El padre de Matías lo miraba como si quisiera borrarlo de la existencia, el hombre le gritó a Matías sin importarle que había más personas escuchando. —¿Qué clase de hombre eres? —dijo, sus ojos estaban encendidos por la rabia— ¡No supiste cuidar a tu esposa! ¡Así no te eduqué! Siempre cuidado a tu madre, y tú, ¿Qué hiciste con Sofía? ¡La dejaste morir! El rostro de Matías estaba pálido, tenía los puños apretados, pero no respondió. Sus ojos estaban rojos, y se notaba que cada palabra de su padre le dolía en el alma. Sentí la rabia subirme por la garganta, quería gritarle a ese hombre que no tenía idea de lo que Matías estaba pasando, que no sabía nada. Pero me mordí la lengua, apretando los dientes tan fuerte que me dolieron. No era el momento de armar un escándalo. La carroza fúne

