Extrañar: Echar de menos, añorar, anhelar o recordar a alguien en su ausencia. Reconocimiento interior realmente significativo, con un valor emocional y afectivo que confirma que esa persona ha sido capaz de permanecer en la memoria, captando tú atención y pensamiento.
La luminosidad de la tienda despertó a Esme que abrió los ojos y lo primero que vio fue a su amiga Olivia mirándola desde su camastro a medio metro del suyo.
—Buenos días— le susurró esta alegre.
—Buenos días— contestó con una sonrisa adormilada, cambiando de posición en la cama y colocándose boca arriba. Como cada mañana desde hacía siete días, lo primero en lo que pensó fue en él, pero hoy su sentimiento de tristeza que llevaba acompañándola desde que secuestraron a Mar, había desaparecido, ahora se sentía alegre.
Las voces del exterior le informaron a Esme que Aslam, Dulfo, Kai y Tares estaban despierto y recogiendo el campamento para su marcha. Este último había llegado la noche pasada, comunicándoles las buenas noticias de que Gudo ya estaba casi recuperado y de que traía órdenes de levantar el campamento y llevarlos a todos junto a Nirud y los demás. “¡Por fin volvería a verlo!” gritó su mente muy feliz. Al darse cuenta de lo que había pensado, inmediatamente sacudió su cabeza para apartar ese pensamiento y se corrigió mentalmente, “ ¡Quiero decir que por fin veré a Mar! ”
—Creo que tenemos que levantarnos ya si queremos llegar al otro campamento antes del anochecer— susurró Olivia aún sonriendo, también feliz por la pronta partida y su reencuentro con Mar, aunque en su mente la imagen que aparecía era la de Han.
Esme se levantó de inmediato y miró a las demás, aún dormidas en sus improvisadas camas.
—¡Arriba chicas, es la hora!— Exclamó alzando la voz para despertarla.
La primera en obedecer fue Lis, que se incorporó de inmediato aun medio dormida y se levantó de la cama.
—¡Vamos chicas, despertad que tenemos que irnos!— soltó, desasiendo su cama y doblando las mantas aún con los ojos casi cerrado por el sueño.
Esme y Olivia la miraron sonriendo, comprendiendo que al igual que ellas, Lis también había estado echando de menos a Gons…, es decir, a Mar.
Poco a poco, las demás fueron despertando e incorporándose de sus camas, y cómo había hecho Lis, todas doblaron y guardaron sus mantas en macutos que ellas misma habían fabricados con pieles que les habían dado los demás lobres que habían permanecido en el campamento esos días para protegerlas y cuidarlas. En menos de una hora y media, la tienda de ellas y todas sus cosas estaban recogidas y guardadas para transportarla, los otros lobres se habían encargado de hacer lo mismo con las suyas y las cosas que aún quedaban en el campamento de Han, Gonsal y Nirud. Lo que faltaba de ellos se lo había estado llevando Tares en sus continuas idas y venida de un campamento a otro, trayendo por la mañana información de Gudo y Mar y llevándose por la tarde lo que estos le habían pedido que les llevara. Nunca les informó a las demás sobre el estado de Nirud, Han o Gonsal, bien porque ellas no preguntaban o porque no veía necesario informarles de ellos.
Tares observó mientras los demás ya se marchaban, el lugar ahora vacío donde habían estado acampados por once días y se aseguró que no quedaba nada olvidado de valor, después contempló la hoguera ahora apagada y recordó el día en el que junto a ella sus deseos se hicieron realidad y frente a él apareció Carolina, su compañera predestinada.
—Gracias por vuestro regalo, la amaré y protegeré siempre aún a costa de mi vida.— Juró con gratitud a la Diosa.
—¡Tares ¿que haces? ¡ Vamos que nos quedamos los últimos! — le gritó Carolina molesta por el retraso de este, desde varios metros por detrás de él —¡Si no vienes ya, te juro que me voy y te quedas solo!
—¡Me esperaste!— exclamó Tares lleno de felicidad al verla allí y que no se había marchado con los demás. Y corrió hacia ella brincando como un cachorrito, moviendo su cola de contento. Ni el peso de todas las cosas que transportaba a su espalda impidieron que él saltara de esa manera.
—¡Tonto!— le soltó Carolina al verlo mientras se daba la vuelta y se alejaba con el corazón golpeando con fuerza su pecho. Ahora que él no la veía, sus labios se estiraron en una enorme sonrisa de felicidad al saber que ella lo había hecho muy feliz.
Nirud observó alerta a su alrededor con los pelos de su espalda de punta. Su instinto se había activado y le estaba avisando de un peligro inminente.
—El bosque está en silencio— susurró Han por su izquierda, acercándose a él en actitud alerta.
—Hay algo ahí que nos observa, puedo sentir su mirada sobre nosotros— Informó Gonsal uniéndose a ellos dos sin dejar de mirar a su alrededor.
—Gudo y Mar están solos— Señaló Han preocupado.
Así era, pensó Nirud. Gudo, ahora que podía caminar, había querido ir a bañarse al río por primera vez desde el día de la pelea y Mar, que no se despegaba de él prácticamente para nada, había ido con él para, según ella, cuidarlo de que no le ocurriera nada malo. De eso hacía ya un buen rato y estaba anocheciendo, por lo que no deberían de tardar en volver.
—El animal tiene su atención puesta en nosotros, Gudo y su compañera están a salvo— soltó Gonsal sin apartar su mirada de un punto del bosque, donde le había parecido ver moverse algo detrás del tronco de un árbol. —Creo que acabo de verlo justo delante de mí, a unos cincuenta cuerpos de distancia.
—¡Preparaos para la pelea, son varios y no son animales!—exclamó en un gruñido Nirud, después de ver una sombra con forma de lobre, desplazarse y ocultarse entre los árboles mucho más cerca que la distancia que había dicho Gonsal.
—¿Cuánto queda? Está oscureciendo y me da miedo estar andando por este bosque a oscuras— se quejó Carolina. Ambos, Tares y ella iban a la cabeza del grupo, él guiándoles a todos, era el único que sabía dónde estaba el campamento donde los esperaban los demás.
—Ya casi estamos, está justo allí delante…
De pronto Tares se paró con la mirada puesta en una huella de lobre en el suelo y olfateó el aire con los pelos de su espalda de punta. Sus compañeros al verlo se pusieron en guardia e hicieron lo mismo que él, intentando identificar el peligro.
—¡Todas detrás de mí!— Ordenó sin apartar la mirada del bosque, justo por delante de él. Los demás lobres inmediatamente se colocaron a su lado, protegiendo con sus cuerpos a las lomus de la amenaza que tenían delante.
Las mujeres, alarmadas por la actitud de los lobres, obedecieron sin preguntar, cogiéndose entre ellas las manos para confortarse mutuamente.
—¿Qué pasa?—susurró asustada Paloma mirando a su alrededor pagando el cuerpo al de sus compañeras.
—Creo que han olido a algún animal peligroso.— Susurró Esme, también asustada, sin apartar sus ojos del lugar que miraban los hombres lobos.
—No es un animal, es un lobre—las corrigió Tares que había escuchado la conversación— Él está ahí, justo delante nuestra.
Inmediatamente todas miraron con sorpresa en la dirección indicada.
—¡Será Han o Nirud o puede que Gonsal, que han venido a buscarnos!— exclamó Lis emocionándose ante la perspectiva de que fuera Gonsal.
–¡Ssshhshh! — las mandó callar enfadado Aslam. —¡Silencio! No es ninguno de ellos, es un intruso.—
Todas se volvieron a alarmar y recordaron que el secuestrador de Mar estaba libre por ese bosque y que posiblemente fuera él quien los acechaba escondido allí delante.
De repente, un fuerte aullido de llamada salió desde el mismo lugar que todos miraban y los lobres supieron que el intruso no estaba solo y que acababa de llamar a sus compañeros para que se reunieran con él.
Un aullido cercano de llamada desconocido salió del bosque y Nirud observó alarmado, cómo el lobre que se ocultaba entre los árboles se retiraba.
—¡Se retiran!— exclamó estupefacto Gonsal, observando alejarse a un total de seis intrusos que habían dejado de ocultarse en cuanto se escuchó el aullido.
—¡Han descubierto a nuestras compañeras! — Gritó furioso Nirud lanzándose veloz en persecución de los intrusos, seguido de Han y Gonsal.
—¡Tenemos que irnos antes de que vengan los otros y llegar al campamento!— Ordenó Tares en voz baja para que el intruso no lo escuchara. Nirud lo había dejado al mando de ese grupo hasta que todos se reunieran y no pensaba desfraudarlo, ni infringirse él un dolor por su pérdida, dejando que le quiten a sus compañeras, porque estaba seguro que de eso se trataba todo aquello. La actitud que había demostrado el intruso denotaba que se regía por un plan elaborado y que no se había encontrado con ellos por casualidad, había estado oculto esperándolos. Y solo había una razón para que hicieran aquello, lo único que ellos tenían que pudieran querer otros lobres eran sus compañeras. —¡Kai, Dulfo, ir en cabeza y que las lomus os sigan, Aslam irás conmigo cerrando el grupo!— prosiguió ordenando. Los lobres obedecieron en el acto y se colocaron en sus respectivas posiciones.—¡Ustedes correr detrás de ellos y no paréis por nada, si alguna cae yo la levantaré y os seguiremos!— informó a las mujeres—¡No os separéis! ¡¡ Kai, Dulfo, corred ya!!— Ordenó.
—¡Ya no puedo más!— jadeó asfixiada Paloma parando la carrera e intentando respirar.
—¡No pares, tenemos que seguir!—exclamó Esme cogiéndola del brazo y estirando de ella para que volviera a correr.
Tares y Aslam, que iban detrás de ellas, se detuvieron a su lado y ambos miraron a sus espalda, por el lugar que habían pasado.
—¡Hay que continuar, aún nos sigue!—les informó Aslam, cogiendo del otro brazo a su compañera y estirando de ella.
—¡No puedo más, iros sin mí!—sollozó Paloma agotada muerta de miedo mirándolo.
—¡Te he dicho muchas veces que jamás te dejaré!— exclamó Aslam, colocándose de espalda delante de ella e inclinándose hacia delante.—¡Date prisa y sube, yo te llevaré!—
Esme los vio marcharse llena de asombro, Paloma montaba a Aslam a caballo y éste corría a cuatro patas por el bosque como si no llevara encima casi cien kilos de más.
—¡Vamos, tenemos que seguirles!—la apremió Tares dándole un pequeño empujón en el hombro.
Esme lo miró esperanzada.
—¿Por qué no me llevas igual…
—¡Ni lo pienses, no estoy tan loco como Aslam!— le soltó, cogiéndola del brazo y comenzando a correr arrastrándola detrás de sí.