RASHID El dolor, la rabia y la ira me están matando. La impotencia que siento es como una puñalada directo al pecho, y la angustia oprimiéndome hasta las ideas no me deja respirar con normalidad. La vi irse... De nuevo. A la distancia, su espalda se mezcló con la multitud y no importó cuánto gritara su nombre, porque la gitana no volteó la cabeza en ningún momento. ¿La perdí? ¿Acaso su frialdad para hablarme y su manera de ignorarme es un indicador de que me va a dejar? No soporto siquiera suponer que Nicci me va a dejar. La tengo metida en mi piel y no tolero la idea de una vida en la que ella no forme parte. Amo tanto a esa endemoniada mujer que por amarla así, otra vez la cagué a lo grande. Y fue tan inmenso mi error que el miedo a perderla me carcome, me vuelve loco, me

