CAPÍTULO 19

1926 Palabras
Derrota y salvación. Gudo observó a su rival intentando ocultar su miedo y supo que ese día moriría, no tenía ninguna oportunidad de ganar esa batalla. —¡Vete ya!— Le ordenó a Mar sin apartar la mirada del otro lobre. La orden sacó a Mar de su asombro por verlo e hizo que se subiera las mayas deprisa mientras se levantaba para obedecerlo lo más ligera posible. Sorac evaluó a su contrincante y supo que no era un rival para él. Era un lobre joven y perteneciente a los Clanes de Este, descendientes directo de la Diosa. Se sabía que gracias a su parentesco con ella, los descendientes de estos Clanes habían sido bendecidos con una inteligencia y agilidad superior al resto pero también por culpa de esa mezcla, sus cuerpos eran más pequeños y menos musculosos que el resto de Clanes. En una lucha de cuerpo a cuerpo contra ellos, el vencedor siempre sería aquel que la apariencia de su cuerpo se asemejara mas a la primera r**a, aquella que existía antes de la llegada al planeta de la Diosa. Una sonrisa de superioridad asomó en el lobuno hocico de Sorac. Aunque el tenía algo de la mezcla de la Diosa en su cuerpo, no era tanto como la que tenía su rival. Mar dirigió una mirada de agradecimiento a la espalda de Gudo e inmediatamente se marchó, corriendo tan veloz como le permitían sus piernas, sin importarle que dirección estaba tomando. Gudo la escuchó marcharse y parte de su miedo se disipó al saberla a salvo, ahora tan solo tenía que aguantar la lucha lo suficiente para darle a ella la ventaja de alejarse de ellos y de que Nirud y los otros la encontraran en el bosque, porque a pesar de saber que iba a morir en manos del otro lobre, no pensaba hacerlo sin ocasionarle a su rival heridas graves que le imposibilitara ir tras ella. —¡Da igual que huya, pienso encontrarla de nuevo y esta vez nadie me va a detener de hacerla mía! —lo provocó Sorac con sorna. Sus palabras encendieron de nuevo la ira de Gudo, pero se contuvo de atacarlo, necesitaba que sus músculos descansaran el mayor tiempo posible. A pesar de tener la fisionomía en contra, también estaba el hecho de que se encontraba físicamente agotado, llevaba corriendo desde antes del amanecer y ahora era medio día. —No sé si lo sabes — le informó Sorac con una sonrisa provocadora — pero esa lomu tiene un culo que es una maravilla y cuando le he metido mi v***a por su agujero, este estaba tan apretado… Con un grito de furia, Gudo se lanzó de un salto sobre el cuerpo de su rival, que esperaba su ataque de un momento a otro. No pudo llegar a él. Su cuerpo fue derribado al suelo de un zarpazo que recibió en el hombro antes de tan siquiera tocarlo. A continuación sintió como era alzado de nuevo y lanzado contra un árbol. Mar dejó de correr al escuchar el grito de dolor de Gudo detrás de sí y miró en la dirección por la que había huido con el corazón latiéndole desenfrenadamente. —Gudo— susurró con temor, sabiendo que algo malo le estaba pasando.” Ahora no podía continuar huyendo sabiendo que él estaba sufriendo por su culpa, al igual que había hecho él, ella tenía que intentar ayudarlo”, se dijo dispuesta a volver en ese momento. “¡¡Vete!!” Le gritó de pronto otra parte de su mente. “¡¡ Tú no puedes ayudarlo, el otro te volverá a coger y te violará!!” El miedo que había vivido momentos antes, volvió con fuerza destruyendo el poco valor que había acumulado desde que Gudo apareció y le hizo sentir segura. “Es Gudo, tu compañero predestinado, el único que ha venido a salvarte” le informó la primera voz de su cabeza, la que se mostraba más calmada. —¡Maldita sea, no puedo marcharme y dejarlo!— se gritó comenzando a llorar de miedo y corriendo temblorosamente de vuelta por donde había huido. Sintió la dentadura de su rival hundirse en su hombro antes de que volviera a levantarlo y estrellarlo de nuevo contra el suelo. La sangre empañaba su visión y casi no veía nada, cada vez que lanzaba un golpe fallaba y sus garras rasgaban el aire sin encontrar a su presa. Creía de verdad que podría retrasarlo e herirlo, pero ahora solo veía que lo único que podía hacer era aguantar vivo todo lo que pudiera para que ella se alejara lo más posible de ese lugar. “¡Por favor Diosa, dame la resistencia necesaria para retenerlo lo suficiente hasta ella esté a salvo de él! Suplicó, antes de que las garras de su oponente se hundieran en su abdomen, arrancándole un gemido de dolor. —¡¡¡ Noooooo!!!— El grito de horror y desesperación que se escuchó hizo que Sorac se detuviera antes de lanzar su último golpe a la garganta de su contrincante. Miró sorprendido en la dirección por la que había venido el grito, la lomu había regresado y estaba a unos cuatro cuerpos de ellos. —¡¡¡No, paraaa!! — Ordenó Mar con horror ante lo que veía. Gudo estaba destrozado, su cuerpo estaba completamente cubierto de sangre y sus ropas hechas pedazo. Mar podía verle mordeduras casi por cada m*****o de su cuerpo. Sorac sonrió por la estupidez que acababa de cometer esa lomu al aparecer por allí de nuevo. —¿Por qué quieres protegerlo? Él no es digno de ser tu compañero, te ha mentido para retenerte a su lado hasta la luna llena. Yo los escuché, quieren que no sepáis que podéis negaron a ser sus compañeras.— Le soltó con malicia, esperando que la lomu se enfadara por el engaño y rechazara al otro. —¡Me da igual, déjanos y vete!— gritó con voz desgarrada Mar sin apartar la mirada de Gudo y sin atreverse a acercarse a ellos por miedo al otro ser. La contestación de la lomu provocó que su cuerpo ardiera de ira. Con odio y maldad miró al lobre que yacía medio muerto bajo sus piernas pero que aún tenía fuerza para mirar a la lomu con horror, con la intención de acabar con él en ese momento. “Le daría una lección a esa Lomu. Ese día aprendería a que jamás tenía que volver a enfadarlo.” Pensó, levantando más su brazo para que el golpe final fuera tan mortífero como para separar la cabeza del cuerpo de su rival. —¡¡¡Noooooo!!— gritó Mar horrorizada al adivinar por la mirada de odio de su secuestrador que pretendía con ese golpe acabar con la vida de Gudo. Algo grande, oscuro y veloz pasó pegada a ella por su derecha en dirección a los combatientes, derribándola al suelo cuando la rozó. En un abril y cerrar de ojos, él caos se formó delante de ella y el lugar se llenó de gruñidos, golpes y sonidos de lamento animal. Delante de ella se estaba desarrollando una infernal pelea entre su secuestrador y otro ser que acababa de llegar. El nuevo había estrellado su cuerpo contra el de su captor, lanzándolo a uno dos metros de distancia de Gudo y se había vuelto a arrojar sobre él atacándolo salvajemente. —¡¿Estás bien?!— Le preguntó alguien a su lado, asustándola porque no se esperaba que hubiera otro de ellos. —¡Tranquila, soy Han!— le informó al verla encogerse de miedo. Fue ahí cuando lo reconoció y también supo quién era el otro que pasaba por detrás de él en dirección a Gudo. Era Gonsal, el médico de ellos. Entonces miró deprisa a los dos combatientes que seguían enredados en la pelea, lanzándose golpes, zarpazos y mordisco. —Nirud— dijo en voz alta al reconocerlo. —Si— confirmó Han al seguir su mirada— ¡Ayuda a Gonsal, Nirud me necesita!— le soltó levantándose de un salto y corriendo hacia la pelea. Mar lo vio lanzarse sobre el cuello del agresor y moderno. El otro ser lanzó un fuerte quejido de dolor, liberando el brazo de Nirud de entre su mandíbula y dejándolo libre. Nirud aprovechó el momento de debilidad del otro para golpear y desgarrar el costado de su rival. Lleno de dolor y sabiéndose derrotado, Sorac se dejó caer de rodillas con un brazo intentando proteger su abdomen y con el otro agarrando la cabeza de su agresor que estaba en su cuello para que este no la sacudiera y lo desgarrara aun más. —¡Dejarme vivir, os lo suplico!— rogó con voz lastimera. Mar contemplaba con horror el cuerpo de Gudo lleno de desgarradores heridas y tuvo la seguridad de que lo perdería para siempre. Por su mente comenzaron a pasar imágenes de él de esos dos días que habían pasado junto. En todas él le sonreía, era cariñoso y la cuidaba. Recordó sus dos noches pasadas con él y sus intentos torpes por seducirla. Ahora, mientras recordaba, no sintió el rechazo y repulsión por él que había sentido en esos momentos, todo lo contrario, su corazón estaba desgarrándose dentro de su pecho al saber que lo perdería. —Vete y no vuelvas— Escuchó decir a Nirud en tono amenazante.— Si nos volvemos a encontrar, te mataré— Mar miró sobresaltada en dirección a los otros tres, sin querer creer lo que Nirud acababa de decir. Sorac se levantó con mucho esfuerzo y sin ningún tipo de ayuda por parte de los otros dos, agarrándose sus profundas heridas. Agachó su mirada en señal de sumisión y comenzó a alejarse de ellos. —¡No podéis dejarlo ir, tenéis que matarlo!— gritó Mar con ira y llena de dolor, señalando al que la había secuestrado, casi violado y le arrebataría de su lado a Gudo. El otro ser siguió alejándose de ellos a su dolorido ritmo, sin siquiera inmutarse por los gritos de ella y adentrándose cada vez más en el bosque. Nirud y Han la miraron sorprendidos, incluso Gonsal paró por un momento de curar a Gudo para mirarla de la misma manera que los otros. —¡No podéis dejar que se marche, él le ha hecho esto!— volvió a gritar desesperada, señalando a Gudo que yacía inconsciente en el suelo. —Se ha rendido, no podemos matarlo — le señaló Gonsal con calma. Mar lo miró airada. — ¡Y qué más da que suplicara, él tiene que pagar con su vida lo que le ha hecho a Gudo! ¡Yo le supliqué que parara y no me hizo caso, ¿por qué ustedes no habéis hecho igual?!— les chilló a todos ellos llena de ira. —Porque no somos unos asesinos como él— soltó Nirud, interviniendo y acercándose a Gudo agarrándose su sangrante brazo— nosotros respetamos la vida y jamás se la quitaremos a un ser indefenso! ¿Cómo está?— preguntó a continuación a Gonsal, dando a entender que daba por terminada las quejas de Mar. —Muy mal, sangra mucho por todas sus heridas, si no las tapo y detengo la sangre, morirá antes de que se haga de noche— explicó Gonsal mientras tapaba una herida del brazo con una hoja de la planta a la que llamaban Sagla, la misma que había utilizado con las heridas de Esme.
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