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429 Palabras

Con ansias deseaba poder tener más de dos brazos. Mis piernas estaban enredadas en la cintura de Castiel mientras sus manos me sostenían del trasero y lo manoseaban hasta hacerme gemir de placer. Nuestras erecciones se rozaban y algo muy diferente al asco se apoderaba de mi cuerpo. Quería más, su lengua llegaba hasta mi garganta y no era suficiente para satisfacer mi deseo; tampoco sus labios que recorrían cada centímetro de piel que la posición le permitía. Me retorcía contra su cuerpo mientras buscaba más contacto físico y, de repente, el saco que aún Castiel tenía puesto me pareció realmente molesto. – Cal. – Susurraba Castiel entre mis clavículas y cuando subía hasta mi mandíbula, dejando un rastro de baba que me excitaba con locura. Una parte de mi cerebro no podía creer lo que yo

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