💜 9 💜

1749 Palabras
—No debí llamarte. —estoy a nada de colgar, pero no lo hago… simplemente mi pulgar no le obedece a esa voz muy débil que grita “Cuélgale, es un imbécil”, mi pulgar escucha a esa curiosa idea de “Vamos a platicar con ese loco a ver si nos sentimos menos solas", y no cuelgo, sigo en la línea. —¿Por qué no me cuelgas? —inquiere y quiero estamparme contra el vitral a ver si con suerte salga sin vida para responderle. —No sé. Estúpido, ¿no? —¿En dónde estabas? —curiosea eliminando la voz de mi cruel subconsciente. —No te debo explicaciones. —Te esperé durante dos largas horas. ¿Qué? —¿En serio? —toso, por poquito y me atraganto con el chocolate. En verdad… me esperó ¿estuvo aquí? Pero… si nuestra salida es pasado mañana. Ya nos habíamos visto en la mañana. —Sí, y no estabas. —algo en mí se apaga por escucharlo triste. ¿Quería verme? No, eso no fue. —Pero… Nos vimos esta mañana, te fuiste con el álbum y no dejaste nada… ¿Porqué volviste? —Por ti. ¡Por la capa de la virgen santísima! ¡Sí vino a verme! —Lo siento, fui a visitar a mi padre. —Eso me dijo Kenia. —ríe inaudible creándome sospechas de que cosas más le dijo. —¿Qué más te dijo esa mojigata? Podía imaginarlos sentados, tomando té y hablando mal de mí. —Nada. —Nick. —insisto murmurando su nombre. —¿Cómo haces para oírla hablar todo el día? estuve simplemente dos horas y me sentía mareado con su voz. Mi risa se presenta en la llamada, me da mucha risa lo que dijo. Kenia no tolera el silencio, de cualquier tipo, todas las clases de silencios le incomodan y ¿Qué hace? Habla hasta por los codos para no sentirse incomoda. Llevo rato riéndome, del celular no sale ningún sonido. —¿Sigues ahí? —¿Puedes seguir riendo? —me descoloca su duda. Me duele el abdomen. No seguiría. —No. —niego recuperándome, y yéndome a sentar en el sofá cama dentro del depósito. Era en donde dormía. —Odios las zanahorias. —¿Qué? Gran forma de cambiar el tema de conversación. —De pequeño soñé que una zanahoria me asesinaba. Bueno, no me asesinó, pero estuvo muy cerca. Wtf. La zanahoria asesina. JAJAJAJAJAJA. Cubro mi boca para que la risa no salga. Seguro era un tema serio. ¿Pero no es muy chistoso? Suspiro con ganas de reírme, pero no, es un momento serio. —Que mal… las zanahorias son nutritivas y… —muerdo mis labios, no te rías— inofensivas. —Anda, ríete. No lo voy a negar, me reí como nunca, me reí por lo estúpido, por lo patético y por imaginar al vegetal persiguiéndolo con un cuchillo. Intentaba dejar de burlarme, pero… la risa volvía y se apoderaba de mí. Llevaba tiempo sin reírme así, con alguien. Reí tanto que lagrimé y mi estómago dolió. Cuando la zanahoria desapareció de mis pensamientos y mi risa poco a poco fue cesando… pude finalmente hablar bien. —Nick. Suspira pesado ¿le molestó? Si me dio permiso para reírme de él. —¿Qué? —suelto acostándome y mirando al techo. —Estaba pensando. —rechista al rato. —¿En qué pensabas? Vuelve a suspirar. Se va a desinflar si continúa suspirando. —En como escucharte reír puede hacer que todos mis problemas se silencien. ¿Porqué sonrío por esa bobada? No, bájale, Ariana, solo le gusta tu risa. —¿Son muchos problemas? —vayamos por otro lado. —Demasiados. Tomo otro bombón y lo como despacio, pensando en que podrían ser sus problemas. Y si son tan graves como los míos. —Entonces tendré que reírme mucho —¿dije eso? Señor, me estoy perdiendo, retráctate—. Eh, reírme de ti, obviamente. Saca unas carcajadas chiquitas pero lindas. Me reiría también pero ya me duele mucho el abdomen. —Tú ríete, no importa si es de mí, hazlo. Bien, no podía refutar eso. —Ok. —voceo sin saber que más decir. Aún con mi teléfono entre mi oído y hombro, uso mis manos para atraer mi laptop y hacer lo de todas las noches. Ver la serie del mes, es un reto entre Kenia y yo, elegimos una serie y verla durante un mes. Enciendo mi laptop, voy a YouTube y doy con el episodio veintidós en mi lista de reproducción. La introducción del programa escandaliza así que bajo el volumen. —¿Qué fue eso? —indaga él, metiche. —Estoy viendo algo en mi laptop. —¿Porno? —Morboso, no veo esas cosas, mente sucia —insulto estrujando mi cara—. Asco. —Si no me dices que ves pensaré que es lo dicho… —La teoría del Bing Bang ¿Ok? —Ok. Me centro en el episodio llamado “La transfiguración del protón”, empiezo mal, ¿el día de Star Wars? Yo solo sabía que se relacionaba con galaxias y una estrella de la muerte. —¿Qué episodio ves? —Veintidós. —¿Temporada? —Siete. Muy cerca del final. Oh, ha fallecido Arthur. —¿Quién es Arthur? —pregunta confuso. —El Profesor Protón —le aclamo—, presta atención, lunático. Aguarden… —¿La estás viendo? —pauso el video. —Silencio —sisea callándome—, me distraes. ¿La esta viendo? Sí. La estaba viendo. Quito la pausa, el episodio continúa, pero no es en ahí donde va la atención, esa está en su risa, ¿les cuento un secreto? He bajado el volumen solo para oírlo, podía ser feliz oyendo su risa por el resto de la noche. No le vayan a decir, solo adoro su risa que… contrasta el silencio que siento. —¡Cielos, se ha cortado la pierna con su sable de luz! —exclama en risotadas fuertes. —Eso fue patético… pero increíble. Como tu risa. Cerebro, no te vengas de estúpido ahora que te necesito más que nunca, por favor. —¿Increíble? Fue épico. —Se descuartizo con un estúpido rayo láser. —minimizo indiferente. No le veo la gran hazaña. —Un sable de luz. —Un rayo láser. —No es lo mismo. —Sí lo es. —No. —Sí. —No. —Sí. —sonrío por ocasionar esta pequeña guerra. —No lo son. —Sí lo son y punto —sentencio—. Ahora déjame ver el episodio en paz. —No lo son. —Joder, que sí. —quizá me sobresalte… pero no fue para tanto. —Silencio, me distraes. Resoplo desfrunciendo mi ceño. El episodio trascurre y aunque de no reír en ciertas partes en otras las carcajadas sobran. La serie es buena… o eso creo. Apenas voy por la séptima temporada y podía decirlo: es una serie que te saca risas. Me reconforta ver los créditos, ha terminado y lo he gozado como se debe. Es un buen programa. Y casi olvido a Nick al otro lado de mi celular, la llamada lleva más media hora. —Ha terminado. —anuncia con voz profunda. Una Kenia dentro de mi cerebro reaccionó a su voz con un “Que sexy" Omitamos eso. Carraspeo volviendo en sí. —Y… ¿Qué tal? —Fue genial —ríe memorando algo—, fue muy chistoso el Arthur Yoda espectro. —Sí, eh… no entiendo esas bromas. —¿No has visto Star Wars? —por su elevado tono creería que se ofendió. —No. —¿En qué clase de mundo vives? —Según el sistema solar… el planeta tierra, el verde con azul ¿puedes hacerte una idea, no? —me encanta mi sarcasmo. Me amo. —Tienes que ver Star Wars. —me amo tanto como a él ignorar mi sarcasmo. —Algún día —bostezo largamente—. Yo me voy a dormir, de hecho, ya estoy dormida. —¿Hablas dormida? —no respondo, estoy cansada y con mis párpados cerrados, ríe—. Entiendo. Yo me haría a dormir, pero…. —Tienes miedo. —le interrumpo jocosa. —Según tú de qué tendría miedo. Fácil. Río un poco por lo que diré. —De que la zanahoria vuelva por ti y termine lo que en aquel sueño no pudo… asesinarte. Río de nuevo, es inevitable hacerlo, ahora las zanahorias eran para reírse. —No —replica, reteniendo su risa—. Tengo miedo de no volver a tener una platica así contigo. —Si no me vuelves a decir cascarrabias esto tendría más posibilidades de suceder. —Esto. —repite divertido. —Sí. ¿Porqué divagamos? —Ya duérmete. —zanjo tallando mis ojos. —Ari. Resoplo. —Dime. —farfullo gruñona. —Cascarrabias. —¡Nick! —vocifero hastiada y cuelga. Me cuelga. A mí. Enojada lo llamo de nuevo. No responde. —Cobarde. —denominándolo así, recibo un SMS de ese lunático. Lunático Buenas noches, cascarrabias. 11:56 pm Un día de estos te apodaré tan feo que me dejarás de llamar así, Nickcito, ya verás los alcances de mi imaginación y sentirás mi ira. Tú espera. Te llegará tu hora. Preparo mi respuesta: Ariana Buenas noches, que sueñes con la zanahoria asesina, ojalá te persiga con un rayo láser y te rebane las piernas. Pd: Que la fuerza te acompañe 12:00 pm Lunático Sable de luz * Pd: Gracias. 12:01 pm Di un gruñido desesperado. Ariana Con una motosierra porque la zanahoria es familiar de Jack el destripador. Pd: De nada. 12:02 pm Lunático ¿Cómo sabes los antepasados de la zanahoria asesina? 12:02 pm Ariana ¿Adivina? Leí su presentación de f*******:. Pd: ¡Hasta luego! 12:03 pm Lunático ¡Eso es mío! Pd: Duerme bien. 12:04 pm Ariana ¡Me vale! Pd: = 12:05 pm Apago mi celular y paso a ver otro episodio de la serie, y mientras el video se cargaba sonreí ¿motivos? Por primera vez en estos seis meses me iba a dormir con el sentimiento de no haber estado sola, de no haber pensado en el desastre que es mi vida o en mis problemas, porque hoy no solo fuimos el silencio y yo, hoy si hubo alguien… y lo mejor fue que… ese alguien sí me esperaba. El lunático de Nick.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR