—Bueno, uno hace lo que puede. Aunque tú me ibas a ayudar, según recuerdo. —Me miró con cara de reproche divertido. —Sí, bueno, me corrieron de la casa, terminé quedándome con un amigo que es el novio de mi prima, vomité, me hicieron sopa y dormí con su camiseta. Lo normal. Él soltó una carcajada. —Ajá… sí, suena muy normal. —¡No te rías! —le lancé un globo que rebotó en su pecho. —Ay, Isa, contigo no hay manera de aburrirse —dijo agarrando una bolsa de globos—. Anda, sopla. Suspiré resignada, agarré un puñado y empecé a inflar mientras él colgaba unas guirnaldas. —Necesito comida, en serio, o me vas a ver desmayada en el suelo —dije entre soplido y soplido. —Vamos a la cocina, exagerada. Teresita ya debe tener algo. —Me tomó del brazo y me guió como si fuera una niña. —No me arra

