Al día siguiente desperté y me encontré sólo en la cama. El sol brillaba a través de la ventana y mi piel resplandecía bajo sus rayos. Me revolví un poco, inquieto, y algo viscoso comenzó a salir de mi trasero. Contuve la respiración y, como si se tratara de una explosión, los recuerdos de la noche anterior me golpearon y me estremecí de placer en contra de mi voluntad. Estuve unos minutos aún recostado, pensando en lo que había hecho y si mis sentimientos habían cambiado. Al cabo de un rato me di cuenta de que Castiel seguía siendo indiferente para mí y sólo lo veía como alguien con quien había tenido un buen sexo, el primero para ser sinceros. Algunas de sus palabras de amor hacia mí me asaltaban sin previo aviso y me hacían sentir culpable, pero no podía hacer nada para remediar lo que

