*Ground me Down (Lilianna Wilde).
Nos adentramos en el edificio y pulsa el botón para llamar el ascensor, sus manos en ningún momento me han dejado de tocar sobre las caderas y cintura, cuando por fin las puertas se abren e ingresamos a la caja metálica, veo que oprime el botón con el número seis, me quedo sin palabras al ver nuestro reflejo, él a mi espalda besando mi cuello, es caliente, muy caliente.
Por fin hemos llegado a su piso, todo el corredor está en penumbra total, su puerta es la última, ingresa una tarjeta en la cerradura de la puerta, es una de esas muy modernas que se abren con tarjeta en lugar de llave, aunque esta oscuro logro ver como avienta sobre un bowl algunas cosas, me suelta y comienzo a dar pequeños pasos tras un sofá — ¡ven acá! — me toma por la cintura y me aprieta contra su pecho, en acción reacción, doy un pequeño brinco llevando mis piernas alrededor de sus caderas, sus manos me sostienen por el culo y con mis brazos me aferro a su cuello como si mi vida dependiera de ello, seguimos con la faena de besos atrevidos y morbosos, como si buscáramos memorizar cada parte de nuestras bocas.
Comienza a caminar conmigo encima y llegamos a su habitación, es amplía, está limpio, y huele delicioso, a una mezcla entre limpiador de pino y el dejo del perfume que lleva puesto, si mi olfato no me engaña es alguno de Hugo Boss, mis favoritos a decir verdad.
Los labios me arden pero de una manera excitante — odio saber que estos labios fueron probados por Zed — me separo un poco de él ¿a qué ha venido eso? — pero son puñeteramente adictivos monería — se sienta en la orilla de la cama y aún sigue cargándome, ahora puedo acomodarme mejor llevando cada una de mis piernas a sus costados.
— Odio saber que los tuyos estuvieron sobre la chica de la cafetería, o sobre Snow o cualquier otra, pero no soy de sentir celos — y es verdad, o por lo menos, eso intento.
— No te equivoques monería — ya no me besa más, solo juega con el roce de sus labios sobre mi rostro y mi cuello — no me beso con cualquiera — al escucharlo mi corazón empieza un bombeo violento.
— Lo que menos quiero hacer está noche es hablar — le sentencio.
Y al escucharme es como si un botón de encendido hubiera sido oprimido, me quita la chaqueta que llevo puesta y la arroja al suelo, da un giro un poco brusco y me deja sobre la cama, saca mis botines y recorre con un dedo mi mi pierna desde el empeine, hasta dar con el botón de mi shorts, juega un poco con la pretina lo que hace que me muerda los labios, lo saca y ahora esta con mi blusa la desabotona e igual va a dar al suelo y me tiene sobre su cama solo con un conjunto de interior n***o y mis medias de red — ¡Mierda chica! Encaje y medias de red, ahora se por que eres la número uno en la revista, eres un puto sueño húmedo andante — se enfoca en devorar mis labios nuevamente y le ayudo a sacarse la camiseta, escucho como sus zapatos golpean al caer lleva solo sus jeans y siento que lleva demasiada ropa.
Intento que se quite el pantalón, pero detiene mis manos y las lleva sobre mi cabeza, mientras me tortura con sus labios donde a él le pega en gana — llevas mucha ropa Nix — detiene sus besos y menea la cabeza.
— Mi nombre es Daniel y está noche es lo único que quiero escuchar de tus labios — su manera de acariciarme es potente, sus manos masajean a su gusto, con sus dedos juega sobre mis pechos y sobra decir que mis pezones están duros, baja la prenda pero sin desabrocharla, intercambia lametazos y ligeros pellizcos y aunque me gusta no soy muy receptible en esta área.
No me suelta las manos aún, sigue con su camino húmedo por mi torso, deja pequeños mordiscos en mis caderas, sobre los tatuajes que llevo ahí — ¡Dios! — siseo una y otra vez.
Apoya mis pies en el colchón de la cama y besa mis muslos es entonces cuando suelta mis manos y va directo a mis piernas, jala de mis medias y las rompe, el crujido que se escucha me hace sentir la piel erizada — espero no sean tus favoritas — sonríe arrogante, y justo cuando voy a contestarle algo siento una intromisión en mi coño.
Con una mano hace mis panties de lado y con un dedo de la otra soba sobre mi botón, hago puños en la almohada que tengo bajo mi cabeza — me torturas con tanto previo — mi voz suena ahogada.
— Acabo de encontrar un tesoro y estoy disfrutando — se arrodilla en el suelo, dejando su cabeza entre mis piernas y alza su vista, es la postal más sensual que no he visto nunca, da un paseo de la punta de su lengua por mi hendidura y vibro — voy a saborearte hasta hartarme — dicho eso se pierde entre mis muslos y entre jadeos llevo mis manos a su cabello.
Me aferró a él moviendo mis caderas intentando tener más acceso a sus arremetidas, ya no solo siento sus lamidas, si no, que a invitado un par de dedos a mi interior, mi cuerpo esta suelto y entregado, su trabajo en mi es tal que mis jugos llenan su boca, cierro fuertemente los ojos, mi cuerpo tiembla — ¡Maldita sea! — es lo único que puedo articular.
Se pone de pie y veo como limpia su boca con el dorso de su mano — ¿Lista para mi? — pregunta mientras se deshace del pantalón y del bóxer que lleva puesto.
Veo su m*****o y se me hace agua la boca, toma de su cajón en preservativo y lo pasa por su erección masajeando a su vez, se va acomodar entre mis piernas, pero no se lo permito, lo empujo y cae de espaldas en la cama — quiero montarte — me subo sobre él y alineó la punta de su polla en mi coño.
Comienzo a bajar lento sobre su envergadura, gruñidos se escapan de sus labios y eso me prende más, estamos ensamblados tipo puzzle de manera casi perfecta, cierro los ojos mientras me aferro a sus hombros, muevo de arriba abajo y hago círculos sus manos se hunden en mis caderas intenta poner su ritmo pero se lo impido, mis pechos no son grandes pero rebotan y la sensación es maravillosa.
— ¡Dios Daniel! — esté chico me está haciendo volar alto — ¡Oh chico, así justo así! — no lleva el ritmo pero empieza a embestir de una manera magistral — te sientes demasiado bien — sigo con mi cabalgata sobre él.
— Tan jodidamente caliente y húmeda Christian — mi nombre en sus labios calientes es melodía para mis oídos.
— Dan... Daniel, estoy cerca — aprieto mi entrepierna, lo que hace que apriete su polla.
— ¡Joder! Vuelve hacer eso, vuelve a morderme — aprieto de nuevo y siento como me corro sobre él. Su m*****o se siente caliente de una dentro de mí lo que me hace saber que también se ha venido.
Me dejo caer sobre su pecho, mi respiración está descontrolada, sus brazos me rodean, su corazón está acelerado e igual está buscando respirar correctamente.
Una vez separados se retira el condón y lo bota a la basura, me toma por el estómago y me gira dejándome sobre mis rodillas y manos, pasea su lengua por mi espalda y de un momento a otro lo siento de nuevo dentro de mí.
— Creí que podía llevarte al paraíso está noche Daniel, pero tú... — ni siquiera puedo terminar de hablar, sus embestidas me hacen perder la poca cordura con que fui bendecida.
— No sé cómo lograste enrrollarme monería, pero prefiero tu salvaje jungla a cualquier otro lugar — me aferro a su cuello con una mano, él me besa el cuello y mientras con un par de dedos me masturba, esté chico es pasión, es sensualidad pura, es ebullición, es todo lo que está mal pero te hace sentir bien.