Tal vez se debía a la extraña excitación causada por aquella droga, o fue porque ya lo había hecho antes y de manera más salvaje, pero el m*****o de Castiel fue la llave que abría las puertas al cielo. Antes de penetrarme me había preparado con los dedos, untándome una cosa extraña que la verdad me daba igual que era. Al sentir el primer dedo dentro de mí, creí que explotaría por la cantidad de sensaciones que me llenaron y con el tercero ya estaba muerto. Era inconsciente de lo mucho que gritaba, pero la mirada de Castiel me decía que mis gemidos lo prendían de sobremanera, y cuando quise hacerlo sentir bien, el simplemente me alejo diciéndome que mi voz era suficiente placer para él. Fueron minutos enteros para que sacara los dedos y levanté mis caderas impaciente en busca de más. Sus co

