El amanecer llegó rápidamente, después de haber dormido mal, me levanto con una mezcla de emoción y nervios. La cita con Marco está a punto de comenzar, y mi mente se llena de preguntas y expectativas. ¿Qué pasará? ¿Cómo será nuestro encuentro?
Me dirijo al armario y selecciono un conjunto que refleje mi confianza y profesionalismo. Una falda pegada a mis caderas y una blusa de chiffon que se ajustan perfectamente al cuerpo, en un tono que combina con mi americana negra con detalles en blanco. Los zapatos de tacón completan el atuendo, y me aseguro de que mi cabello caiga en suaves ondas sobre mis hombros.
Mi cartera cuelga de mi hombro, y mientras me miro en el espejo, me pregunto si Marco notará todos los detalles que he elegido con cuidado. ¿Apreciará mi estilo? ¿O simplemente verá a la hija del socio de negocios? Qué estupideces estoy pensando
La puerta está a punto de abrirse, y mi corazón late con fuerza.
Desciendo las escaleras con una mezcla de emoción y nervios. El vestíbulo se extiende ante mí, y la puerta principal parece más imponente de lo habitual. Mi padre está sentado en el sofá, absorto en su lectura. Le sonrío y me acerco.
“¿Listo para enfrentar el mundo, papá?”, bromeo, tratando de ocultar mi inquietud.
Él levanta la vista y me mira con cariño. “Siempre lo estás, querida. Pero recuerda, el amor y los negocios no siempre siguen las mismas reglas”.
Asiento, agradeciendo su consejo. Marco me espera afuera, y no puedo evitar preguntarme si esta decisión cambiará mi vida para siempre. La puerta se abre, y el futuro se despliega ante mí.
Al ver a Marco, mi corazón se acelera. Su mirada intensa me atrapa, y la línea entre el amor y los negocios se desdibuja aún más. ¿Podré mantener la compostura o cederé ante la atracción? «No te vuelvas loca».
Marco me llevó al restaurante más lujoso de la ciudad, y no pude evitar sentirme impresionada. La elegancia del lugar era innegable: lámparas de araña colgaban del techo alto, las paredes estaban cubiertas de paneles de madera oscura y las mesas estaban vestidas con manteles de lino blanco.
El aroma de las velas perfumadas flotaba en el aire, y la suave música de fondo creaba una atmósfera íntima. Las luces tenues resaltaban la vajilla de porcelana y los cubiertos de plata. Me sentí como si estuviera en un cuento de hadas moderno.
Marco sonrió, como si supiera que había acertado en su elección. “¿Te gusta?”, preguntó, sus ojos oscuros brillando con complicidad.
Asentí, sin palabras. La comida sería increíble, sin duda. Pero lo que realmente me cautivaba era la compañía. Y yo estaba dispuesta a dejarme llevar.
El restaurante estaba bañado en una luz suave, y la decoración exquisita creaba una atmósfera de elegancia y misterio. Marco me esperaba en una mesa junto a la ventana, y mi corazón dio un vuelco al verlo.
Su camisa negra realzaba su piel bronceada, y los dos primeros botones desabrochados dejaban entrever su pecho. Las mangas remangadas hasta los codos revelaban sus antebrazos fuertes, y el pantalón de vestir hacía juego con su aspecto impecable. Sus ojos azules me miraron sin tregua, y esbocé una sonrisa nerviosa al detenerme a su lado.
“Estás impresionante”, dijo, su voz ronca y llena de deseo. Su sonrisa amplia me hizo olvidar por un momento que estábamos en un restaurante para hablar de negocios.
Marco con elegancia, su acento italiano envolviéndome como una melodía. Me inclino para recibir sus dos besos, sintiendo el roce de sus labios en mis mejillas.
“Gracias”, respondo, mi sonrisa amplia. El aroma de su perfume me envuelve, y cierro los ojos un instante. Podría reconocer esa fragancia a miles de kilómetros; es su firma personal, una mezcla exquisita de misterio y seducción.
La cena promete ser inolvidable, y mientras nos dirigimos a la mesa, ahora, solo quiero disfrutar de este momento con Marco.
Marco se levanta con elegancia y aparta la silla opuesta a él, invitándome a sentarme. Su voz, casi un susurro, me pone nerviosa de una manera que nunca había experimentado. ¿Cómo puede afectarme tanto?
—Muchas gracias —logro decir, mi sonrisa, un reflejo de mi estado interno. Observo cómo se sienta frente a mí, y no puedo evitar pensar que debería ser ilegal que un hombre sea tan guapo y huela tan bien.
—¿Champán? ¿Vino? ¿O un cóctel? —pregunta, sus ojos fijos en los míos.
—Champán —respondo con firmeza, sintiendo el calor en mis mejillas.
Él sonríe. —Mujer con gustos exquisitos —comenta, y la tensión entre nosotros parece cargada de significado.
—Lo has dicho tú —replico, desafiante, sin apartar mi mirada de la suya.
El mesero, Paul, se acerca a nuestra mesa y se presenta. Marco le pide el mejor champán disponible, y Paul asiente con profesionalidad.
—¿Me has invitado a cenar para presumir que eres adinerado? —me atrevo a preguntar, mi sonrisa sarcástica. La línea entre el amor y los negocios se vuelve más difusa, y yo estoy dispuesta a explorarla.
Marco niega y sonríe. —No, pero antes de que te diga para qué te he invitado a cenar, elige tu cena —dice, su mirada clavada en mí. Hago lo que pide, decidida a no dejarme intimidar.
Una vez que Paul regresa, ordenamos la comida. El champán burbujea en mi copa mientras me siento mejor para prestarle atención.
—Soy todo oídos —digo, observando cómo Marco se sirve una copa y me la entrega.
—Entonces hablemos—sentencia, sus ojos azules fijos en los míos.
—Sea lo que sea es mejor hablarlo con mi padre —le hago saber, tomando un sorbo de champán.
—Esto es otro tipo de negocio que quiero hacer contigo, eres una mujer inteligente —responde, firme y con una sarcástica sonrisa.
No entiendo de qué está hablando… —Explícate —le insto.
La revelación de Marco me dejó atónita. ¿Cómo podía saber tanto sobre mi pasado? Mi ex, aquel hombre con el que estuve a punto de casarme, había sido un capítulo doloroso en mi vida. Lo encontré en la cama con otra mujer, y eso marcó el fin de nuestra relación.
—¿Estás interesada? —preguntó Marco, su mirada intensa.
—¿Qué tipo de negocio? ¿De qué hablas? —pregunté, tratando de comprender.
—Yo sé lo que hizo tu ex galán —dijo, firme—. Lo suficiente para saber que te ibas a casar con él, pero que lo encontraste en la cama con otra.
Mis emociones se agitaron. ¿Cómo podía saber todo eso? ¿Y por qué estaba compartiendo esta información conmigo? Marco no era de fiar, eso estaba claro. Pero había algo más en su mirada, algo que me intrigaba y me asustaba al mismo tiempo.
Las preguntas rondaban por mi mente mientras sostenía la copa de champán. ¿Para qué me invitó a cenar con él? ¿Qué tipo de negocios tenía en mente? El amor y los negocios se entrelazaban peligrosamente, y yo estaba en el centro de esa danza incierta.
—¿Qué quieres de mí?
—Quiero proponerte matrimonio. —todo se fue al carajo.
—Y¿por qué quieres que me case contigo? —pregunto sin entender absolutamente nada.
Marco me mira con intensidad, y sus palabras me dejan perpleja. ¿Cómo puede ser que mi compañía sea tan valiosa para él? No encaja con la imagen que tengo de los negocios. Pero antes de que pueda cuestionarlo, él continúa.
—Eres la persona ideal para acompañarme a todos los eventos aquí en Estado Unidos… Guapísima, elegante… todo lo que un hombre necesita a su lado para que los grandes empresarios me tomen en serio —dice, como si estuviera trazando un plan meticuloso.
—¿Ese no es el motivo? —respondo, firme. No puedo aceptar que me vea solo como una herramienta para sus fines.
Marco sonríe, y su misterio me inquieta. —Eres inteligente —añade, como si hubiera descubierto algo más en mí.
—No me lo dirás, ¿verdad? —pregunto, mi voz seria.
—No necesitas entender nada. Piénsalo como un negocio —sentencia.
Un año. Un año de mi vida para salvar a mi padre y su negocio. Las piezas del rompecabezas se alinean, y la danza entre el amor y los negocios se vuelve más peligrosa. ¿Qué camino tomaré?