Bakudan y Nakamura ven a Hitsune atacar a Dabi con su hielo y que éste, al evaporarlo, se dirige al lugar donde está el rojiblanco.
-¡Mierda! ¡Vamos, Mobu! -exclama Bakudan mientras corre sacando chispas de sus manos.
Se dirige directamente a la cabeza de Shindahi, mientras prepara una gran explosión en su mano derecha, pero su contrincante se hace a un lado, provocando que Bakudan se estrelle sobre Hitsune y ambos caigan al suelo.
Mobu aprovecha ese movimiento para dar una patada a Shindahi, y le da de lleno en una pierna. El villano se hinca y alcanza a esquivar el segundo golpe que estaba dando el peliverde.
-¿Cuatro contra uno? Eso no es justo -dice el villano poniéndose de pie. De pronto, aparecen dos personas más. Ambas eran Shindahi.
-¿Pero qué mierda? -dice Bakudan poniéndose de pie y ayudando a Hitsune a incorporarse.
Los dos clones atacan con fuego azul a Jukai, Bakudan y Nakamura, mientras el Shindahi real vuelve a la carga contra Hikori.
Fuego azul, hielo, fuego azul, fuego rojo. Su pelea es intensa y ambos no paran de moverse, atacando y esquivando los ataques de su oponente.
-El hijo estrella de Jukai sí que es bueno -dice Shindahi con una espantosa sonrisa- debe estar muy orgulloso de ti.
-Ya deja de decir estupideces -exclama Hitsune sin dejar de atacar, pero en un momento de distracción, el rojiblanco pierde el equilibrio y Shindahi aprovecha para agarrarlo del cuello.
-¡HIKORI! -grita Jukai.
-¿Qué pasa, Jukai? ¡¿No entrenaste tan bien a tu hijo favorito?! ¿EL QUE ES MEJOR QUE SUS OTROS TRES HERMANOS?
Jukai y Hikori se quedaron más que sorprendidos ante las palabras de Shindahii. Era muy, muy poca la gente que sabía del primer hijo de Jukai, que había muerto hacía más de diez años en un accidente que ocurrió mientras entrenaban.
-¿Quién eres en realidad? -pregunta Hikori saltándose de su agarre y quedando frente a él.
-Oh, vaya. Sí he cambiado en estos años, pero me duele que no me hayan reconocido desde el inicio. A Hikori se lo perdono porque solo era un pequeño niño llorón, pero tú, Jukai... me sorprende que no hayas reconocido a tu querido Raito.
Jukai abre mucho los ojos y niega con la cabeza.
-Eso... es mentira ¡Tú no eres Raito! ¡Solo quieres confundirnos!
-¿Eso crees?
-¡Yo lo vi morir frente a mis ojos! -exclama Jukai.
-¡TÚ ME MATASTE!
-¡Cállate!
-¡DEJASTE QUE ME INCENDIARA CON MI PROPIO PODER Y NO HICISTE NADA!
-¡CÁLLATE!
-Pero no morí, Jukai. No. Mi poder era incontrolable para mi pequeño cuerpo y tú me obligaste a llevarlo al límite. Y en ese último entrenamiento, quise demostrarte lo fuerte que era, pero no pude controlarme y el fuego me lanzó lejos, muy lejos. Y nunca me fuiste a buscar. Era más fácil darme por muerto, ¿verdad?
-...No es cierto...
-Y el pequeño Hikori sufría tanto solo porque yo no alcancé tus expectativas.
El rojiblanco lo miraba sin dar crédito a sus palabras. ¿Shindahi era Raito? Era imposible.