El calor invadió mi cuerpo de golpe y mi piel comenzó a volverse más sensible. Jalé el nudo de mi corbata y miré enojado a Castiel. – ¿Qué era eso? – Su sonrisa de lado fue suficiente para saber que mi suposición era cierta. Sus manos apartaron las mías y nuestras pieles se rozaron. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo y bajó hasta mi entre pierna. Abrí los ojos sorprendido y el miedo se reflejó en ellos. – Los pardo nos caracterizamos por la habilidad de la herbolaria. – Sus dedos se enterraron en el nudo de mi corbata y lo deshicieron con agilidad. Mi corazón se aceleró y no podía creer lo que estaba sucediendo en ese momento. Los botones de mi saco fueron desabrochados y mientras abría mi camisa, los ojos de Castiel me miraban con fiereza. Tragué saliva con dificultad y de repent

