encontrar un yet privado tan lujo, desde su exterior hasta su interior refleja lujo, poder, adquisición, en resumidas palabras, dinero.
Mi boca está completamente abierta ante tal majestuosidad.
—Sí, esa misma cara hice yo cuando lo miré por primera vez —Anuncia Benjamín riéndose de mi cara.
—¡No puede ser! —Señaló la aeronave—. ¿en él vamos a viajar?
—Exactamente.
No quiero siquiera tocarlo para no ensuciarlo.
—Es más de lo que pensé Benjamín.
—Bueno, en realidad es un regalo de un viejo amigo, y pues no pude decir que no —Benjamín está sonrojado lo que me causa ternura.
—Es muy lindo gesto de su parte —Honestamente no sé qué decir, es decir, estoy sin palabras.
—Basta de hablar y entremos, se nos hace tarde y tengo una sorpresa para ti —Alza su cabeza orgulloso de lo que sea que ha hecho.
—¿Una sorpresa? —Digo en medio de nerviosismo—. ¿No bastaba con esta?
Miro el yet y regreso la mirada a Benjamín, peri el niega.
—No, porque es mío, lo que nos espera es mucho mejor que un viaje en él.
¡No puedo con tanto misterio!
Además siento que no merezco nada de esto, no me lo he ganado con esfuerzo.
—¡Ay Benjamín! —Chillo en gemido que me avergüenza—. Es que no quiero que gastes, y más cuando voy por trabajo....
—Pero, ¿qué hay después del desfile? —me pregunta y siento que está siendo persuasivo conmigo.
—Mmmm —pienso en que responder—. No queda nada por hacer.
—Listo, no se diga más.
Benjamín me empuja para que comience a caminar y es lo que hago, una vez adentro tomó mi asiento y me siento como una reina.
—¿Te gusta? —Benjamín toma asiento frente a mí.
—Mucho, es hermoso— tomo sus manos en las mías y las abrazo—. Gracias por compartirlo conmigo.
—Es un placer, lo que necesites solo avísame, estaré sentado justo en el asiento de la par —Palmea mis manos y se marcha a su asiento.
Siento como la aeronave se mueve y miro a Benjamín, me extiende su mano y yo la tomo, me da una sonrisa que siento que derrite mi corazón, algo que es inevitable para mí.
Miro por la ventana y puedo ver las nubes. Este viaje huele y se siente diferente, quizás es pot la compañía de Benjamín, no lo sé.
Nuestras manos se separan y cada uno regresa a lo suyo.
Una hora ha pasado del viaje y mis ojos comenzaron a cerrarse, tanto así que me dejo guiar por él hasta quedar completamente dormida.
—Cristin, Cristin —Benjamín me despierta y se ríe —. No puedo creer que te hayas dormido, hemos llegado.
Miro y es verdad estamos en una clase de aeropuerto privado.
—Que pena, que pena —Intento incorporarme, pues estaba acostaba en los brazos de Benjamín.
—No te preocupes, pero por lo visto no dormiste bien —se queja y tiene total razón, por eso no pienso discutirselo.
Tomo mi maleta de mano y bajo del avión.
—Bienvenida señorita Williams —Un chico muy agradable me recibe al pie de la escalera del yet y me entrega un ramo de flores—. Señor Jonhson, bienvenido, el auto los espera.
—Muchas gracias —Responde Benjamín sin darme tiempo a decir una sola palabra.
Seguimos al chico hasta salir del lugar y encontrarnos con el auto.
Entro de primero al auto y luego Benjamín.
—¿Idea tuya? —Pregunto mostrándole el ramo de flores.
—¿Te gustan?
Afirmo con mi cabeza con una gran sonrisa.
—Sí, mucho.... si no mal recuerdo, creo que es la primera vez que recibo flores.
Acaricio cada pétalo con delicadeza, como si ellas pudieran sentir lo que yo siento al tenerlas entre mis brazos.
—Ha sido un placer —Susurra Benjamín y mi corazón se dispar.
> pregunto en mi interior intentando obtener una respuesta que no sea que.... él ha comenzado a gustarme.
De ser así significa desastre, no puedo darle a él lo que merece, mi corazón sigue lastimado por una traición y no quiero que él pague las consecuencias de algo que no hizo, aunque tal vez solo lo hace por amistad y no tiene que ser como yo lo estoy percibiendo.
—He logrado encontrar una habitación en el mismo hotel que el tuyo, en un piso arriba que el tuyo, pero creo que esta bien, ¿no?
—¿No es muy lejos? —pregunto imaginado todo lo que debemos caminar para encontrarnos, pero me arrepiento a los pocos minutos de haber preguntado.
—Bueno, podrías dormir en mi habitación, hay mucho espacio para los dos.
No sé por qué, pero presiento que es una habitación presidencial.
—Mmm creo que es mejor que cada quien duerma en sus habitaciones, seria algo incómodo, ¿no?
—Es tu decisión —Me responde Benjamín.
Pedimos las llaves de nuestas habitaciones y nos dirigimos cada uno a su respectiva habitación.
Me siento en mi cama y siento un vacio en mi pecho, miro la puerta y me regalo por querer estar en la habitación de Benjamín, pero recordando aquel cuerdo sensual debajo de aquella camiseta es mejor mantenerme lejos de él o perderé la cabeza y estaré debajo de su cuerpo.
—Sonido de celular—
En medio de mi bolso busco el celudat y es un mensaje de texto de Benjamín —Saldremos a cenar en tres horas, descansa y paso por ti en un rato.
Siento que voy a explotar con tantas emociones y sobre todo con el sentimiento de no merecer nada de lo que me está sucediendo:
¿Por qué tengo que ser así? ¿por qué no puedo aceptar que Benjamín quiera hacerme sentir especial?