*Drunk in Love (Beyoncé).
Al primer trago que le pego a la boquilla de la botella siento que quema y arde mi garganta, y el sabor caliente del vodka me invade, llego hasta el área de una pérgola donde ya me han sacado fotos antes, dejo la botella en el suelo, pero primero bebo otro trago largo, necesito cualquier cosa que me calme lo desbocado de los latidos de mi corazón.
De mi chaqueta saco mi cigarrera y mi encendedor, rió de manera perezosa al darme cuenta que las manos me tiemblan, lamo mis labios antes de poner un cigarro en ellos y batallo un poco para poder prenderlo ¡mierda! La valentía que tuve hace un par de minutos se ha esfumado, ya no me siento altanera, solo puedo pensar en lo mucho que he hecho el ridículo.
— Sabía que aquí podría encontrarte — respiro tranquila, cuando escucho esa voz, es Nat sonrío al ver que lleva sus tacones en una mano y se sienta enseguida de mi — el Adonis te está buscando — baja sus zapatos y los cambia por la botella, a la cual le da un ligero sorbo.
— No sé qué me paso Nat, ¡Dios qué vergüenza! — agacho mi cabeza apoyando mis codos en mis piernas.
— Chris y vergüenza no caben en la misma frase — se burla.
— Nat, es que... ¿cómo te explico? — me siento frustrada.
— Explicar ¿qué? Que no controlas tus hormonas cuando estás cerca de él, ya lo sé — sigue burlándose.
— Sí, pero eso Daniel no lo sabía y con lo de hoy va a tener pensamientos erróneos, después de todo no soy una chiquilla virginal de dieciséis años amiga — se da un silencio, sigo en espera de que mi amiga diga algo más, pero no sucede, bien esto es nuevo, me giro a verla y ella me señala hacía mi espalda con un dedo.
Volteo mi cabeza sobre mi hombro y por todo lo jodidamente malo del mundo, Daniel está tras de mí y trae cara de pocos amigos — iré a bailar con los chicos ya vuelvo — anuncia Nat tomando sus zapatos, pequeña pelirroja traidora.
Tomo la botella y le doy otro trago largo, bien si quiere hablar más vale que yo no esté en mis cinco sentidos — Tranquila con esto que no es agua — no supe en que instante se acercó tanto, pero solo veo como su mano llena de tatuajes me arrebata la botella, sin llegar a ser brusco — ¿qué se supone que fue lo de adentro? — ¡jodida mierda! Me muerdo la lengua para no decir algo que me perjudique aún más.
— Fue idea de Denver — miento y su gesto se hace duro.
— ¿Denver te pidió que me bailaras? — hay juego en sus palabras y una de sus cejas está arqueada, no parece creerme mucho. Pero asiento con mi cabeza como si mi vida dependiera de ello — que lástima monería — se pone de pie, está por irse y aunque es una sensación de alivio, a la vez siento una punzada al darme cuenta que no era para nada lo que esperé que fuera.
— ¡Oye Nix! — paro su camino en seco, aún no sé qué voy a decir, menos aún cuando sus preciosos ojos me están intimidando como lo están haciendo — estoy un poco bebida ¿podrías acercame a casa? — ¿de dónde diablos ha salido eso? — entiendo si no, Snow debe estarte esperando supongo — hay un debate en su mente lo sé, conozco esos gestos en un rostro cuando lo veo.
Me estira la mano, y la tomo para amortiguar mis pasos, su tacto es caliente, él es caliente completo, creo que la mezcla de hormonas y alcohol nunca va a ser buena consejera, comenzamos a caminar y no me ha soltado, fuera de incomodar me encanta que sea así. Al pasar por algunos carros giro mi cabeza a la fiesta y veo a Darell y Nat haciendo el gesto de pulgares arriba, vaya par los quiero matar, la verdad es que no, yo también me diera pulgares arriba si pudiera.
Regreso los ojos a los carros y estoy intentado encontrar su moto, no estoy tan bebida como para no reconocerla, pero Stephen me sorprende al quitar la alarma de un auto color rojo cereza, un maldito Rubicón, auto que por cierto me hace babear sin freno, ni medida — que cosita más hermosa — tallo la palma de mi mano sobre la pintura, siento como me he mojado solo de ver y sentir tremendo auto — podría morir en uno sin problema — sigo pensando en voz alta, el chico de los tatuajes me observa divertido.
— Vaya que si debes estar bebida — se burla un poco — no sé si ofenderme de que veas más hermoso al puto Rubicón que a mí — se cruza de brazos y sus bíceps me hacen hipar.
— ¡Shh! Tranqui guapo, nada de malas palabras para esté pedacito de cielo — continuo mimando al auto como si éste fuera a sentir algo de lo que digo.
— Al paso que vas y por lo que he visto, solo falta que digas que si te montas en el vas a tener un orgasmo — veo como se muerde el jodido labio inferior amortiguando una risa.
— ¿Quién dice que no me he tenido uno ya? — de nuevo la chica altanera y llena de arrogancia de hace rato sale a relucir. Daniel suelta sus brazos y se acerca a mí, una vez más estamos tan cerca que su aroma me embriaga, cierro los ojos anticipando cualquier cosa que quiere que pase, pero para mi sorpresa solo me abre la puerta para que me monte, cuando me giro para subir, sus labios están cerca de me oreja.
— Es un maldito auto con suerte entonces — su aliento tan cerquita y lo sexy ronco de su voz mandan una punzada a mi entrepierna, ese canal ya debe estar rebosando del grado de excitación que estoy teniendo esté día, trago duro y me siento apretando las piernas para que no se note.
Rodea el auto y lo enciende, un jadeo sale de mi pecho pero no sé si es por escuchar el motor arrancar o porque yo estoy como uno lubricado a tope y encendido desde que le baile de esa manera, lleva una de sus manos tatuadas al estéreo, mi jodida reina Beyoncé sale de los parlantes, y no es cualquier canción la que se escucha es Drunk in Love, me lamo los labios, estoy sobre un auto sensual, escuchando una canción entregada para la pasión de una noche, con el chico más jodidamente sexy y caliente que he conocido en toda mi agraciada vida.
"I've been drinking, I've been drinking, I get filthy when that liquor get into me, I've been thinking, I've been thinking, Why can't I keep my fingers off it, baby? I want you, na na, Why can't I keep my fingers off you, baby? I want you, na na". Tarareo y tengo la vista fija de él en mí, y agradezco que Queen B a puesto con palabras lo que yo no. Estamos en un semáforo en rojo, me doy cuenta de que no lo he dicho hacían donde queda mi casa y el solo está conduciendo.
— ¡Mierda chica! Debes dejar de hacer eso — veo con detenimiento como aprieta sus manos al volante mientras golpea su cabeza con el asiento — juro que me confundes y odio sentirme así — mi garganta está seca.
— ¿Qué estoy haciendo? — mi voz suena débil.
— Me estás provocando — ¿de verdad lo hago?
Estamos de nuevo sobre el camino, pero estamos lejos de mi casa pero conozco el sector es por donde vive Zed — ¿A dónde vamos? — ahora es una sensación de nervios la que tengo — y no busco provocarte — mi voz falla al decir eso último, ya que es involuntario el ser tan descarada con él.
Estaciona el Rubicón en el parque cerca del área de edificios, esta todo obscuro salvo por las farolas y alguno que otro foco que está encendido, empiezo a sentirme pequeña frente a él y quiero bajar del auto, justo cuando me desabrocho el cinturón de seguridad con un solo movimiento Daniel me tiene frente a él, quedo de rodillas en el asiento del copiloto y mi corazón quiere salirse de nuevo, su mano me detiene por la muñeca y entonces sucede, me envalentono por última vez y lo beso, y no voy a decir que nuestras bocas calzan perfecto, pero sí que es un jodido beso en toda regla — quiero que me seas indiferente monería — susurra sobre mis labios cuando nos apartamos por falta de aire.
— Entonces deja de cruzarte en mi camino — respondo respingada.
Me toma de nuevo de la nuca y su boca está tan hambrienta de la mía que asusta, el piercing de su lengua juguetea en mis labios — ésto está muy mal, pero maldita sea eres un puto imán — me dice al tomarme por las mejillas para besarme de nuevo — no me conoces, no te conozco ¿te atreverías a pasar está noche conmigo? — sus ojos están fijos en mí, su voz está cargada de deseo, yo solo sonrío.
— Te sigo — no sé qué venga mañana, o bueno en unas horas, pero por hoy quiero todo lo que él tenga para darme. Bajamos del auto y estoy por caminar tras de él para seguirlo, pero el cambia posición y es él quien viene tras de mi tomándome por la cintura dejando besos húmedos por mi cuello, empujándome hasta donde tenemos que llegar.