CAPÍTULO 10

1813 Palabras
—La próxima luna llena es dentro de veinticinco días, hasta entonces tendremos que quedarnos con ellos, no tenemos otra opción—susurró Olivia al grupo de mujeres reunidas alrededor del camastro de Esme, donde permanecía esta acostada—. Por lo que he escuchado, en este bosque puede haber más animales como el que mordió a Esme o incluso otros carnívoros que podrían atacarnos. Sin la protección de ellos, no estaríamos a salvo tanto tiempo nosotras solas en el bosque si huimos ahora—. Olivia observó como Irene, Lis y Dana se dirigían furtivamente miradas cuando pensaban que nadie las miraban. Sabía qué ocurría con aquellas tres, de las ocho, eran las únicas que congeniaban bien con las parejas que estaban obligadas a convivir y creía que ya habían formado otro pequeño grupo de tan solo ellas tres, dentro del que ya tenían, El Club de las Lobas. Esme observaba a Olivia intentando prestarle atención, pero parecía ser una tarea muy difícil en ese momento. Su cabeza era un torbellino de pensamiento que no la dejaban centrarse en lo que se estaba diciendo junto a ella. Llevó su mano a su corazón para sentirlo, este aún golpeaba su pecho con fuerza, todavía excitado por lo que ese ser le había hecho sentir. Sus ojos dejaron de mirar a Olivia para dirigirse hacia la entrada de la tienda por donde se había marchado hacia poco el que decía ser su compañero predestinado, aún recordando como la había mirado desde allí lleno de pasión antes de marcharse y cómo su estómago se había contraído excitado como respuesta. —Lis dice, por increíble que parezca, que la herida del brazo de Esme ha cerrado y que no hay infección—siguió informando Olivia. —Así es, ambos extremos de la herida se han pegado con bastante rapidez y no hay rastro de inflamación ni supuración, por lo que si todo sigue así, en pocos días podrá mover bien el brazo sin temor a que se abra la herida— confirmó Lis. —¿Cómo es eso posible? Una herida como la que ella tiene, tenía que haber necesitado una operación, ¿cómo unas plantas han podido reconstruir músculos y carne?— preguntó maravillada Irene. —Gonsal me explicó que esas plantas son muy poderosas y que pueden curar muchos tipos de heridas abiertas. Él las llama Sagla. Por lo que sé, estas son capaces de provocar que los tejidos se regeneren en muy poco tiempo y que vuelvan a tener su forma original, pero son ineficaces para curar enfermedades o las heridas internas del cuerpo. Son venenosas si se ingieren y pueden llegar a matar al que se las coma si han ingerido mucha cantidad—explicó orgullosa Lis por poder mostrarle a sus amigas cuanto sabía su pareja sobre medicina. Esme se miró el brazo absorta, aún metida en sus pensamientos. Antes de que sus compañeras entraran en la tienda, ella había intentado apartarse del ser, con la mala suerte que se había mareado al levantarse tan precipitadamente y había caído sobre el estómago de él, que aún seguía acostado en el camastro. “ ¡Acuéstate, aun necesitas descansar!—le había ordenado alzándola sin esfuerzo y volviendo a recortarla junto a él. —No dejaré que nadie te moleste hasta que estés recuperada—. Dicho eso se dispuso a levantarse del camastro dispuesto a impedir que nadie entrara en la tienda. La mano sana de Esme agarró por la muñeca la de él y le impidió que se levantara. —¡No, déjalas que entren, quiero verlas!—exclamó, rogándole con la mirada sin ser consiente de ello, con el corazón latiéndole como loco en el pecho ante el nuevo contacto entre ambos a través de su mano. —Necesitas descansar, aun estás débil y ellas son muy ruidosas— señaló con un dedo terminado en una afilada garra el exterior de la tienda con el ceño fruncido.— Puedes volver a caerte y lastimarte más de lo que ya estás. —Estoy bien, el mareo de antes no es por debilidad, es que me he levantado muy ligera y me he mareado—le explicó deseosa de que la creyera. El ser la había mirado a los ojos intensamente, como intentando averiguar si le estaba mintiendo. Esme no pudo aguantar mucho y apartó sus ojos de los de él por temor a que descubriera cómo se sentía en esos momentos. Entonces él hizo algo inesperado y demasiado humano para ser un monstruo. Con delicadeza, agachó su cabeza y beso su brazo, exactamente en el centro de su vendaje de hojas. —No hagas que me arrepienta de mi decisión pequeña, no te levantes de esta cama— le soltó antes de levantarse y salir de la tienda de campaña. Justo en la entrada se paró y le dedicó esa mirada tan s****l que aún le tenía los sentidos alterados.” —Esme ha tenido suerte de que en este lugar exista este tipo de plantas tan increíbles y de que Gonsal entendiera de curación, sino, no quiero ni imaginar como estaría ahora —comentó Irene preocupada. Ese comentario hizo que el grupo se quedara unos segundos en silencio, todas meditando sobre las palabras de su amiga y por primera vez, pensando que de verdad que sí habían sido afortunadas en varios sentidos, de que los hombres lobos las hubieran encontrado y protegido de los peligros del bosque y de que hubieran curado a Esme. Ante la mención de su nombre, Esme volvió de sus pensamiento justo a tiempo para oír lo que Irene decía. Tenía que reconocer que eran verdad las palabras de su amiga, había tenido mucha suerte de que Gonsal la curara, pero ahí se acababa su fortuna, todo lo demás era como estar metida en una especie de pesadilla, donde los monstruos andaban por todos lados con la capacidad de alterar sus emociones con bastante facilidad. “¡ Eso era, ahora lo veía claro!” pensó exaltada por su descubrimiento. Pasó su mirada por el grupo, hasta detenerse en las tres mujeres, una junto a la otra, que permanecían en silencio a los pies de su camastro, pensativas. Ahora entendía lo que les había ocurrido a esas tres, sus respectivas parejas habrían usado sus increíbles y mágicos encantos contra ellas durante los dos días que ella llevaba enferma y no se habían podido resistir, cayendo en la trampa que les habían puesto para que los aceptaran como sus compañeros. Gracias a Dios ella lo había averiguado a tiempo y ahora podía decirles a todas lo que ocurría de verdad. Respiró profundamente intentando mantener la calma, pero le estaba costando. Por cerca de una hora había estado sometida interiormente a una especie de juicio donde su yo interno había sido muy cruel, haciéndola sentir sucia y enferma por lo que había sentido tan fuerte cerca del ser que decía ser su compañero. Ahora podía excusarse al saber que todo había sido porque había estado sometida a alguna especie de magia que ese hombre lobo tenían en su interior y que había usado con ella para someterla. No quería ni imaginar lo que hubiera pasado si al igual que Lis, Irene y Dana, ella hubiera estado despierta los dos días pasados. Ahora veía que sus amigas habían sido muy fuertes al no haberse entregado a ellos hasta ese momento. Sus ojos miraron a Olivia y las demás que aún habían resistido en rechazar a sus parejas. “¿Cómo lo habían conseguido, acaso sus parejas aún no habían usado con ellas sus mágicos encantos?.” NIRUD. “Maldita sea, ya había pasado un tiempo desde que abandonó la tienda y aún seguía su entrepierna completamente erecta.” Pensó Nirud, acomodando de nuevo su m*****o entre sus piernas mientras se sentaba en una roca, junto a la orilla del río. No podía apartar de su mente lo últimos minutos pasados con su hembra, momento en que su m*****o había estado enterrado entre los suaves muslos de ella y a punto de sumergirse en su interior. —No puedo volver en este estado al campamento, sería vergonzoso —suspiró, desatándose el cinturón de cuero y sacando al exterior su v***a. Tenía la cabeza del glande completamente roja e hinchada por la sobreexcitación que tenía por no haberse desahogado aún. Con delicadeza, pasó sus dedos áspero por la sensible carne roja y tuvo que cerrar los ojos y apretar los dientes ante las fuertes sensaciones entre dolor y placer que le sobrevino. Sus dedos, continuaron deslizándose hacia abajo sobre la dura columna de carne caliente hasta llegar a las apretadas bolas cubiertas de bello más áspero, las cuales agarró con su mano para amasarlas y frotarlas contra su palma. Con su mano libre, agarró con un poco más de firmeza el tronco de su v***a, arrancándose a sí mismo un débil gemido de placer ante el contacto de su sensible carne contra la áspera piel de su palma. Su mente evocó la imagen de los magníficos montículos de los pechos de ella atrapados entre la extraña prenda que los envolvía y de como se apretaban a esta, dando la sensación que se desbordarían por encima de la tela y quedarían libres de sujeción en cualquier momento. La culminación de su placer llegó pronto y con fuerza aún sin haber llegado a deslizar su mano por la longitud de su pene. El semen salió con fuerza, cayendo una parte sobre su mano y otra al suelo entre sus piernas. Nirud dejó caer su cabeza con los ojos cerrado sobre su pecho, disfrutando aún del placer que su cuerpo seguía experimentando incluso después de haber ya eyaculado y que parecía continuar, aunque con menos intensidad que en el momento de la eyaculación. Poco a poco el placer fue desvaneciéndose y su cuerpo relajándose, aunque no su corazón que seguía golpeando su pecho salvajemente. Nirud abrió sus ojos y levantó la cabeza para enfocar su mirada en el río. Esta vez, lo que había sentido al satisfacerse había sido mucho más intenso y duradero que las otras anteriores, antes de conocerla a ella. El placer había sido glorioso, como nunca había experimentado, “¿ese placer es el que se sentía cuándo poseías de verdad a una hembra? ¿Uno más intenso y duradero del qué se obtiene cuándo te masturbas solo?” Sabía perfectamente que había obtenido esa placer de la misma manera que lo llevaba haciendo desde la primera ves que se auto complació cuando era aún pequeño, pero su mente había estado tan llena de imágenes reciente de su hembra, que de verdad pensaba que la diferencia de poseerla en carne y hueso debía de ser igual a la qué había tenido en ese momento, de lo tan real que su mente le había mostrado el cuerpo de ella en sus recuerdo.
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