Shindahi mira a Hikori sin ninguna expresión en particular, mientras el rojiblanco le devuelve una expresión confundida.
Pero Hikori se da cuenta que los ojos de Shindahi sí se parecen a los de Raito... y a su propio ojo izquierdo, su lado de fuego.
Es tan poco lo que recuerda de su hermano mayor que no sabe si creer o no las palabras del Shindahi. ¿Realmente cabe la posibilidad de que su hermano se terminara convirtiendo en el villano que está frente a él?
La última vez que vio a Raito debía tener unos cuatro o cinco años. Nunca tuvieron mucho contacto, ya que Jukai lo alejaba de sus hermanos para que se concentrara, desde que tuvo uso de razón, a ser el héroe más fuerte. Pero su corazón de niño anhelaba poder jugar, aunque fuera una vez, con Fumiko, Seiji y Raito.
Se le vinieron a la mente algunas memorias cortas, que parecen ser fotografías de momentos.
Él está sentado en la mesa del comedor junto a su madre, que lo ayuda a comer. Frente suyo están sus tres hermanos riendo de alguna ocurrencia de Raito, mientras Jukai los mira con reprobación.
En otro recuerdo, está asomándose a la zona de entrenamiento, viendo a su hermano mayor con una rodilla en el suelo, respirando con dificultad, mientras Jukai le está gritando algo duramente.
Y hubo otro, pero no estaba seguro si era un recuerdo o quizás algo que imaginó alguna vez. Él estaba muy pequeño y Raito lo tenía de la mano, caminando por el patio, mientras sus otros dos hermanos iban delante. Recordaba haber mirado a su pelirrojo hermano y que éste lo mirara de vuelta y le diera una gran y radiante sonrisa.
¿Cómo esa sonrisa afable se había convertido en aquella expresión vacía que ahora veía frente a él?
-Supongo que me extrañaste, hermanito-le dice Shindahi.
Hikori frunce el ceño y su respiración se agita.
-¡HIKORI, NO LO ESCUCHES! -grita su padre, que ahora está peleando con otro de los clones.
-Si yo hubiera sido más fuerte, tú ni siquiera hubieras nacido. Seiji, Fumiko y yo somos solo unos experimentos fallidos. Tú eres el resultado esperado, Hikori. El hijo perfecto, el que Jukai más quiere... al que más le dolería perder.
Con un movimiento rápido, Shindahi aprovecha la confusión en Hikori para tomar su brazo izquierdo y encenderlo en sus terribles llamas azules.
Hitsune da un grito desgarrador, pero a pesar del dolor, toma a su contrincante con la mano derecha para congelarlo, pero Shindahi lo detiene y, tomándolo del cabello y el brazo lo lanza hacia un gran edificio cercano.
Bakudan ve al rojiblanco chocar contra la muralla y algunos escombros caen sobre él. Ignorando la batalla que tenía con otro clon, se desplaza rápidamente hacia su novio. Llega junto a él, lo toma por la cintura, se lo coloca sobre un hombro y, ayudado de sus explosiones, se aleja lo más que puede de Shindahi.