Han pasado ocho o tal vez diez días desde aquel día en la playa; camino hasta la sala de profesores, se que tendré mi tercer quimioterapia por la tarde, abro la puerta y solo está Adrián, se ha convertido en un hombre fácil de ver, es amable atento y un poco extraño, diría yo que es un tanto extraño solo conmigo. Lo saludo como si fuera un amigo desde la infancia, las horas en esta sala y los tragos del otro día me han hecho conocerlo un poco. Me pregunta que como estoy, que como me va y yo solo, le miento, le digo que estoy bien y que la vida es increíble lo más extraño es que cada que alguien me pregunta cómo estoy vienen a mi cabeza las imágenes de mi cuerpo tumbado en el sofá tratando de controlar las consecuencias del veneno que mi mejor amigo introduce en mi cuerpo. Recuerdo mis dí

