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317 Palabras
Nuestras miradas se encontraron. Giré sobre mis talones y estuve a punto de salir corriendo de ahí, pero su voz me detuvo. Había algo en ella que me impidió huir, tal vez se trataba del tono amenazante que poseía de manera natural, o simplemente porque estaba asustado hasta la médula. Miré nervioso como cruzaba la calle y caminaba hacia mí. Una ligera sonrisa surcaba sus labios y su cigarro estaba en sus manos. Su manera de caminar también era salvaje y tosca, y llegué a pensar que un oso le quedaría mejor como animal. No tenía ni idea de que esperar de ese encuentro. Hasta ahora, desde que mi hermana había muerto, no había tenido ningún contacto con él por parte de la manada. Simplemente me habían dicho que tomaría el lugar de mi hermana en el casamiento. Así que no sabía muy bien qué esperar de él; aunque después del ataque que me había hecho, sabía que nada bueno podría ocurrir. – Cachorro. – Mi cuerpo se estremeció al escuchar eso. Odiaba ese estúpido apodo y lo odiaba a él en general. Mi expresión se volvió de disgusto, pero nada comparada a la de él cuando estuvo a unos metros de mí. Su nariz se arrugó de manera violenta y sus ojos se llenaron de rabia. Tuve el instinto de hacerme hacia atrás y pensé que en cualquier momento me molería a golpes. Me miraba asqueado y pude ver los pensamientos que pasaban por su mente. El olor de Joe seguía impregnado en mí y él lo sabía. Una sonrisa petulante apareció en mi rostro contra mi voluntad. Me sentía vigoroso al saber lo que el lobo pardo estaba pensando. Tenía ganas de echarme a reír a pesar de que su pupila se dilataba cada vez más y su cara se desfiguraba por la ira que lo invadía. Fui feliz y me sentí victorioso, solo por unos segundos. 
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