Lamentablemente, las salidas en manada se hacían una vez cada milenio o cuando al señor alfa se le hinchaban las pelotas. Eso me hacía enojar y sentir más frustrado de lo que ya estaba, pero Joe me tranquilizaba y me decía que todo pasaría a su debido tiempo, era irónico viniendo de la persona que me incitó a realizar ese plan. Cuando Castiel llegaba en las noches o en las tardes a la casa, me daba cuenta de que yo no era el único con un problema de por medio. Se le veía algo raro, como si estuviera asustado pero a la vez enojado y no pudiera romper nada para desquitar su enojo. Un día llegó muy tarde a la casa y, con sólo echarle una mirada, me di cuenta que estaba cabreadísimo. – Oye, ¿qué pasa? – Pregunté en un tono desinteresado pero amable. Sus ojos atravesaron los míos y un brillo

