-¡Hey, Bakudan!
Kesseki había entrado sin ningún aviso a la habitación de su mejor amigo. Solía hacerlo los domingos para que fueran a entrenar antes del desayuno.
El grito del pelirrojo sobresaltó a Kenji, que se sentó en la cama restregándose los ojos.
-Ah, maldito, ¡Cuántas veces te he dicho que no entres gritando a mi...! -pero el resto de la frase se quedó en el aire al sentir a Hitsune incorporándose en la cama junto a él.
Kesseki abrió mucho los ojos y su boca sonrió ampliamente, mostrando todos sus dientes. Cerró la puerta tras él y se acercó rápidamente a ambos chicos.
-¡Eras tú, Hitsune! ¡Oh, por Dios! ¡Bakudan, por qué no me lo habías dicho!
-¡Deja de gritar, mierda!
-¿Que yo soy qué?
Kesseki no dejaba de sonreír. Parecía muy emocionado y feliz.
-Sabía que alguien te había domado y ¡Dios! Era tan obvio ¿Quién más que Hitsune podría calmar a la bestia?
-Deja de decir estupideces, maldita sea, ¿cómo que domar? ¡¿A quién le dices bestia?! -exclamó Bakudan sonrojándose y agarrando a su amigo del cuello de forma amenazante, mientras Hikori se reía por lo bajo.
-Lo siento, bro. Pero ¡Ay! Es tan emocionante, ¿cuánto llevan saliendo? Debe ser hace algunos meses...
-Hace poco más de cuatro meses -respondió Hikori tranquilamente.
-¡Por qué le respondes, idiota!
-Porque nos preguntó.
-AAAHHHHGGGGGG.
-¿Y no te parece raro, Kesseki? -inquirió Hitsune.
-¿Qué cosa?
-Que Bakudan y yo estemos juntos -Hitsune aún tenía presente las hirientes palabras de su padre. Y tampoco olvidaba lo sorprendido y confundido que había estado Nakamura al enterarse.
-Para nada.
El rubio y el rojiblanco lo miraron con sorpresa.
-¿De verdad? -insistió Bakudan, soltándolo.
Kesseki los miró a ambos con la expresión extrañada.
-Por supuesto. No entiendo por qué se impresionan, si para mí es obvio que cualquiera se puede enamorar. Hasta mi bro -contestó el chico alegremente.
-Tienes razón -contestó Bakudan- ahora ¡Fuera de mi habitación!
-¡Te espero en el patio para entrenar! -dijo Kesseki antes de salir por la puerta.
Cuando ya estaban solos, Hitsune se puso a reír con ganas y Bakudan lo miró y no pudo aguantar la risa. La energía y alegría de Kesseki había sido como un bálsamo para ambos.
Durante el entrenamiento, Kesseki le preguntó más detalles a Bakudan, aunque siempre respetando su privacidad y tanteando hasta dónde podía llegar con sus preguntas. El rubio le respondía casi todo y también le contó la actitud de Jukai y la incertidumbre que les provocaba el que lo suyo se supiera. No lo admitiría, pero era un alivio poder desahogarse con su mejor amigo.
La semana siguiente, Nakamura, Bakudan y Hitsune debían ir a la agencia de Jukai, pero solo los dos primeros aparecieron. El héroe número uno ni siquiera preguntó por su hijo, lo que provocó que Bakudan se enojaba aún más y no pudiera contener su rabia.
-No patrullaremos sin Hikori -dijo Bakudan apretando los dientes cuando Jukai les estaba mostrando dónde les tocaba esa semana.
-Sí lo harán.
-No.
-¿Acaso quieres que te suspenda a ti también?
-Ah, así que suspendiste a Hikori, ¿me podrías decir por qué? -lo enfrentó Bakudan frunciendo el ceño.
-No es de tu incumbencia.
-¿Hizo un mal trabajo en alguna misión? ¿Dejó que alguien muriera? ¡¿Creó una nueva liga de villanos?! ¡No tienes ninguna puta razón para suspenderlo!
-¡Bakudan! Si sigues así, te suspenderé a ti también.
-Bueno, hazlo. Y Mobu también se irá conmigo -El rubio le lanzó una mirada asesina a su compañero que, aún con algo de miedo, asintió con la cabeza. Sabía lo que había hecho Jukai y no podría ser parte de tal injusticia.
-No se crean tan importantes. Esta agencia funcionará igual con o sin ustedes.
-Quizás nosotros no seamos tan importantes. Pero cualquiera pensaría que TÚ HIJO sí lo es para ti.
Jukai apretó los puños.
-Están todos ustedes suspendidos hasta nuevo aviso -dijo Jukai con el ceño fruncido, mirando al rubio con furia.
-Mejor, no podía aguantar seguir viendo al viejo maldito que rechazó a su hijo -dijo Bakudan sin retirar la mirada- menuda mierda de héroe número uno que tenemos.
Y, rápidamente, tomó a Mobu del brazo y ambos se retiraron de la vista de Jukai.
-Kenchan, ¿no crees que te pasaste un poco? -preguntó Nakamura cuando ya estaban afuera.
-No. Me faltó decirle algunas verdades, pero ese puto viejo no se iba a quedar tan tranquilo después de haber hecho sufrir a Hitsune -respondió Bakudan aún enojado.
El peliverde asintió con la cabeza y caminó junto a su compañero hasta llegar a los recintos de la Academia. Quizás no estaba muy de acuerdo con los métodos de Bakudan, pero ya estaba metido en esto y no se iba a echar para atrás.
Los días pasaron y, gracias a Kesseki, quien era un romántico y le encantaba poder ayudar a que las parejas pudieran estar juntas, Hitsune y Bakudan habían encontrado un lugar escondido y algo alejado del colegio, donde podían ir durante los recesos entre clases. Ahora no tenían que esperar a la noche para poder estar juntos y besarse. Lamentablemente, luego de algunos días, alguien más descubrió su pequeño secreto.
La campana para volver a clases sonaría en cualquier momento, así que Bakudan y Hitsune salieron de su escondite y caminaron en direcciones contrarias, para llegar a la clase separados y sin levantar sospechas. A medio camino, Hitsune se encontró con Nakamura y Tomoe, con quienes subió las escaleras a su salón. Un poco más allá, Kesseki esperaba a su mejor amigo para subir juntos al salón.
Bakudan caminaba despreocupado hasta que un sonido llamó su atención. Miró a su derecha, y vio a unos tres o cuatro alumnos de otra clase que lo miraban, pero él no le dio más importancia y siguió caminando. Pero estos chicos lo siguieron hasta llegar muy cerca de él.
-No molesten, malditos extras -dijo Bakudan sin darles importancia.
-Así que este es el tal Bakudan -dijo uno de los chicos y, al segundo siguiente, le dio un puñetazo en la cara, que le dio de lleno al rubio.
-¡QUÉTE PASA IMBÉCIL! -gritó Bakudan lanzándole un golpe de vuelta, que le dio justo en la nariz del contrario, pero los otros tres chicos lo tomaron por los brazos. Incluso así, Bakudan logró zafarse de su agarre y se puso en posición de pelea. ¿Qué estaba pasando?
-Ah, no. Alguien de tu tipo no me va a ganar -dijo el chico al que había golpeado, y alargó sus dedos como unas cuerdas, con las que ató las manos y pies del rubio, provocando que éste cayera pesadamente al piso.
-Eso, este maricón no nos va a ganar -dijo otro chico y le dio una patada en el estómago.
-A ver si te quitamos lo puto a golpes -rió otro, dándole una patada en el rostro.
-Gay de mierda, no deberías estar aquí, ¡Qué asco! -exclamó el cuarto, pero antes de que pudiera pegarle, Bakudan se soltó de las amarras y detuvo el golpe con sus manos.
-Así que te crees muy machito ¿eh, puto de mierda? -dijo el de las cuerdas, enrollándolas ahora en el cuello de Bakudan y apretando hasta que al chico se le hizo imposible respirar.
-¡HEY! -gritó alguien que corría hacia ellos.
Tres de los cuatro chicos que estaban acosando a Bakudan se sobresaltaron y salieron corriendo.
-Tuviste suerte, gay asqueroso, pero cuando encontremos a tu novio de mierda lo va a pasar peor -dijo el último antes de salir corriendo.
Junto a Bakudan llegó Kesseki, quien había sido el que espantó a los otros. Pensó en seguirlos, pero su amigo se veía muy mal en el piso.
-Llama... Hikori... -dijo el rubio con un hilo de voz. Sentía que la vista se le estaba nublando y creía ver puntos brillantes. Kesseki asintió, sacó su celular, llamó al chico y le pasó el teléfono a Bakudan.
-¿Kesseki? -contestó Hitsune.
-¿Estás... bien? -dijo Bakudan.
-¿Bakudan? Sí, estoy bien ¿Por qué? ¿Qué está pasando?
Kenji asintió con la cabeza y no pudo hacer nada más. La falta de aire lo había afectado a tal punto que cayó desmayado.