💜 7 💜

2007 Palabras
—¡Agua! —grito ya lagrimeando, es tanto el ardor que me desespero, me levanto y busco algo que me calme. Agua. Y… no hay ni bebidas ni agua en el refrigerador de la tienda, únicamente una botella de soda y está vencida. Me lleva el chingada. —¿Tanto pica? —para de reír y mi lenguaje es el de la tosidas. Toso y toso. No puedo parar—. Joder, necesita agua. ¿En serio? No me digas. Kenia se alarma. —En la tienda del frente venden bebidas. Ve por una. —le indica ella, acercándose a mí. Nick va rápido como relámpago, lo pierdo porque la situación en mi garganta decae, se me complica respirar bien debido a la tos. —Si no tuvieras malas intenciones con Nick no te pasara esto, al que actúa mal, mal le va. La fulmino con mis orbes azules, sigo tosiendo, ojalá pudiera replicar. No vi entrar a Nick, pero sí al levantar mi vista y encontrarlo delante de mí, en cuclillas con una botella de agua, lo noto más desesperado que yo, abre la botella tirando la tapita a un lado y colocándole la pajilla. Me lo entrega. —Ten. No lo pienso. Bebo del agua. El líquido funciona, calma y apaga el ardor en mi lengua, la llama se apaga. —¿Ya pasó? Asiento mirando como suspira aliviado, voy sorbiendo más del agua. —¿No has considerado ser bombero? La pregunta de Kenia nos pliega el ceño a los dos. Mejor sigo bebiendo hasta ahogarme con agua. —No… ¿Por qué lo dices? Ay, Nick, te hubieses quedado callado, querido. —Te quedaría buen el traje, y eso de apagar llamas lo tienes dominado. ¿Asco? Asco es ver como dijo aquello mordiéndose el labio, también vi sus vagos pensamientos de sus mas bajos instintos carnales pasar por sus iris. —Mojigata. —¿Yo? —se ofendió… ¿En serio iba a fingir decencia delante de Nick? Patético. —Sigamos almorzando, no perderé el tiempo en estupideces, tengo hambre. —mentía, obvio que mentía, tenía mi lengua hinchada, pero quería superar el bochorno que recién pasé. Pero… ¿Cómo almorzar si caí en mi trampa quedándome sin almuerzo? No tengo conque rellenar mi estómago vacío y desolado. —Ten el mío —Nick me tiende amablemente sus fideos, en eso un suspiro muy largo se le fugó a Kenia. Por las santas escrituras, esa mujer se derretía y de grave manera—. Yo no tengo hambre, no te preocupes por mí. Cómo se llama esa emoción de ser ayudado, aunque no lo merezcas, de ver que pudiste haber arruinado el día a una buena persona… ¿Culpa? ¿Arrepentimiento? No, me sentía equivocada, me equivoqué con Nick, tal vez sí sea buen chico. Debería dejar de ser tan desconfiada. —Gracias. —agradezco el gesto, yo no le daría mi comida a nadie, por mucho que me cueste, no podría. Y él lo hizo. —No te la estoy regalando. Río como desquiciada. Esto es increíble. Y otra vez ¡Me equivoqué! —Ya decía que amable tú —lo apunto con los palillos chinos— no eras. Pero te advierto, si lo que quieres es cobrarme estos fideos… no tengo dinero. —No quiero dinero. —La verdad… no me importa que quieras. —¿Cuánto te costaron? —interviene Kenia, saca su billetera, va a pagar. ESA ES MI AMIGAAA. ¡Por eso estoy en esta amistad! —Dieciséis dólares, pero para ella —fija sus ojos en mí, ignoro corresponderle, continúo comiendo—… el precio es diferente. Listo, me indigné. —Ah, y de paso me piensas cobrar más dinero. Ladrón de mala calidad. —insulto mas en broma que con seriedad. —No —me sonríe burlón—, esa caja de fideos te costará una salida conmigo. Ahora sí, lo he escuchado todo en este mundo. Me convierto en risas, suelto todas mis carcajadas guardadas para burlarme de su propuesta. Él cuida su cara dura, incluso su sonrisa se halla intocable a mi diversión. Lentamente dejo de reírme, lo encaro y le pregunto: —¿Cómo se llama? Frunce su entrecejo. —¿Qué cosa? —La droga con la que matas tus neuronas. Ahora él ríe, y ríe por lo bajo. Me cabrea. —Que sexy. —murmura Kenia, babeando por esa imagen, por el sonido de su risa. Y me cabrea el doble que tenga razón, su risa es ronca, sensual y ridículamente sexy. Hagamos como que no dije eso y que no me afecta en nada. Cruzo las piernas y brazos ¿Porqué tengo nervios? Joder, qué me está pasando. —Tienes miedo. —rechista para mí, dudo que sepa leer mentes así que… sigamos su ritmo. —¿Según tú de qué tendría miedo? Sus pupilas brillan juguetonas, despampanantes para mi sonrisa retadora. —De descubrir lo irresistible que soy demasiado tarde. Río de nuevo, ¿cómo no hacerlo? El chiste es bueno. —¿Tú? ¿Irresistible? No me hagas reír. —Entonces por qué no me aceptas una salida —cuestiona reposando su espalda en el espaldar de la silla, fija sus ojos en los míos, no me gusta como gozan del pequeño juego que he creado—. No te estoy pidiendo algo imposible, vamos, sal conmigo. —... —no sé que decirle, se apresura a convencerme. —Solo será una salida ¿Te arriesgas? ¿Qué perdería? Nada Encojo hombros, veamos que pasa. —Si saltas, yo salto. —accedo seria. Sonríe ganador. —¿Es un "sí"? Sonrío, reforzando mi cruce de brazos y mentón alto. —Es un "No sigas porque me retracto". —sentencio como definitiva. —¿A dónde iremos? —se incluye Kenia. Ah, como la amo, le sonrío pasando uno de mis brazos por encima de sus hombros. —Cierto, Nick, ¿adonde nos llevarás? La decepción en su cara me confirma que era una salida para nosotros dos, a solas. Oh, Nick, lo siento, pero eso no pasará. —Yo… hablaba de… —De ir a pescar. —completa mi amiga híper-emocionada. —¿Qué? —sale de mi boca inmediatamente. ¿Pescar? —Sí, pescar viendo el atardecer y contar historias para conocerse mejor. —suspira Kenia. ¡Auxilio! Un cupido ha apuñalado a mi amiga con una flecha. —Si yo pesco son alergias y ya —refunfuñe negándome a esa opción—, odio matar animales, ¿Qué culpan tienes los peces de saber deliciosos cocinados? Ninguna. —Es cierto —me apoya Nick—, y yo soy sensible a las mareas. No puedo estar en un bote sin vomitar. Oye, eso sí me interesa. Termino de comer los fideos y hablo. —Pensándolo mejor… pescar es una buena idea. —No —niega Nick—, yo sé a donde puedo llevarlas. —Yo quería pescar —lamento bajando la mirada—. Ni modo, a hacer lo que el lunático diga. Kenia me observa estupefacta. Luego caigo en el porque. Lo que he dicho no me lo perdono ni yo. “A hacer lo que el lunático diga" eso fue peor que el “usted manda” —Dios, ¿Qué pasa conmigo? —jadeo horrorizada—. El kétchup se me subió a la cabeza acaso. Nick ríe y mi pánico se complica. —Ya vengo, debo cepillar mi lengua, yo no puedo andar diciendo esas estupideces —pienso retirarme de la mesa, pero no sin antes dejarlo claro—. Y es a pescar. O vamos a pescar o te deberé esos fideos de por vida. —Iremos a donde yo diga. —¿Adivina? A nadie le interesa lo que digas. —impongo optando por una postura empoderada. La de “aquí mando yo así que te friegas" —Ya veremos. —Si no vamos a pescar lo único que verás será mi puño en tu cara. —Que rico. —¿Ah? Wtf. Sonríe divertido. Vámonos a… alejarnos de ese chico, le patina el coco y hace ku-ku. Exhalo caminando a la radio, no me agrada en nada la canción que suena. Muy dulce para mi repertorio musical. Busco una buena rola entre los cd's, Nick se mete en eso. No me di cuanta del montón de cd's que he desechado en la caja de la basura, lleva ahí un mes y ya casi está llena. El lunático también siente curiosidad de esos cd's, les da un vistazo. Elijo una canción. —¿Cuál es la diferencia entre estas cajas? —curiosea él. Algo simple. —Que está tiene los cd’s que escucho y la otra los que botaré a la basura. Su entrecejo arrugado me anuncia otra duda, va a la caja de mis cd’s favoritos, los que escucho. —¿Porqué ninguna canción habla sobre el amor? Algo difícil. Y que Kenia responde por mí. —No escucha música sobre algo que no existe. Asiento rectificándolo. —Ok —acepta meditando mi contesta, un rato de miradas y señala el estante de los álbumes—¿En dónde está el álbum? Lo había dejado ahí. Giro los ojos y voy directo al estante, sabiendo en donde lo coloqué lo encuentro con facilidad. Es irónico que él sea el chico que vino en la mañana, es casi imposible, no había similitudes, yo todavía no lo creía del todo. Pero en caso de ser verdad, recuerdo que él nunca me miró, bloqueo cualquier contacto visual conmigo ¿Por qué? ¿Qué quería demostrar con eso? Miro el álbum. The Goo Goo Dolls. Hasta sus gustos son malos. Se lo enseño. —Aquí está. —Genial. —lo evalúa en sus manos. —Son 10 dólares. Saca su billetera y procede a pagarme. —Toma, y gracias. —A su orden. —tomo el billete y… otra vez el sentimiento vuelve. No fui lo suficientemente interesante como para otearme. —Debo irme —avisa mirando su reloj, va tarde porque se apresura a salir, pero se le olvida algo—. Ah, y Ariana. —¿Sí? —Sí te vi, de hecho, te vi lo demasiado como para decirte que —hace pausa, acercándose mucho, se acerca demasiado, una de sus manos va a mi cabello, a mi flequillo ya especificando—… este mechón molesto te hace ver mas linda, es fastidioso, pero lucías increíble. Aún luces así. ¿Está hablando de mí? ¿En serio me miró? Elevo el mentón y encojo hombros. —Obvio, hablas de mí, yo siempre luzco increíble. Pero gracias por… —miro mis uñas pintadas con esmalte n***o— notarlo. Me sonríe. —Adiós. —Adiós, lunático. —Nick —lo menciona Kenia. Casi la olvido. Y él también lo hace, es que como no ha hablando como notarla. —¿No te vas a despedir de mí? Con un “Adiós, chica sexy” tengo. —Adiós, Kenia. —se despide y se va despacio. Kenia se entristece de no ser llamada como ella quería. —Ah, cierto —vuelve, qué más se le olvidó—. El sábado paso por ti. Ah, para la salida. —Por nosotras. —corrige mi amiga. —Claro. —Nos vemos el sábado entonces. —deduzco en voz alta. —Nos vemos. —sonríe con emoción. Y cruza la puerta, yéndose con la sonrisa en alto y con la misma sensación de felicidad que siento en el alma. Algunas oportunidades están hechas para vivirse, aunque te niegues mil veces, las vivirás tarde o temprano. Como mi salida con Nick. El lunático que sabía cosas sobre mí y… el chico ardiente amante de las canciones de amor. Ya tocando esos puntos… debía descubrir como Nick sabe tanto de mí y lo haría el sábado. —¿Qué? —le inquiero a mi amiga que me mira expectante. —Espero a que te des cuenta de que el sábado es pasado mañana. —Joder.
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