Las planicies Izgra (Parte 2)

3068 Palabras
Hemos llegado al final del sendero, en este punto el camino termina he inicia las planicies de Izgra, lo cual también significa que estamos relativamente cerca de nuestro hogar. Probablemente nuestra aldea está a dos días del lugar en el que estamos si vamos caminando. Como su nombre lo indica, las planicies Izgra son un gigantesco campo abierto compuesto de varios tipos de terrenos que van desde amplias praderas a monumentales pastizales plagados de todo tipo de criaturas. Además de eso, según los libros que tuve la oportunidad de leer en el imperio, en este lugar hay una aldea que está en las cercanías de una de las mazmorras más peligrosas de este territorio. —Bueno, parece que finalmente estamos por llegar—dije mientras estiro mi cuerpo. La noche anterior no fue exactamente agradable, Shiba estuvo lamentándose por horas y sumado a que Gresia insistía en ir con ella, casi no tuve oportunidad de dormir. Además, cuando llegó la mañana siguiente, pude ver varios árboles destrozados parcialmente, los cuales tienen marcas de garras por doquier. —Maestro, a partir de este punto debemos ser muy cuidadosos al avanzar—advirtió Artia. —Lo sé, leí varias cosas sobre estas praderas y más o menos sé que esperar. —No miaestro, no es tan simple-Mia—agrego Shiba, quien tiene sus ojos llenos de lagañas y unas pequeñas bolsas bajo sus ojos que probablemente son el resultado de permanecer despierta y llorar durante la noche. —¿Por qué lo dices Shiba? —En nuestro camino tenemos que pasar cerca de la fosa de los wyvern-Mia. Incluso si rodeamos ese lugar, aún existe la posibilidad que una de esas criaturas deje esa fosa y nos ataque. —¿Wyvern? ¿Esas criaturas realmente existen en este mundo?—dije con sorpresa, ya que eran de mis animales mitológicos favoritos. —Umm… no sé a qué se refiere con mundo, pero sí, esas criaturas son reales-Mia. —¿Y qué clase de criaturas son? —Pues… son un equivalente de los dragones—fue Mox quien empezó a explicar —Los dragones están entre las razas más poderosas como norma general, pero ciertos tipos de wyvern son muy superiores a los dragones en lo que respecta a batallas aéreas. —Ya veo, lo que dices es que un dragón es más fuerte en términos generales, ¿no? —Sí, algo por el estilo—Mox no es alguien que hable demasiado, de hecho, a penas y ha dicho algo desde que lo ayude a escapar del imperio. Otro tema que me preocupa es que Gresia, quien era una persona extremadamente habladora y molesta cuando la conocí, tampoco ha hablado. De hecho, me atrevería a decir que su personalidad se ha transformado un poco o quizá esta simplemente es su verdadera forma de ser desde el inicio. Dejando eso de lado, lo que dice Mox tiene sentido si tomamos como referencia la forma que tenían esas criaturas en el mundo del que vengo. Básicamente, basados en su físico, los dragones tienen cuatro patas y cuerpos pesados que les permiten vivir en varios tipos de terrenos y pelear tanto en el cielo como en tierra; básicamente son tanques todo terreno con alas. Sin embargo, esos pesados cuerpos hechos para el combate, no son del todo idóneos para territorios especializados, por lo que siempre estarán en desventaja si pelean en el terreno de una criatura equivalente que esté especializada. En este caso un wyvern sería superior a los dragones en batalla aérea al ser una criatura especializada en ello y aunque nunca he visto a ninguna de esas dos criaturas, está es la conjetura a la que llegué, aunque solo el tiempo me dará la razón o desmentirá mi teoría. —Bueno, lo entiendo. En ese caso, ¿Cuáles son las posibilidades de que nos topemos con esas criaturas durante nuestro viaje? —Son bajas—dijo Mox —Esas criaturas no suelen dejar la fosa, debido a que los insectos de los que se alimentan viven en ese lugar. Además de eso, es poco probable ser atacado por un wyvern si uno no los ataca primero. Lo normal es que ignoren a cualquier criatura que vean, por lo que no creo que debamos preocuparnos por esas criaturas. —¿Eso significa que no debo preocuparme del tema?—pregunté. —Es cierto que los wyvern son criaturas altamente clasificadas que están en el rango B+ como base. Sin embargo, como dije antes no son peligrosos a menos que se los ataque y sinceramente no creo que exista una criatura lo suficientemente estúpida como para atacar a un Wyvern. —Tus palabras me tranquilizan Mox. —No te preocupes, niño—dijo restándole importancia a mi comentario —Por otra parte, me preocupa más el hecho de tengamos que pasar por varias aldeas antes de llegar a nuestro destino. —¿Varias? ¿No era solo una? —Solo hay una aldea humana por lo que recuerdo, pero eso no significa que no haya otras aldeas. —Ahora que lo dices las aldeas de Shiba y Artia también están en este lugar… Estaban…—muy a mi pesar tuve que corregir mis palabras. —Así es y también debemos tener en cuenta que no todas las especies que habitan esta pradera son amistosas. Los Urgan por ejemplo, son una especie de demihumanos conocida por su hostilidad y su gusto por la carne. —¿Pasaremos cerca del territorio de ese pueblo? —No, pero es bueno que lo tenga en mente en caso de que la situación llegara a darse. —Me alegro de contar con tu sabiduría Mox—elogie sinceramente a nuestro confiable guía. —Ni lo menciones. Por cierto, tengo curiosidad. —¿Sobre qué? —¿Dónde aprendiste todo lo que sabes hacer? Lo digo porque no es muy normal encontrar alguien con tantos talentos como tú y menos a una edad tan temprana. —¿Talentos? —Me refiero a la capacidad de negociar con los hombres de metal, rastreo, lectura de mapas y aunque no eres demasiado habilidoso, también sabes cazar y colocar trampas. Estas son solo algunas cosas de las que he notado en el tiempo que hemos viajado juntos. ¿Cómo debería responder esa pregunta sin sonar demasiado sospechoso? Quiero decir, no me había dado cuenta hasta que Mox preguntó, pero ciertamente todo eso debe ser algo muy extraño para las personas que me rodean. —Él tiene razón, yo también tengo curiosidad. —Yo también-Mia—Gresia y Shiba se unieron a las personas que sienten curiosidad con el tema, mientras que Artia observa atenta y disimuladamente desde la distancia, lo que denota que también tiene curiosidad sobre el tema. ¿Debería ser ambiguo o sería mejor simplemente ser sincero? Si algo me ha enseñado el tiempo es que las mentiras solo acarrean problemas, por lo que supongo que ser sincero es lo mejor. —No sé cómo explicar esto… La verdad es que tengo mucho conocimiento acumulado en mi cabeza desde el momento en que nací y en ocasiones darle sentido es complicado. Aunque la mayoría de cosas que sé actualmente las aprendí por simple curiosidad. Honestamente Mox, no sé cómo responder a tu pregunta aparte de decir que simplemente tengo ese conocimiento desde que tengo memoria. —¿En otras palabras, aprendió todo eso por su cuenta? —Algo por el estilo. Ante mi respuesta se hizo el silencio, todos me observan con rostros complicados e inquisitivos. Sin embargo, fui sincero. Tanto en mi vida pasada, como en esta, siempre fui una persona en su mayoría autodidacta. En mi vida pasada era pobre, mi familia no me quería y nadie enseñaría algo de manera gratuita, por lo que no tuve más opción que aprender por mi cuenta para hacer varios trabajos y así poder sobrevivir. Sinceramente hablando, el mundo moderno no es muy diferente de este y los únicos cambios reales son el ambiente, la flora y la fauna. En rasgos generales o más exactamente, la humanidad se mantiene tal cual es. En otras palabras, mientras la humanidad sea una variante a considerar, el desarrollo de los eventos es más o menos predecible siempre y cuando la humanidad sea un factor a considerar. Por ejemplo, la esclavitud también existía en el mundo moderno, solo que tenía otro nombre y estaba ligeramente maquillada por leyes y derechos que al final producían el mismo resultado que la esclavitud de este mundo. También podemos ir más lejos. Un buen ejemplo de esclavitud en la era moderna son los barcos pesqueros. En aguas internacionales no hay ley, por lo que personas que fueron secuestradas o que tenían deudas que no podían pagar eran llevadas como trabajadores en estos barcos y por supuesto a nadie le importaba sus destinos mientras llegara el pescado fresco a su mesa. Así de simple, aunque solo las personas de los barrios bajos teníamos conocimiento de esto, ya que los magnates dejaban bonitas carnadas en forma de un jugoso pago que nunca llegaría y cuando llegaras a altamar, tendrías en tu pecho un bonito sello de esclavitud ficticio en forma de la pistola del capitán de la embarcación. Es por eso, que tras vivir una vida un tanto complicada en la era moderna, vivir en este lugar es prácticamente un paseo por el parque para mí. Bueno, eso sí omitimos las temibles criaturas de fantasía que hay en este lugar sobre las cuales no sé prácticamente nada. Otra cosa que llama mi atención es que realmente no recuerdo mucho sobre mi otra vida. Quiero decir, el conocimiento lo tengo, pero cuando intento recordar eventos a detalle, cosas como los nombres de las personas involucradas o mi propio nombre, no soy capaz de darle forma a esos recuerdos. Esos recuerdos ciertamente existen en mi cabeza. El problema es que están borrosos y distantes, algo similar a caminar en una carretera que está cubierta por un espeso banco de neblina. Puedo ver el sendero y su dirección, lo que no puedo ver es el panorama general y los detalles, es una sensación similar a esa. Dejando eso de lado, las reacciones de mis compañeros a mi respuesta son un problema. Si bien, sus reacciones son variadas, contrastan en un punto en particular; la incredulidad. Fui sincero en mi respuesta y aunque omitiera la parte en la que soy un rencarnado, lo cierto es que yo mismo no estoy seguro si esto es un hecho o no lo es. Realmente es difícil darle sentido a algo como la reencarnación, porque la posibilidad de que tenga una enfermedad mental aguda existe y todo el tema de la reencarnación no sea más que un delirio. ¿Quién podría argumentar lo contrario en mi posición? Suena bonito ser un reencarnado, un elegido o lo que sea. Sin embargo, eso solo es el anhelo lejano de alguien que intenta suplir una falencia de personalidad. En lo personal, creo que sea lo que sea lo que me haya pasado debe tener una explicación razonable o al menos eso quiero creer y hasta que no esté seguro de que no estoy loco, no tengo planes de contarle esto a nadie. —Maestro…—Artia tiene un tono de voz dubitativo cuando habla —Puede ser que usted sea… —No Artia, no soy un elegido, tampoco me han enviado los dioses y menos un genio, ¿de acuerdo?—lamento haber tenido que interrumpirla, pero me doy una idea de camino por el que va esta charla y no tengo planes de permitir que alguien más piense en mi de esa forma. —Pero… —No lo soy. Simplemente soy un extraño niño que vive en una aldea, eso es todo. Sinceramente, no creo que llegué a ser nada más que un aldeano cualquiera que tiene uno que otro comportamiento extraño como mucho. —Niño, no debería negar tu destino—argumentó Mox. —¿Cuál destino? Hablas como si supieras sobre mi destino—empecé a molestarme sin darme cuenta. —No debes tener miedo a la idea de ser especial. —¿Por qué no vas donde alguien a quien le importe con ese argumento Mox?—Dije sin ocultar mi molestia —Aún tenemos un largo camino por recorrer y estamos perdiendo el tiempo hablando de cosas sin sentido. Solo avancemos que quiero ver a mis padres y olvidarme de esta ridícula experiencia—no esperé por el consentimiento de nadie y sencillamente empecé a caminar. La realidad es lo que es y punto. Dolor es dolor sin importar cómo lo quieras llamar y empezar a tener delirios extraños sobre héroes, elegidos o lo que sea no está en mis planes futuros. No va conmigo adornar la realidad. —¡Espera Raigar, aún no hemos acabado de hablar!—gritó Gresia desde la distancia. —En ese caso hablen mientras caminan—respondí. Sin más opciones disponibles debido a mi mal humor, nuestro grupo empezó a moverse por una amplia pradera que se extiende hasta donde llega la vista. Durante mi camino puedo escuchar que los demás están en un acalorado debate del tipo que no me interesa, por lo que ni siquiera me molesté en intentar escuchar lo que dicen. En su lugar, admiro el imponente paisaje ante mis ojos. Esta pradera está repleta de animales que no he visto antes y veo todo tipo de criaturas que desfilan la lógica de mi viejo mundo. Desde bonitas comadrejas con un pelaje azul cielo que sobrevuelan la pradera usando sus enormes y peludas orejas, hasta extraños venados de ocho patas que corretean a la distancia. De alguna manera, el entender que realmente no sé absolutamente nada sobre el lugar en el que estoy me hace sentir ansiedad y miedo. En algún lugar profundo de mi corazón espero que todo esto no sea más que un sueño y termino pensando que en cualquier momento despertaré en mi casa. Como sea, desde hace unos segundos todo se han puesto realmente ruidosos e incapaz de seguirlos ignorando, pregunte: —¿Qué es lo que quieren? —Raigar, tienes algo colgando de tu ropa—por algún motivo, fue Gresia quien me habló. Esto me sorprendió, dado que lleva un largo tiempo de silencio. —¿En mi ropa?—revise mi ropa en busca de una anormalidad, pero na había nada. —No Raigar, en tu espalda. Después de escuchar un sitio especifico inmediatamente revisé y ciertamente hay algo en mi espalda, es un extraño animal que se colgó de mi ropa boca abajo, está en una postura que lo hace parecer una mochila. —¿Qué es esto?—Pregunté mientras me quito la chamarra y la extiendo frente a mí con el animal todavía colgando de ella. —No lo sé, nunca había visto una bestia como esa—dijo Mox. —Yo tampoco-Mia—secundo Shiba. —Eso se parece un poco a un… no, eso no es posible. La verdad, nunca vi nada igual—Artia fue la última persona en hablar. —Bueno, ¿Y qué hago?—Pregunté mientras extiendo mi chamarra. El animal en cuestión se parece mucho a un murciélago, es pequeño, su piel es de color n***o azabache, tiene unas enormes alas con membranas que cubren su cuerpo y la única parte de su cuerpo que es visible son cuatro cuernos en forma de flecha que sobresalen de su cabeza. —Puede dejar la chamarra en el suelo junto con el animal—Sugirió Artia. —Moriría de frio en la noche…—cansado de pensar cosas sin sentido, sencillamente sacudí mi chamarra para que el animal se soltara. Inmediatamente después del brusco movimiento, el animal planeó hábilmente hasta me espalda y volvió a prenderse de mi ropa, esta vez de mi camiseta. En el proceso pude ver su cuerpo, es algo similar a una pequeña lagartija con alas, con cuatro cuernos en forma de lanza decorando su cabeza. —Parece que te ha tomado cario—dijo Gresia de manera descuidad. —Eso no es imposible, ni siquiera sabía que este animal estaba colgado de mi espalda—es probable que no me diera cuento, debido a que en mi vida pasada acostumbraba llevar mochila, por lo que no es extraño que la sensación de tener un peso extra en mi espalda no fuera molesta para mi subconsciente. —Es bastante lindo, ¿por qué no simplemente lo conservas? Con el tiempo se irá solo. —Es hembra-Mia—parece que Shiba tiene alguna idea de lo que tengo en la espalda. —¿Conoces estos animales Shiba? —No, pero puedo saberlo por su olor-Mia. —Por su olor, eh…—me quedé pasmado pensando varias cosas y al final, sencillamente no tengo ganas de cargar más complicaciones sobre mis hombros en este momento, por lo que simplemente me coloque la chamarra y el animal quedó por dentro de mi chamarra —Supongo que se irá en un rato y mientras no haga nada molesto, no me importa simplemente cargar a esta criatura. —¿Acaso no te preocupa que pueda lastimarte?—preguntó Mox. —Bueno, es más probable que me lastime si yo soy quien lo lastima primero, ¿no? —Sí, pero… —Solo imaginen que tenemos un molesto polizón por unas cuantas horas, ya se irá. —Si lo vas a conservar necesitara un nombre—Gresia parece bastante emocionada con la idea de tener una mascota. —¿Acaso no escuchaste nada de lo que hablamos Gresia? —Sí lo escuché, pero lo conservaras, ¿no? —Solo hasta que se vaya solo… —En ese caso necesitará un nombre. Realmente no tenía ganas de discutir y tampoco quería darle más vueltas al tema, por lo que simplemente me rendí a la petición de Gresia. —Muy bien, la llamaremos Imperia. Aunque creo que es un nombre demasiado genial para un renacuajo como este. —Me gusta, espero que me dejes jugar con ella cuando despierte—Realmente Gresia se ve muy emocionada con la idea de tener una mascota. —Supongo que si no escapa puedes jugar con esta criatura. Esa fue la descuidada respuesta que di sin saber el tipo de criatura que llevo en la espalda y tampoco sabía que esa pequeña criatura nos traería un gigantesco problema en el futuro.  
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