Busco mi mejor atuendo, algo que me haga lucir elegante y refinada. Un un traje entero de una sola pieza de pantalón y una chaqueta que hace conjunto. Me maquillo lo mas neutra posible, pero sin dejarlo desapercibido y lo acompaño con hn labial rojo.
Peino mi cabello en una coleta alta y coloco unos areres pequelos, asi mismo lo hago con un collar y un año que hacen conjunto.
Me miro al espejo y me gusta lo que veo, veo una mujer sensual y elegante, algo que había perdido hacía algún tiempo.
Termino con un poco de colonia detrás de los orejas y en las muñecas, por aquello que se le ocurra besar mi mano.
Me siento en la cama en la espera que Benjamín llame la puerta, cuando lo hace han pasado unos quince minutos.
Abro y él está mirando su traje, cuando alza su mirada eleva sus cenas: —¡Oh guao! —dice y me observa detalladamente—. Te ves espectacular.
Me sonrojo, parece que últimamente es lo único que sabemos hacer: sonreir. sonrojarnos y reír.
—Fue lo mejor que logré encontrar para cenar contigo —Comento mirándome—. Es que, siempres luces bien y no queria desencajar.
Benjamín no sabe que decir, creo que ha quedadon en blanco por mis palabras.
Cierro la puerta y sin esperar que diga algo, decido comenzar a caminar por lo que él hace lo mismo.
—A mi parecer descacas con lo que seas que uses —anuncia Benjamín pasado un rato.
—No todas las personas piensan eso, pero gracias por el cumplido.
—Vamos Cristin, te ves hermosa —me detiene—. Mírate, luces como una reina, solo te falta la corona, tienes elegancia, estilo, sensialidad, ¿ que más quieres?
Ahora soy yo la que no sabe que decir.
—Aceptaré lo que dices, y solo porque no sé como responder a eso.
.
.
.
En el restaurante las personas miran Benjamín y se acercan a salular, parece que Benjamín es muy conocido entre los cliente de este lugar. Yo intento pasardesapercibida para no ser vista como alguien inferior a ellos, sin embargo eso parece estar solo en mi cabeza pues a mí también me saludan.
—Eres muy famoso —comento una vez lleganfo a nuestra mesa.
—Mi mano culinaria se hizo famosa —comenta, pero yo solo me imagino su mano y no exactamente en la cocina.
—Puedo imaginar —Me rio internamente de mi mente pecadora.
—Ha muchos de aquí los intoxiqué —se rie —. Creeme que mis inicios no fueron como los pintan, y de ello nacieron muchas amistades, incluso mi madre sufrió las consecuencias de mi arte.
Benjamín suelta la risa, supongo que alguna historia ha llegado a su cabeza.
—No te creo —Digo sintiendo que también voy a estallar en una risa.
—Claro, mi madre fue al hospital después de comer uno de mis platillos. Supongo que le coloqué más sal de la que era necesaria —Sus mejillas se tornan rojas.
–¿Qué? —Pregunto en medio de carjadas.
—Te lo juro, mi madre me dijo: hijo te amo con todo mi ser, te di la vida, pero esto no puedo comerlo, dejaste aquí todo el bote de sal y después se marchó al hospital con un dolor terrible de estómago.
Mi risa es incontenible, no puedo creer que Benjamín haya intoxicado a su madre con sus propias comidas, ¿quien lo creeria?
—Pobrecita.
—¡Oye, vas a herir mis sentimientos! —Me tira una sencilleta y yo sigo sin parar de reir.
—Hubiese sido divertido verlos — Digo finalizando mi risa con un poco de nostalgia, recordando que jamás tuve eso con mi madre.
Benjamín nota mi cambio de semblante e intenta hacer algo para devolverme la alegría, pero es algo que ya tengo.
—Cuéntame de ti.
—No hay mucho que contar, mis padres son divorciados, mi padre fue ausente desde que tengo memoria, mi madre es un poco controladora e incluso a veces siento que mi vida le molesta, es aterrador —rio—. Me fui de casa apenas cumplí la mayoria de edad y comencé a trabajar, desde entonces vivo sola.
—¿Y Julián?
Suspiro cuando escucho la pregunta.
—Bueno, a Julián lo conocí por accidente, atendia a una clienta y ella era su madre o es su madre. Iniciamos una relación a los pocos meses de habernos conocido y a los nueve meses ya vivimaos juntos, nos comprometimos, pero la boda jamás llegó y lo demás ya lo sabes, ¿y tú?
—Digamos que no hay mucho que contar, mi ultima relación fue un desastre y han pasado varios años después de ese suceso.
—¿Y aun la quieres? —Pregunto con cierto celo.
—No, han pasando tres años desde entonces, ella siguió su camino y yo el mío.
Siento alivio al escuchar eso, aunque me pregunto su su corazón tiene dueña en este momento.
—Pero.... ¿hay alguien de tu interes?
—Mmmmm —mueve la cabeza de un lado a otro—. Se podria decir que sí, aunque en este momento simplemente somos amigos.
Es un golpe bajo y yo pensando cosas que no son: —¿Que hay de ti?
—Para ser sincera, estoy un poco confundida. Hace un par de meses Julián me estaba traicionando y ahora mi mente parece querer ocupar ese espacio con la imagen de otro hombre —me pongo ruborizada ante mo confesión—No lo sé, no sé si estoy preparada para dar ese paso, no quiero herir sus sentimientos.
—Es complicado porque justo eso temo, es decir, nadie quiere salir herido de una relación.
—Quizás en un par de meses podrá ella decir que sí y con suerte todo saldrá bien —intento animarlo.
—¿Tu crees que sea eso posible? porque con solo mirarla siento que puedo perder la noción del tiempo —Trago grueso cuando su mirada se intensifica.
Sí, lo creo, siempre y cuando seas pasiente y la sepas enamorar —Digo con mis palabras entrecortadas.
—Eso intento, aunque no fue el motivo principal por el que me acerqué a ella.
—¿Entonces? —Mi corazón late rapido.
—Creí que necesitaria mi ayuda con su dolor y creo que en el proceso comenzó a gustarme, ¿y sabes que es lo que más me gusta de ella?
—¿Qué? —vuelvo a tragar saliva.
—Que huele mi perfume cuando me abraza, como si necesitara asesorarse que está en mis brazos.
El carraspeo del mesero nos interrumpe trayendo consigo el postre, ha matado lo que sea que comenzó a surgir entre los dos.
—¡Tarta de chocolate! —Digo susurro quitando un poco la incomodidad que hay.
—Es deliciosa —Miro a Benjamín y este no deja de mirarme mientras prueba un trozo de tarta.
Sintiendo que mi respiración se entrecortaba pasé lo que quedó de la cena y devuelta al hotel tengo un manojo de nervios por lo que pasó en el restaurante.
—¿Sabes Benjamín? —menciono—. Creo que si la chica te huele de esa forma es porque de verdad hueles bien —sonrío—. ¿Que colonia usas?
–Bueno, mi madre es la que se encarga de decirme que colonia usar, y si soy sincero, no sé cual sea la marca, pero huele bien.
Bajamos del auto en silencio y de la misma forma caminamos hasta mi habitación.
—Bien espero que tengas dulces sueños —intenta despedirse Benjamín sin intensiones de irse.
—Espero que descanses bien —Le sonrió sin mover un solo músculo.
—Gracias por acompañarme a cenar, fue grato compartir contigo.
—Gracias por invitarme y por hacerme pasar una bonita noche —Respondo, pero siento que Benjamín se va acercando a pesar que no mueve un músculo.
Frente a la puerta de mi habitación mi respiración se vuelve más agitada, puedo desde esta distancia saborear los labios de Benjamín, es como si mi cuerpo pidiera probarlos y yo no quisera poner resistencia ante el deseo.
Benjamín no deja de mirarme y siento como se va acercando a pocos hasta quedar tan cerca que puedo sentir su respiración.
Él no dice nada, solo me observa mirando mis labios y creo que él está por besarme, y cuando siento que lo va a hacer, sus labios van directo a mi frente mientras me acaricia mis mejillas.
—Descansa Cristin.
Yo cierro mis ojos odiando no sentir sus labios, pero no hay nada que yo pueda hacer.
—Descansa Benjamín —Susurro y él se aparta de mí.
Entro a mi habitación y antes de cerrar lo miro y con mi mano le hago a adiós, a lo que me responde con aun adiós y se marcha.
Cierro la puerta y corro a mi cama y me tumbo en ella, ahogo mis gritos en las almohadas. Estuve a segundos de besarlo y no fue posible.