Apasionado y tierno

1436 Palabras

Pasamos el día en calma, vimos algunas películas, Lisandro ordenó comida, pero buscó que la prepararan en un lugar de confianza, no quería ponerme en riesgo de que me enfermara. Al otro día por la mañana desperté, me cepillé y me dirigí a la cocina, Lisandro tenía un delantal puesto que decía "Soy el chef, de mi hijo". No pude evitar sonreír al verlo. Tenía los puños de la camisa arremangados, el cabello desordenado, y esa mirada fría que, por primera vez, no me asustaba, me calmaba. —Déjame que te ayude —le dije, se me quedó viendo, me tomó de la mano y me llevó hasta un sillón cercano, colocando una manta sobre mis piernas— ¿Es enserio? —Lo he decidido, no voy a poner tu salud en manos de nadie más, quiero cuidarte. —No es necesario —dije— puedo pedir algo, como ayer, o cocinar yo.

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