El sonido de alguien llamando a la puerta me despertó lentamente. El cuerpo de Castiel me impedía moverme y tardé más de lo esperado para poder ponerme de pie. Hice un esfuerzo para no ver el torso desnudo de Castiel y caminé hacia la entrada con paso fuerte. – Tía, que sorpresa. – Fue el rostro de Denisse el que apareció al otro lado de la puerta y dejé que pasara. Traía una pequeña mochila en sus manos, y su nariz arrugándose con ligereza hizo que me sonrojara de inmediato. No estaba seguro, pero lo más probable era que el lugar oliera a sexo y una vergüenza descomunal se apoderó de mí. – ¿Castiel sigue dormido? – ¿Sabes algo acerca de lo de Castiel? – Los labios de mi tía se fruncieron y me miró triste. – Cal, es complicado, ¿sabes? No sé si pueda decírtelo. – Rodé los ojos con iro

