¿Era posible que existiera un lugar que se encontrara entre el abismo, el placer, y la tierra? Mi cuerpo descansaba flácido sobre el colchón y mi respiración era rápida y dificultosa. Mis ojos veían el rostro de Castiel manchado de mi esencia, pero mi mente estaba en ese lugar extraño que no sabía que existía. Era un sopor agradable y comenzaba a darme mucho sueño, aunque eso no significaba que mi cuerpo no quisiera más. – Lo...Siento – No estaba acostumbrado a esas cosas, y era la primera vez que me pasaba, pero podía deducir que correrse en la cara de alguien no era lo más educado del mundo. Por otro lado, la felicidad no desaparecía de los ojos de Castiel y, por alguna extraña razón me pareció muy excitante cuando se limpió la cara y lamió su mano, sin dejar de mirarme ni por un segund

