Era deprimente decirlo, pero Castiel había cambiado. Asco, odio y muchas cosas más me llenaban cuando me daba cuenta de eso. Tal vez se debía a que ahora me encontraba listo y aseado cada vez que llegaba a la casita y sólo me tenía para él. Trataba de mantenerme lo más alejado de Castiel, pero él no dejaba de hacerme mimos y cosas que yo prefería no hiciera. Todos los días me traía algo, como una forma de regalo, y un día realmente me sorprendió cuando me entregó un lindo y caro celular. – Así podrás hablar con ese gato asqueroso. – Me había dicho mientras yo lo escuchaba perplejo. Cuando Castiel no estaba, me la pasaba el día pensando en él y su extraña actitud, y en las noches procuraba no gemir tan alto cuando me penetraba con fuerza. Hacía varias atrás noches que había dejado de tom

