UN HOMBRE ATRACTIVO

1421 Palabras
**SOPHIE** Me acerco a él, observando su elegante porte mientras espera por su copa de champán. No puedo evitar pensar que debería estar en uno de esos modelos que modelan ropa interior. Mi corazón late más rápido cuando le pregunto: “¿Nos tomamos una copa?” Intento no demostrar lo guapo que me parece, pero mi yo interior me advierte: “Sophie, no debes confiar en él” No obstante, considero que la presente advertencia ha llegado tardía. Sus ojos azules me recorren de pies a cabeza, y luego se fijan en mis ojos. “Claro que puedes,” dice con una sonrisa. “Joven, una copa de champán para la señorita, por favor,” le indica al bartender. Su acento italiano me hace sentir como si estuviera en una película romántica. Todo él me encanta, aunque su aura se siente peligrosa, como si algo me dijera que tenga cuidado. “Gracias,” respondo, tomando la copa. “Ven, vamos por allí,” propongo, señalando una de las mesas altas de cóctel en un rincón. “Nunca me hubiese imaginado que Edward tuviese una hija tan guapa,” comenta. Amo cómo suena la palabra “guapa” con ese acento italiano. Se porta muy educado conmigo, a mi padre le interesa hacer negocios con él, es un prodigio en lo que hace. Espero que le guste la ciudad y decida quedarse. “Agradezco profundamente el halago”, expresó mientras arribábamos a la mesa. “Y ¿que edad tienes jovencita?”, pregunta, después de beber un sorbo de champán. Mi mente corre para encontrar la respuesta adecuada. ¿Debo decir mi edad real o ajustarla un poco? No quiero que se imagine que soy menor de edad, porque mi apariencia es muy infantil. —Veinte años. Soy mayor edad. Marco escucha atentamente mientras le explico que soy la cara de la empresa. Su media sonrisa se amplía, y su mirada sigue fija en mí. La tensión entre nosotros es palpable, y te preguntas qué más quiere saber. ¿Será solo curiosidad o hay algo más detrás de esa seducción en sus ojos? —¿Quieres beber conmigo o no? —Esta copa la tomaré contigo, es porque yo quiero — le respondo con seguridad, regalándole mi mejor sonrisa. Sus ojos recorren mi rostro y descienden hasta mi escote. Luego, vuelven a encontrarse con los míos como si nada. — ¿Qué dirá tu novio? — me pregunta, desafiante. Mi mente busca una respuesta ingeniosa mientras intento mantener la calma. ¿Cómo puedo explicarle que no tengo un novio? ¿Cómo puedo hacerle entender que el amor no es para mí? Tal vez, solo tal vez, pueda abrir su mente con una historia que rompa esquemas y prejuicios. “Mi pareja no existe”, le digo, manteniendo la mirada. Él parpadea, sorprendido por mi respuesta. Quizás no esperaba esa respuesta. En voz baja — ¿Estás soltera? — me pregunta y sin que me lo espere, mueve un mechón de pelo detrás de mi oreja. —Al fallecer el corazón, resulta sumamente complejo retornar a confiar en alguien. — Él me mira fijamente, entrecerrando los ojos, respondiendo sin rodeos. — ¿Crees en el amor? El amor, ese enigma que nos envuelve y nos desafía. A veces, es como un vino añejo que mejora con el tiempo, y otras, como un tornado que arrasa con todo a su paso. Pero, ¿creer en él? Esa es una pregunta que nos persigue a todos en algún momento de la vida. —No, ya no — confieso, pensando en las cicatrices que el amor ha dejado en mi corazón. A veces, las heridas son tan profundas que la fe en el amor se desvanece como un sueño al despertar— Y tú eres ¿Casado? ¿Comprometido? ¿De novio? — pregunto, desviando la atención hacia él. A veces, es más fácil hablar de los demás que de uno mismo. —Ninguna de las anteriores. El amor y yo no somos compatibles — responde, y su filosofía me agrada. Quizás, en su rechazo al amor, encuentre la libertad que muchos anhelan. A veces, la soledad es un refugio, y el corazón, un nómada sin ataduras. Así que brindamos por las historias que no se escriben en versos románticos, sino en las cicatrices de la piel y las miradas que se cruzan en la penumbra. —Bueno — afirmo, tomando otro sorbo de mi copa. — ¿Has tomado la decisión de llevar a cabo negocios con mi progenitor? — reflexiono con el fin de desviar la conversación hacia áreas menos peligrosas. —Después de verte, ya no tengo dudas — responde, y siento que sus ojos han desatado una tormenta en mi interior. ¿Cómo puede alguien tener ese efecto en mí? — ¿O sea que yo he tenido que ver en tu decisión? — pregunto, haciéndome la desentendida, aunque mi corazón late con fuerza. —Digamos que eres un muy buen motivo — explica, y sus palabras me dejan sin aliento. — Por ti, creo que podría ser que el amor y yo seamos compatibles nuevamente — añade, como si fuera, la cosa más natural del mundo. Mi mente se tambalea, y debo respirar profundamente para no perderme en ese abismo de posibilidades. Así que brindamos, no solo por los negocios, sino por los encuentros inesperados, las miradas que traspasan la piel y las palabras que cambian el rumbo de nuestras vidas. Mi mente corre, buscando palabras que estén a la altura de este juego de seducción. ¿Cómo puedo responder a su confesión inesperada? —El amor es un enigma fascinante — digo, mirándolo directamente a los ojos. — A veces, nos sorprende cuando menos lo esperamos. ¿Quién sabe? Tal vez tú y el amor tengan una segunda oportunidad. Él sonríe, y su mirada se vuelve más intensa. No sé si es el alcohol o la química entre nosotros, pero algo está cambiando en el aire. Brindamos nuevamente, esta vez, por los misterios del corazón y las posibilidades que se abren ante nosotros. La tensión en el salón era palpable. Marco, con sus ojos oscuros y penetrantes, parecía leer cada pensamiento que cruzaba mi mente. Pero yo sabía que no podía permitir que el deseo nublara mi juicio. Los negocios eran mi prioridad, y mezclarlos con el amor solo conduciría a complicaciones innecesarias. Decidí enfrentarlo directamente. “Marco”, dije con voz firme, “nuestro acuerdo es estrictamente profesional. No podemos dejar que las emociones interfieran”. Él sonrió, un rastro de desafío en sus labios. “¿Quién dice que no podemos tener ambos? El amor y los negocios pueden coexistir, si sabemos cómo manejarlos”. Sus palabras me hicieron dudar. ¿Podría realmente separar mis sentimientos de las decisiones comerciales? O estaba a punto de cometer un error que cambiaría mi vida para siempre. Había dejado claro que no se detendría ante nada para conseguir lo que quería. Mi corazón latía con fuerza, atrapado entre la atracción y la prudencia. —Si es por tu padre, no tiene por qué enterarse —sentenció, su voz grave y persuasiva. No pude evitar sonreír ante su audacia. —Eres sumamente directo —manifesté, desafiante. Marco se inclinó un poco más hacia mí, su aliento rozando mi piel. —Puedo serlo mucho más, pero intento ser un caballeroso —dijo, provocándome. Mis mejillas se calentaron. —Interesante —respondí, luchando por mantener la compostura. Entonces, su petición me tomó por sorpresa. —Dame tu número antes de que tu padre llegue. — dijo mirando al vacío. Cuando volví la cabeza, vi a mi padre acercándose hacia nosotros. ¿Qué debía hacer? ¿Arriesgarme a mezclar el amor y los negocios, o mantenerme firme en mi decisión? El tiempo se agotaba, y mi libertad estaba en juego. Sin pensarlo se lo di. — ¡Marco! ¿Cómo la estás pasando? Marco se giró hacia mi padre, su sonrisa encantadora y su mirada segura. —Estoy disfrutando de la compañía de su hija, señor —respondió con cortesía. Mi padre asintió, evaluándonos a ambos. —Espero que se diviertan. Mi hija es especial —dijo, antes de alejarse para saludar a otros invitados. Marco y yo quedamos solos nuevamente. Su mano rozó mi mano y percibí que la distancia entre nosotros se estaba intensificando. ¿Qué hago? ¿Arriesgarme a algo más? El futuro estaba lleno de incertidumbre, pero una cosa era segura: Marco me impresionaba.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR