Los primeros rayos del sol son lo más preciosos que he presenciado en mi pobre vida, ver como el sol se levanta y viene con otras oportunidades para los que dormimos, el sol sí sonríe y lo hace al amanecer cuando todos van tras sus sueños, tras sus promesas y deseos.
—¿Tienes más secretos que develar? —le pregunto con mi vista al mar, que está igual de calmado y sereno que el viento.
—Tendrás que esperar al próximo amanecer para saberlo.
—Cierto —concuerdo, y bostezo—, solo se develan secretos a la brisa del amanecer.
Recojo el hilo de la caña, y trayendo de vuelta el anzuelo veo que la lombriz ya no está. Mendigo pez, alcanzó comer a gratis sin dejarse comer.
—Deberíamos pescar más seguido.
—En un barco de verdad. —agregué.
—En una cita de verdad.
—No. —me niego a tener una cita.
—Sí.
—No tendría una cita con nadie.
—Yo no soy nadie.
—No, eres un lunático. Corrijo. No tendría una cita con un lunático.
—Eso es discriminación.
—Me vale, igual no habrá cita.
Se ríe, no lo comprendo, qué le causa risa.
—¿Qué te parece gracioso?
—Que crees tener la última palabra.
—No creo, la tengo. —sentencio, demostrando que tengo la última palabra en todo.
—Claro.
—Claro —me levanto, estiro mi cuerpo—, vámonos, tengo que ir a despreciar mi vida.
Camino con la caña sobre mi hombro, corre y vamos cabeza a cabeza. Andamos con nuestras caras en alto, el cuerpo erguido, pasos firmes y mentones elevados.
Otro día que empieza con el presentimiento de que todo saldrá bien.
Partimos a la tienda, las calles a las cinco de la mañana no están tan desoladas, están espaciosas y atravesarlas se siente a libertad absoluta. Como un ave pasando por una nube, sí, justo así se sentía.
La tienda, cerrada y a oscuras. Me quito el casco, odiaba esa cosa, demasiado incomodo, bajo con cuidado y dirijo mi mano a el bolsillo trasero de mi pantalón, hallo las llaves y me vuelvo a él.
No se baja de la motocicleta.
—Gracias, fue grandioso pescar contigo, Jirafasaurio.
—No hay de que, enana enojona.
Muevo la mandíbula, quiero ahorcarlo por llamarme así.
—Goodbye. —menciono girándome a abrir la puerta.
—Enana. —me llama.
No reacciono, no mientras me llame así.
—Cascarrabias.
Tampoco.
—Ari.
La puerta abre y lo enfrento.
—¿Qué?
—No te voy a dejar en paz ¿lo sabes, no? —sonríe.
—Y si te doy cien dólares ¿me dejarías en paz?
Me emboba su sonrisa brillante, y el resplandor del su cabello azabache al sol.
—Goodbye, enana enojona. —decreta mi fin, y el fin de esta conversación.
Se ajusta el casco. Y se va, se pierde de mi vista al cruzar la carretera.
Empujo la puerta entrando, se me cae el casco. ¡El casco! Rayos, olvidé entregárselo.
Que tonta.
¿Ves lo que pasa cuando andas de boba? Puras cosas malas.
Tomo el casco y lo dejo en la recepción. Luego se lo regreso.
En unos minutos llegará Kenia.
Masajeo mi cuello, cruje. Estoy cansada, pasé toda la noche sentada en una banca. Quiero dormir. Mis ojos se topan con una calavera, esa que está pintada en el casco. Sonrío, Nick parecía un chico rudo, casi malo, pero, no lo era. Nick es lindo y dulce.
Suspiro yéndome a cambiar. No pretendía atender a clientes en pijama.
—Ojalá Kenia compre café. —desee, requiero de un café para mantenerme de pie.
Enciendo la tele y transmite un programa aburrido, voy al baño para cambiarme, y aunque se me antoja una ducha sé que saldré de ahí después de dos horas, porque eso es lo que me tardo duchándome. Terrible.
Salgo del baño cambiada, mi uniforme no lo he lavado, debería, pero ya será mañana. Mi celular suena en notificación de un mensaje. Lo checo.
Lunático
Ladrona de cascos ¿acaso los coleccionas?
07:38 am
Muerdo mi labio, me echo a la cama.
Le escribo.
Ariana
Y si así fuera ¿Qué? *saca su navaja y le apunta*
07:40 am
¿Agresiva? Desde que lo conozco. No, mentira, siempre he sido así.
Escucho la puerta abrirse, es Kenia, espero, salgo del deposito. Mi celular timbra. Leo su mensaje.
Lunático
No hay porque ser violentos *saca la bandera blanca*
07:42 am
Ariana
Y el Oscar de la paz se lo lleva…. Nick el Jirafasaurio *inserte sonido de aplausos*
07:44 am
Lunático
Oh, gracias, muchas gracias, esto es por ustedes, sin ustedes nada de esto sería posible, la paz mundial es una profesión. *hace reverencias y le dan ganas de llorar, pero no lo hace*
07:46 am
Ariana
Patético *le lanza un tómate que cae en su cara*
07:47 am
Lunático
Ey, más respeto a mi persona *se limpia su guapa cara*
07:47 am
Ariana
Claro, me voy, tengo que trabajar, mi futuro no se hará bonito por si solo, adiós.
07:49 am
Lunático
Volveré por mi casco… algún día me la pagarás y te arrepentirás de haberle lanzado un tómate a mi cara. *tira un polvo mágico y desaparece*
07:50
—Y me pide que le respete cuando después desaparece con bombas de humo —me hace gracia lo que digo—. Patético.
—¿Qué es tan patético que te hace reír?
Me sobresalto, esa no era la voz de Kenia, rápidamente me calmo, era Luca, el exnovio de Kenia, la misma que iba de la mano con él.
—Verdad. Comparte. —ríe mi amiga.
Analizo la unión de sus manos, y las miradas juguetonas que se regalan.
—¿Ustedes no había terminado? —le inquiero a Kenia, recuerdo que la consolé por haberle terminado.
—Sí.
—Dijiste que jamás volverías con este imbécil —miro a Luca, no se ofende por mi adjetivo calificativo para él—. Sin ofender.
—No pasa nada. —resta importancia sonriéndole a mi amiga.
—Volvimos —dice tan enamorada y perdida en Luca, suspira—. Nos dimos cuenta que no podíamos vivir sin el otro.
—Ya para —me tocó la panza—. Ten piedad de mi estómago, que repugnante es tener que volverlos a ver así.
—Quita esa cara de asco, Ari.
—No es una cara, en verdad, creo que vomitaré si se apapachan como pareja de mongólicos. Asco.
Apago mi celular.
—Exagerada —emite Kenia, su semblante se ilumina, memoró algo, entrecierra su vista—. Eres una traidora.
—¿Yo?
—Saliste con Nick.
—¿Cómo te enteraste?
Direcciona si índice a una cosa detrás de mí, el casco encima de las vitrinas en la recepción.
—Ese es su casco —se emociona ideando algo—. No me digas que se quedó a dormir.
—No te digo porque no pasó. Olvidó su casco, eso pasó.
—No estás contando todo.
—Luca de el chisme —le acuso a meter sus narices en la conversación—, es una orden.
—Dado los mandamientos, me voy.
—No, no te vayas —ruega mi amiga tirando de su brazo—, por favor.
—Tengo que ir a trabajar, princesa.
“PRINCESA" Mentalmente muero asqueada.
—Bebé, te voy a extrañar. —enrosca sus brazos a él, Luca hace lo mismo.
—Yo más.
—No, yo más.
—No, sabes que yo más.
—No, yo…
—¡Ay, ya! —me colmaron la paciencia, me robo el brazo de Luca y lo dejo afuera con su cuerpo— ¡Ya vete!
Tiro la puerta.
—Amargada. —musita ella de brazos cruzados.
—Empalagosos. —digo de misma manera.
—Entonces… ¿si saliste con Nick?
—Sí.
Da un grito de emoción.
—¿Cómo fue?
—Normal. —me oculto detrás de una revista vieja de los años de antes de cristo, la revista era vieja, aparecían esos cantantes de rock con peinados pomposos y maquillajes psicodélicos, la banda se llamaba “GRZ".
—Detalles.
—Primero cuéntame cómo es posible que hayas regresado con ese imbécil.
—Le dije que tendría una cita.
—Le mentiste —simplifico—. Es increíble a lo que tienes que sucumbir para volver con él.
—No le mentí, era en parte verdad. Nick también me invitó a salir.
Tenía que estar tomándome el pelo.
—¿Le hablaste de Nick?
—Sí —chilla conmocionada—, tenías que ver lo celoso que se puso, entonces una cosa llevo a la otra, un beso a una reconciliación y pues, ya, volvimos.
—Dicen que la carne es débil, pero tú —regreso a la revista—. Tú no te limitas.
—Ya cuéntame de tu cita con Nick.
—¡Que fue una cita, joder, ya entiéndanlo!
—Aja, sí, claro —habla rápido—. ¿Qué te dijo?
—Qué quieres que te diga exactamente.
—¿Qué hicieron? ¿Qué no hicieron? ¿Fue sexy? ¿Sus labios son dulces o solo es una impresión? ¿Sabe besar? ¿Cómo se siente un beso de alguien con piercing? ¿Es romántico? ¡Quiero que me digas todo sin censurar nada!
—Cálmate. —le sugiero por su bienestar.
—¡Dilo ya!
—Sí, fue bastante bien salir con Nick.
Grita, grita y destruye su garganta a gritos. Salta y se sacude feliz.
Y yo soy la exagerada.
—Lo sabía —recita alegre—. ¿Qué más?
—Pescamos en un parque.
—¿En un parque?
—Sí, ¿loco, no? —asiente y hace seña de seguirle contando, le obedezco—. El parque tiene vista al mar y en una de esas bancas nos sentamos a pescar, me enseñó a preparar una caña, no hablamos, peleamos por todo, fue divertido.
—Que lindo. —suspira.
—Entre palabras y apodos horribles se fue la noche, ya cuando me di cuenta eran las tres de la madrugada. Vi los primeros rayos del sol y aprendí que… la brisa del amanecer devela secretos.
—Que hermoso. —se desinfla.
—Sí, no pesqué nada, tampoco estuve en un barco, pero… fue mejor que eso.
Indudablemente fue lo mejor que he podido hacer. Pescar en un parque con un lunático. Sonrío.
—Que maravilloso. —suspira por tercera vez.
—Juro que si vuelves a suspirar no te cuento lo mejor de todo.
—No, ni respiro —dice tapándose la nariz—. Prosigue.
—Nick sabía que no atraparíamos ningún pez.
—¿Y cuál era la idea?
—Él dijo que… para pasar tiempo juntos. —me hundo en el asiento y cubro mi cara con la revista.
Cierro los ojos ante el bullicio que se arma Kenia solita. Grita celebrando.
—Yo sabía que alguien le gustaría tu insipidez y mal humor.
—Humor n***o —corrijo—, y no cantes victoria, Nick no me conoce a fondo.
—Nada, yo ya los veo casándose ¿y si tenemos una boda doble?
—Claro, y podríamos acordar el día en que tengamos sexo para salir embarazadas al mismo tiempo —hablo tan falsamente, endurezco mi cara—. Se te permite soñar, pero ya pedir es demasiada avaricia.
—Por un momento te creí.
—Ahora a ir por un café.
—Yo voy por ellos. —se ofrece sonriéndome, la veo esfumarse por la puerta, iría a la cafetería en donde trabaja y conoció a Luca.
Esa mujer no lo deja respirar, bueno, y a él le encanta que ella lo asfixie.
La lectura nunca fue algo interesante para mí, pero la biografía de la banda “GRZ" estaba muy buena. Tantos escándalos y especulaciones. Esto si es noticia.
En menos de veinte minutos la puerta se abre y me encuentro con un chico bien vestido, porta traje y maletín.
¿Se habrá perdido?
—Buenos días, ¿se encuentra el Sr. Frizplanck? —pregunta cordialmente, poniendo su maletín en la repisa.
No, no se perdió.
—Buenos días, él ya no trabaja aquí.
—Y tú eres…
—Su hija —le extiendo mi mano—. Ariana Frizplanck.
Estrecha mi mano.
—Un gusto, me llamo Kith, soy el gerente del banco central, me hubiese gustado conocerte en otras circunstancias —reúne sus manos—. Verás, ¿Sabes en dónde puedo encontrar a tu padre?
—Siempre está en casa —medito, es gerente del banco—. ¿Para qué lo busca?
—Asuntos bancarios.
—¿Es grave? —me preocupa.
Exhala abriendo el maletín, halla entre los papeles un sobre, lo abre y me enseña su contenido. Mas papeles. Me los entrega y los analizo a detalle.
Es una hipoteca.
Pero que rayos…
—Como podrás ver, esta propiedad fue hipotecada, han cumplido con los dos primeros pagos, del resto las cuotas están sin cancelar, sacando los intereses de demora de cada una obtienes ese monto. Venía a notificarle que, si plazo se está agotando, si en los próximos días no paga lamentablemente tendremos que embargar la tienda, en el peor de los casos subastarla.
—¿Subastarla? —murmuro estupefacta.
—Solo le faltan tres meses para que el crédito expire.
—Esto no puede ser posible. —susurro sintiendo como el mundo se me venía encima.
—Señorita Frizplanck —lo tengo en mis ojos, espero por soluciones—, tu única opción es vender la propiedad para cancelar la hipoteca. Esa es mi opinión profesional, te recomiendo venderla al banco.
—¿Venderla? —niego rehusada, debe haber otro modo.
Eso jamás.
—Las cuotas son muy altas y no alcanzarás a pagar ni la mitad para cuando el crédito se venza.
En parte es cierto, el dinero que debía mi padre era exorbitante.
Pero no.
No la venderé.
Esta tienda es mi sueño. Y los sueños no se venden.
—Gracias —guardo calma—, me lo pensaré.
—Entrégale esos papeles a tu padre, fue un gusto hablar contigo —cierra su maletín, ajusta su esmoquin listo para irse, tiende su mano, la tomo débilmente—, que tengas un buen día.
Asiento ausente.
El timbre retumba, se ha ido.
¿Cómo conseguiré este dinero?
¿Mis riñones valdrían tanto?
Bufo.
—Necesito un trabajo. —susurro, en conclusión, mi pecho se comprimirse y la cifra del papel salta a mis ojos.
Era demasiado y para nada fácil.
Porqué papá hipotecaría la tienda.
Exhalo considerando los riesgos a afrontar si no llego a pagar la hipoteca.
Me quedaría sin casa, o lugar en el cual quedarme.
Perdería mi sueño.
Y me iría a vivir a la jungla a esperar que Tarzan se apiade de mí. Patético.
—Café descafeinado a la vista. —anuncia Kenia batiendo los vasos de café en sus manos.
Le sonrío, doblo el papel y lo guardo dentro de la revista.
—Tardaste mucho. —recibo mi café, bebo como si quisiera ahogarme en el.
—Luca —lo acusa de su demora—, pero traje galletas.
—Fabuloso —musito tomando la bolsa de galletas, me quedo con unas dos y se las regreso—. Eso de tener un novio que trabaje en una cafetería es más barato de lo que pienso.
—Yes —come de las galletas—, pasó algo.
—Un sujeto que preguntó por calcetines —niego cabeceando—. Turistas.
El día ya refiriéndonos a trabajo estuvo regular, uno que otro cliente, dos compras y una dona. Un tipo pagó con una caja de donas. Como negarme en pleno almuerzo y teniendo el estómago vacío.
Me quito el delantal, resoplo, se suponía que hoy sería un buen día. Tiro el delantal a la basura. Una basura. Eso es mi día.
Dos horas en la ducha me ayudaría a destensar mi cuerpo, es la idea, pero no sucede. Mi cerebro no descansa, por mucho que masajee mis sienes no consigo silenciar mis pensamientos, ni siquiera le presto atención a la tv, solo pienso en soluciones.
Paso mi mano por la cara.
No sé que hacer.
La melodía de mi teléfono se escucha, descuelgo sin ver de quien se trata.
—Si.
—Porqué la voz de funeral.
Mi voz estaba a escalas bajas, al mismo nivel que mis ánimos. Baja.
Ay, Nick, si supieras.
Sonrío. Voz de funeral. Sonrío más.
—Mi día ha sido una completa basura.
—Me lo resumes.
—Necesito trabajo.
Chasquea su lengua. Lo tiene. Pero… ¿Qué ha de tener? ¿La solución? ¿El dinero suficiente para pagar la hipoteca? ¿Me ayudaría a vender mi riñón y conseguir suficiente dinero como para la hipoteca e irme a comprar Las vegas?
Especular es mi pasión.
—¿Te interesa trabajar saliendo conmigo?
Wtf.
—Eso no es un trabajo, estúpido. —giro los ojos, no tenía nada.
Como si pagaran por tener citas. Absurdo.
—Al pagarte se volvería un trabajo. —replica.
—¿Me pagarías por salir contigo?
—Ya lo he hecho, porque no repetir.
Cierto.
—¿Salario?
Siento curiosidad ¿ok?
—Cien dólares por cita.
El billete de cien dólares bailaba seductoramente a mi subconsciente.
Pero ni teniendo cien citas alcanzaba a juntar ni el cuarto de la hipoteca.
—No tienes que pagar para que salgan contigo —le soy sincera—, puedes conseguir una conquista por tus propios méritos.
Nick tenía encantos, no los usaba, solo los tenía. Tenía encantos y potencial para ser el crush de cualquier chica o chico.
—No le pagaría a ninguna chica para que salga conmigo, pero tú necesitas el dinero y yo necesito pasar tiempo contigo.
Ni que fuera oxígeno.
¿Es esto una broma?
—Qué pretendes ¿Eh?
—Contratarte.
—No has visto mi currículum. —excuso con esperanzas de que deje esa idea.
—Con tu presentación de f*******: basta.
Rio, así de súper ha de ser mi presentación de f*******:, y eso que solo consta de cincuenta y seis palabras.
—Estás demente, Nick. —niego riéndome.
—¿Lo tomas o lo dejas? —ajusta su voz a una formal, de locutor.
—Lo tomo.
Espero no arrepentirme.
—Bueno, enana enojona, oficialmente, eres mi chica de citas.
Tachemos ese enana enojada que daña la oración y mi reputación.
Chica de citas. Pero sobretodo… su chica.