Matías se deslizó hasta el suelo después de escuchar aquello, incapaz de mantenerse en pie, hundió su cara entre sus manos, sollozando, parecía perdido, como si el mundo se le hubiera derrumbado encima. Yo sentía el pecho apretado, mientras trataba de contener las lágrimas, Sebastián, a pesar de todo el dolor que Matías le había causado, se agachó y lo abrazó, sus brazos lo envolvieron con fuerza, como si quisiera sostenerlo para que no se rompiera más. —Tranquilo, Matías —susurró Sebastián— lo siento, de verdad. Ver a Sebas así, consolando al hombre que le había destrozado el corazón, me hizo suspirar, siempre había sido así, mi amigo, con ese corazón enorme que no sabía odiar, aunque le doliera, sus ojos estaban rojos, y se notaba que estaba conteniendo las lágrimas. Minutos despué

