Me caso en tres meses

1114 Palabras
DOMINICO: Leí y releí el mensaje de Summer, ya ni sé cuántas veces. Había logrado convencerla...¿Pero cómo? Bueno, en realidad lo que importa es que lo logré. Me fijo en la hora que marca el noth de mi teléfono, son casi la una de la tarde. —Solo yo me quedo dormido hasta tarde en un día tan crucial —murmuro un reproche para mí mismo. Me levanto de un salto de mi cama y me dirijo al baño casi corriendo ya que la lectura del testamento de mi padre será en menos de una hora. No demoro ni diez minutos en el baño, y una vez salgo de allí duchado, afeitado y con mi toalla envuelta en mi cintura, me voy al closet y saco un traje n***o, uno tipico de oficina, pero hecho a medida. Me visto tan rápido como puedo, peino mi cabello hacia atrás, me coloco un poco de perfume y por último, tomo mi teléfono que lo había dejado sobre mi cama que aún permanece desordenada. —¡Mierda¡ —suelto en voz alta al recordar que no le respondí a Summer. Desbloqueo con mi huella dactilar el teléfono y tecleo rápido pidiéndole reunirnos hoy apenas el abogado de mi padre termine de darle lectura al testamento. Su respuesta fue un corto: ok. Eso me decepcionó un poco, pero intenté no tomarlo personal, después de todo, esto no será más que una transacción entre nosotros. [...] Después de casi volar tras el volante de mi auto por toda la carretera llegué a la oficina de mi padre faltando solo un minuto para que iniciará la lectura. Gracias a Dios no fui el último en llegar, esa fue mi hermana Gretchen, así que ella fue quien se ganó la mirada iracunda de mi padre. Él no le diría nada delante de Antonio, pero todos sabíamos que no lo pasaría por alto, por lo que en cuanto todo esto terminara y Antonio se fuera de la oficina, un reclamo estaría esperando por ella. — Muy bien. Ahora que ya estamos todos presentes, y si Dimitri no tiene ningún inconveniente, iniciaré la lectura de este testamento cuya herencia será repartida en vida. —Adelante —. Dice mi padre con la voz grave y autoritaria que le caracteriza. —Bien. Quiero que todos entiendan que lo que se va a decir aquí, en este momento, es una decisión ya tomada por el señor Dimitri Snyder y en cuanto inicie para ustedes con lectura de estos documentos ninguna cláusula podrá ser cambiada. Bajo ninguna circunstancia —. Todos asentimos entendidos— bien. Iniciemos. Antonio comienza a leer el documento frente a él, y en resumen la herencia quedó de la siguiente manera: mi madre es dueña del cincuenta por ciento de la fortuna de mi padre, la cual podría comenzar a disfrutar a libre decisión una vez mi padre dejara el mundo de los vivos. El otro cincuenta por ciento sería repartido en partes iguales entre mi hermana Gretchen, Katrina y yo. Aunque solo era poco más de dieciséis porciento para cada uno, representaba una cuantiosa fortuna. — Solo una última cosa, para poder reclamar la herencia que su padre les quiere ceder en vida sus tres hijos deben estar casados o de lo contrario ninguno gozará de la herencia, ni siquiera después de la muerte del señor Snyder. Mis hermanas voltean a mirar a nuestro padre con el ceño fruncido y sus esposos me miran de igual manera. —Ok. Esto quiere decir que es una cláusula que pusiste específicamente para Dominico pero para obligarlo a cumplirla nos involucraste a Katrina y a mi — habla Gretchen dirigiéndose a mi padre. —Son libres de tomar mi desicion cómo mejor les parezca. A mí solo me interesa que Dominico se case para que así eliminé de una vez por todas la mancha que puso en nuestro apellido el día en que Jerrica lo dejó plantado por el mismo hombre con el que le fue infiel. — Si sabes que no fue algo que yo planee... ¿verdad? No es como si yo le hubiera dicho: "Jerrica convierteme en el asme reír de toda Alemania". —Pero no te has vuelto a casar. Ante el mundo, aún la amas a ella, y yo no puedo permitir que nuestro apellido siga rodando por el suelo. —Mamá, ¿Y tú estás de acuerdo con papá? —pregunta Katrina sorprendida por la falta de intervención de nuestra madre. —Si Jerrica actuó como lo hizo pues algo malo debió haber hecho Dominico. Su respuesta me hace hervir la sangre y me levanto de sopetón de mi puesto. —Bien. ¿Quieren qué me case? —repaso mi mirada por mis padres— lo haré. Y una vez pueda reclamar mi herencia vendere todas y cada una de tus preciadas empresas. —No te atreverías —espeta mi padre con sus dientes apretados. —Oh... Por supuesto que sí me atreveré —replico complacido con verlo enojado. — ¿Y con quién te vas a casar? Claro, si se puede saber — inquiere mi padre tan altivo como de costumbre— novia no has tenido desde que Jerrica te dejó. Sus palabras se clavan en mi como si de cuchillos sobre mi piel se tratara; pero no me inmuto, me mantengo inexpresivo y lo miro retador. —¿Quién te dijo tal mentira? Por supuesto que tengo una novia, mi mamá la conoce. Mi padre voltea a ver a mi madre y ella me mira a mi totalmente confundida. —¿si? ¿Quién es?¿cuándo la conocí? — Mi novia es Summer mamá, desde hace un año Summer Contreras y yo andamos en una relación —miento recordando que ese es el tiempo que ella dijo que tenía escondiendo su relación con el tal Jaan— No pretendía casarme con ella. Quizá le hubiese planteado vivir juntos, pero jamás casarnos. Sin embargo —, sonrió insidioso sin apartarle la mirada a mi padre— si casandome con Summer puedo apoderarme de todas tus empresas y ver tu cara de horror cuando las venda al precio más bajo del mercado, pues dalo por hecho papá, dentro de tres meses me caso. — Con que tú eras el misterioso hombre con el que Summer se escapaba en los descansos — interviene mi madre ignorando la guerra de miradas que hay entre mi padre y yo. Y yo por un instante también ignoro a mi padre al caer en cuenta que la declaración de mi madre despierta en mi cierto sentimiento molesto al imaginar a Summer entre los brazos del idiota de Jaan.
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