Ese fin de semana era el cumpleaños de Fumiko, hermana mayor de Hikori, así que el chico decidió pasar esos días en su casa y no en las instalaciones de la Academia de Héroes. La chica era la única que lo había tratado con cariño en su casa desde que su madre había fallecido.
-Feliz cumpleaños, hermana -dijo Hitsune cuando la chica le abrió la puerta y, sin que ella lo esperara, le dio un cordial abrazo. Fumiko lo abrazó de vuelta, con una gran sonrisa en los labios.
-Me alegra mucho verte, Hikori -respondió su hermana cuando se soltaron.
A los pocos minutos llegó Seiji, el hermano mayor de la familia. Abrazó a su hermana y entró en la casa.
Los tres hermanos se sentaron en los sillones de la sala de estar y se pusieron a conversar para ponerse al día con sus vidas. Fumiko notó que Hikori parecía más contento y abierto que antes, pero no quiso preguntarle el por qué.
A la hora de la cena, Jukai, padre de los chicos, apareció en la casa. Fumiko lo recibió con alegría, pero sus dos hermanos solo lo saludaron con frialdad.
Luego de cenar e intercambiar algunas frases con Fumiko, Jukai se concentró totalmente en Hikori.
-¿Qué tal ha ido tu entrenamiento en la Academia?
-Bien.
-He visto que en los patrullajes peleas mucho mejor y logras controlar tus dos poder.
-Sí.
-Hikori, podrías contestarme con algo más que monosílabos.
-Está bien.
Jukai miró a su hijo menor con el ceño fruncido.
-Ya pronto vas a salir del colegio. A esa edad yo decidí casarme con alguien que potenciar mi don en mis hijos -Jukai miró de soslayo a los dos mayores- ¿has pensado en alguna candidata para poder continuar con el legado de fuego? Porque yo he visto algunas chicas que podrían ser un buen complemento...
-¿Estás hablando en serio? -interrumpió Seiji- ¿vas a obligar a Hikori a casarse con alguien acaso?
-No lo voy a obligar, solo quiero que lo piense.
-No me casaré con ninguna de esas chicas -dijo Hikori muy serio.
-Bueno, quizás no con las que te presente, pero tal vez en tu colegio ya hayas conocido a alguna que pueda complementarte.
Hikori desvió la mirada y no pudo evitar sonrojarse.
-Ah, así que sí hay una chica. ¿Cuál es su poder? -inquirió su padre.
-No hay ninguna chica -murmuró Hikori.
-No me puedes engañar -insistió Jukai- dime, hijo.
-¿Acaso tienes que aprobar a la pareja de Hikori? -dijo Fumiko, empezando a enojarse. En general era bastante calmada, pero no soportaba que su padre se metiera tanto en la vida de su hermano menor.
-¡Ja! Fumiko sabe que tienes alguna novia. No me lo puedes negar, Hikori ¡Debe ser alguna chica con un poder excepcional!
-¡Sí, tiene un poder excepcional! -exclamó Hikori perdiendo la paciencia ¿tanto quería saber su padre sobre su vida? entonces lo soltaría todo- y nos complementamos a la perfección. Pero, ¿sabes? Solo te equivocaste en un punto. No es una chica, es un chico.
Todos en la mesa se quedaron en silencio hasta que Jukai se puso reír.
-Buena broma, Hikori... buena broma.
-No es una broma.
El rojiblanco lo miró con seriedad. Jukai se puso bruscamente de pie y Hikori lo imitó.
-No es verdad, ¡Dime que no es cierto! -gritó el padre tomando al menor por el cuello.
-Si no quieres la verdad, no deberías pregunt...
Pero antes de que el chico pudiera terminar su frase, Jukai lo golpeó en la mejilla.
-¡PADRE! -exclamaron Fumiko y Seiji, quienes ya se habían puesto de pie e intentaban todo para que Jukai soltara a su hermano.
-¡NO LO VOY A ACEPTAR! ¡NO ME HARÁS ESTO, HIKORI! -gritó soltando a su hijo, haciendo que éste cayera sentado- ¡TÚ VAS A SER UN HOMBRE NORMAL Y TE CASARÁS CON UNA MUJER!
-¡NO ME VAS A OBLIGAR! -gritó el rojiblanco, levantándose y yéndose del lugar mientras sus hermanos detenían a su padre.
-¡MI MEJOR HIJO NO VA A SER UN MALDITO MARICÓN! -seguía gritando Jukai.
Hikori llegó a la puerta de entrada, se puso sus zapatos y salió dando un portazo.
Cuando estuvo en la calle, caminó muy rápido por algún tiempo hasta que estuvo lo suficientemente lejos. Tomó aire, sacó su celular del bolsillo y escribió a Bakudan.
"Estás en los dormitorios?"
A los pocos segundos llegó la respuesta.
"Sí, por qué?"
Sin pensarlo dos veces, Hikori fue hacia la UA. Le tomó cerca de media hora llegar, entre el transporte público y lo que caminó a paso rápido. Cuando al fin llegó a los dormitorios se dirigió directamente a la habitación de su novio y golpeó la puerta hasta que Bakudan le abrió.
-¿Hitsune, qué haces aquí? ¿No ibas a pasar el fin...? -pero no pudo terMinar sus preguntas porque el rojiblanco se tiró sobre él, haciéndolo entrar un poco más en la habitación y lo abrazó fuertemente. Bakudan lo abrazó de vuelta y cerró la puerta.
Sin poder soportarlo más, Hitsune escondió su rostro en el cuello del rubio y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Ya no podía aguantar la tristeza y la rabia y comenzó a llorar. Bakudan no sabía qué hacer, así que solo le acarició la cabeza. Luego de unos cinco minutos, el llanto cesó un poco.
-Hikori, dime qué te pasó, por favor.
Bakudan se oía preocupado. Hitsune se separó del chico y ambos se sentaron en la cama. El rubio secaba con su mano las lágrimas que aún salían de los heterocromáticos ojos de su novio.
-Le dije a mi padre... lo nuestro -dijo Hitsune en voz baja y entrecortada- y... me gritó, me golpeó, dijo cosas horribles... y yo...
Pero no pudo seguir y comenzó a llorar otra vez. Bakudan lo abrazó y le acarició la espalda con suavidad. No podía hacer nada más por él, nunca había estado en esa situación y no sabía qué más hacer.
-Podríamos recostarnos -sugirió Bakudan a lo que Hitsune asintió- bien.
Hikori se sacó los zapatos y se acostó bajo las frazadas mientras Bakudan iba a apagar la luz. Cuando ya estaba en penumbras, el rubio se acostó junto a su novio, pasándole un brazo tras la cabeza para que el chico pudiera recostarse en su pecho.
-Me da mucha rabia esta situación -le dijo Bakudan mientras le acariciaba el cabello- aunque enojarme no es algo raro en mí.
Hitsune rió un poco. Estar así y sentir la cercanía y las caricias de Bakudan lo tranquilizaban. En eso, sonó su celular. El rojiblanco lo tomó y vio que tenía un mensaje de su hermana.
-No sé si quiero verlo -dijo Hikori- ¿lo leerías por mí?
-Claro -Bakudan tomó el celular y abrió el mensaje. Pasados unos segundos se lo devolvió a su novio- creo que deberías leerlo.
Hitsune asintió y lo leyó.
"Mi querido Hikori. Seiji y yo lamentamos lo que ocurrió esta tarde. Cuando te fuiste discutimos con padre, pero finalmente decidimos irnos. No había quién lo hiciera razonar. Ahora estoy en casa de Seiji, no podría soportar estar con el viejo ni un minuto más. Sé que esto es muy triste para ti, pero quiero que sepas que tus hermanos te apoyamos, y solo queremos que seas feliz, sin importar con quién. Eres un chico fantástico y nada va a cambiar eso.
Te quiero mucho, y puedes venir a vernos cuando quieras".
Al terminar de leer, Hitsune no pudo aguantar las lágrimas y escondió el rostro en el pecho de Bakudan, que siguió acariciando el lado rojo de su cabello.
-No debe importarte lo que ese viejo de mierda diga. Eres una persona maravillosa en todo sentido y nada va a cambiar eso. Y tus hermanos también lo reconocen.
-Gracias.
-No me agradezcas, porque es la verdad.
-Está bien.
-Si quieres seguir llorando, no te contengas. Yo estoy contigo. Debes deshacerte de toda esa pena.
Hitsune asintió con la cabeza y se abrazó aún más a Bakudan.
-Si quieres, puedes dormir conmigo esta noche.
-Sí, quiero.
-Ya estás dejando de llorar.
-Estar contigo me calma. Quiero quedarme así para siempre.
-Solo te puedo prometer esta noche.
-Por ahora está bien... mientras se repita.
-Todas las noches que quieras.
-Kenji.
-Hikori.
-... te quiero.
Bakudan no esperaba esa declaración. Se inclinó un poco y levantó el rostro de Hitsune para poder mirarlo directamente a los ojos para darle su respuesta.
-Yo también te quiero. Te quiero como no pensé querer a nadie. Eres lo mejor que me ha pasado.
Hitsune le sonrió con alegría y lo besó largamente. No un beso apasionado ni lleno de lujuria, sino que uno tierno y suave.
Al terminar ese beso, Hikori volvió a acomodarse en el pecho de Bakudan y lo abrazó mientras el rubio le acariciaba el cabello y le besaba la coronilla de vez en cuando, hasta que el rojiblanco se quedó profundamente dormido.
Bakudan lo miró dormir apaciblemente, aún con el rastro de lágrimas surcando su rostro y se enojó con el viejo que había provocado tal amargura en su novio. Pero ya pensaría en alguna venganza. Por ahora, disfrutaría dormir esa noche junto al chico que más quería.