Hemos tenido un viaje tranquilo de camino a nuestro hogar, no hemos sido atacados por bandidos o bestias en nuestro recorrido, lo que es grandiosa. Sobre todo, teniendo en cuenta que tengo una herida bastante profunda en mi hombro, la cual no sanará con facilidad.
Esa Artia se dejó llevar por el calor del momento y terminó causando una herida bastante preocupante, sus garras perforaron la piel exterior, dañaron el musculo del hombro, el trapecio y parte del hueso, por lo que no puedo ni siquiera levantar el brazo derecho.
Después del incidente no tuve más opción que pedirle a Shiba que hiciera una fogata y tras dejar un cuchillo el tiempo suficiente en el fuego y lavar la herida con agua hervida, cautericé la herida para evitar que siguiera sangrando.
Lo ideal sería cocer la herida, pero me preocupa que, al usar una aguja e hilo inadecuadas para este fin, termine causándome una infección que muy bien podría matarme al no tener antibióticos a la mano. Por ese motivo, lo mejor será esperar que la herida sane un poco antes intentar cocer y como en este punto una cicatriz ya es inevitable, realmente no me importa demasiado que la sutura sea inadecuada, mientras cumpla su función.
Dicho eso, la culpable de mi agonía viene en camino. Hace un par de horas atrás, repentinamente escuché en mi cabeza la voz de Artia, lo que me preocupó porque pensaba que la paranoia que tuve por un tiempo me había hecho caer en la locura; pensando que esa arpía caería del cielo y me atravesaría el cráneo con sus garras, lo que me impidió dormir un día completo.
Como sea, tras hablar con Artia no parece que tenga intenciones de atacarme. Sin embargo, ser precavido nunca está de más, así que tendré que tomar algunas medidas para evitar que me ataque por sorpresa cuando llegue a este sitio.
En lo personal, prefiero tener a la persona que quiere matarme cerca y a la vista, en lugar de vivir con la incertidumbre de ser atacado cuando menos lo esperé. Probablemente este es el motivo principal por el que no me opuse a que Artia regresara con nosotros.
Cuando finalmente fuimos capaces de ver la silueta de Artia en el cielo, todos se pusieron a la defensiva. Shiba se colocó la frente de todos e incluso a sacado sus garras, Mox por su parte nos colocó a Gresia y a mi detrás de él e incluso Gresia se puso en frente mio.
¿Cómo decir esto? Son algo exagerados, pero de alguna manera su gesto hace que me sienta un poco bien, si no fuera por el hecho de que incluso la persona que se supone debo proteger también intenta protegerme.
Artia descendió en un espacio abierto a la vista de todos y cuidadosamente se acercó mostrando que no tenía intenciones hostiles.
—¿Ha qué has venido-Mia?—Shiba no intento ocultar su hostilidad.
—Me disculpo por lo que sucedió anteriormente—Artia hizo lo que parece ser una reverencia al colocar sus alas como un abanico e inclinarse.
—¿Crees que es tan simple como disculparse? El maestro está…—Shiba se había dejado llevar por la ira, por lo que me vi forzado a calmarla e intervenir en la conversación.
—Gracias por venir Artia.
—Estoy a su servicio, maestro.
—¿No te dije que me llamaras Raigar?
Todos nos observan con incredulidad y no los culpo, desde su punto de vista debe parecer que omití una parte de una interesante historia y me salté directamente al final.
—Lo pensé detenidamente durante mi viaje y creo que no es adecuado que llame a mi maestro por su nombre.
—E-es así…
—¡Miaestro! ¡Explíqueme lo que está sucediendo! —Shiba exigió inmediatamente una explicación.
—Sí, yo también quiero saber—y Gresia hizo lo propio.
—Se los dije, ¿no es así? Les dije que había escuchado la voz de Artia y...
—¿Entonces no habías enloquecido?—el comentario de Gresia fue hiriente y mordaz.
—Eso es un poco cruel, ¿sabes?
—A mí no me eches la culpa, solo dije en voz alta lo que todos pensábamos…
—Pues que mala manera de decirlo.
—¿Simplemente la perdonará por lo que hizo, miaestro?—Al parecer Shiba no es como Gresia y a ella le cuesta mucho más simplemente aceptar la situación.
—Bueno, no tengo otra opción, ¿qué más puedo hacer? ¿Matarla?
—Sí, esa es una buena opción. Solo deme la orden y yo…
—Vamos, no digas cosas aterradoras Shiba, ¿no puedes simplemente darle la bienvenida a una compañera de viaje?
—¡No-Mia!—Ante su respuesta, simplemente me encogí de hombros con resignación.
—Si tanto te preocupa, simplemente mantenla vigilada, ¿de acuerdo?
—Maestro… ¿Puede ser que usted sea masoquista-Mia?
—¡Que no lo soy! ¿Acaso es tan raro que reciba a una compañera de viaje que intento matarme con los brazos abiertos?
—¡Claro que sí!
—¡Sí!—La respuesta fue un unánime “Sí”, aunque Mox solo asintió con la cabeza.
—Está bien, lo entiendo. Sin embargo, no hay nada que podamos hacer al respecto, simplemente olvídenlo y llévese bien con Artia, ¿vale?
—Shiba— Artia llamó a la que era probablemente la persona más hostil del grupo.
—¿Qué quieres-Mia?—Por supuesto ella ni se molestó en ocultar su molestia.
—No sé si existe una forma adecuada de decir esto, pero cuando fui a mi pueblo, encontré un lugar en ruinas; no quedaba nada excepto cenizas y escombros. También pasé por el poblado en que vive tu r**a de camino a mi hogar y estaba en estado similar.
—¿Qué-Mia? ¿Esperas que me crea una mentira tan conveniente?
—¡No es una mentira! —replicó Artia —No es una mentira, nuestros pueblos y varios otros fueron arrasados por un Drake.
—Eso no es posible-Mia. Esas cosas solo habitan la mazmorra flotante y no suelen dejar su territorio.
—Lo que te digo es cierto Shiba—Artia luce realmente desespera por transmitir la noticia y que los receptores le crean —Además de eso existe la posibilidad de que la aldea del maestro también…—Artia estaba por decir que mi aldea pudo haber corrido el mismo destino que la suya, pero dudó en decir su idea.
—¿Entonces no viste mi aldea?
—¿Va a creer lo que dice esta mentirosa-Miaestro?
—Ella no tiene motivos para mentir, Shiba. Aunque si gustas puedo usar el sello de esclavitud para verificar que dice la verdad.
—Hágalo miaestro, de otro modo no pienso creer algo tan disparatado como que mi aldea que está repleta de poderosos guerreros haya sido destruida-Mia.
—¿Me permites usar el sello Artia?
—No tiene que pedir permiso maestro.
—Sí tengo, como dije antes, prefiero no usar esta cosa para obligarte a hacer algo que no quieres.
—Entiendo maestro, úselo por favor.
—Artia, tienes prohibido mentir. Ahora, deseo que reportes todo lo que hayas visto después de que escapaste.
Con mi orden el sello de Artia empezó a brillar y ella finalmente empezó a explicar todo lo que había sucedido, incluyendo la forma en la que había escapado de aquella bestia llamada Drake y el momento en el que había descendido en la aldea de Shiba para descansar de su escape.
En el momento en que Artia termino su explicación, pude notar que el pelaje de Shiba se erizo y su cola cayó ligeramente.
—¡Eso es una mentira-Mia!
—No lo es…—Artia agacho la cabeza con tristeza mientras negaba el comentario de Shiba.
—¡Tiene que ser una mentira-Mia! Mi pueblo no puede estar…—La voz de Shiba empezó a quebrarse mientras intentaba protestar. Lo cierto era que ella en el fondo sabía que la arpía no le estaba mintiendo, aunque insistiera en lo contrario.
—Shiba…—La llamé con un tono delicado y cuidados.
—Miaestro.
—Sí, ¿qué necesitas Shiba?
—¿Podrían dejarme sola un momento-Mia?
—Sí claro, pero ven a comer cuando te sientas mejor.
Dije mientras les hago una seña a los demás para que me sigan, mientras observo de reojo el tembloroso cuerpo de Shiba quien desesperadamente suprime su ira y tristeza. Mox y Artia me siguieron obedientemente, mientras que Gresia por su parte no se movió del lugar en el que estaba y corrió a abrazar a Shiaba.
—Yo me quedaré con ella—dijo mientras sostiene delicadamente las ropas de la temblorosa Shiba.
—Señorita, vaya con el miaestro por favor, yo los alcanzaré en un rato-Mia—Shiba le pidió amablemente a Gresia que la dejara sola.
—Pero…
—Déjala sola Gresia, ella necesita algo de tiempo a solas para pensar, no insistas en acompañarla si ella no quiere estar acompañada—Le dije sin ningún tipo de tacto.
—Pero ella necesita…
—Solo ven con nosotros, ya podrás hablar con ella después y darle un abrazo si lo necesita. Por el momento solo dale algo de tiempo, ¿de acuerdo?
—Está bien…—Gresia es reacia a soltar la ropa de Shiba, pero finalmente la soltó y nos siguió al sitio en el que habíamos hecho la fogata.
Luego de sentarnos junto a el fuego, en la distancia se escuchó un grito que más se asemeja a un rugido, lo que probablemente es grito de dolor de la persona que dejamos atrás para que pudiera desahogarse.
Gresia intentó levantarse e ir al lugar en el que estaba Shiba, pero la detuve y le negué con la cabeza. Esa noche, todos fingimos no escuchar los gritos de dolor de nuestra compañera, la cual con seguridad había perdido mucho.
Mientras que Gresia quien sostiene mi mano y yo, solo podemos rogar porque nuestro pueblo no haya tenido el mismo destino que los pueblos de Shiba y Artia.