desesperación de Gudo.
Tares apartó la mirada del palo con el que se afilaba las garras y la centró en la tienda de campaña que tenía justo a su derecha, por la que en ese momento estaba saliendo Gudo. No quedaba mucho para el amanecer, pero podía decir sin temor a equivocarse, que sus compañeros al igual que él, no habían dormido nada. Llevaba toda la noche viéndolos asomarse de sus respectivas tiendas para mirar con pena la que dormían las Lomus. Los comprendía muy bien, prácticamente él llevaba haciendo lo mismo todo su turno de guardia.
Gudo se acercó a él pensativo y cabizbajo y se detuvo a su lado, contemplando el fuego en silencio y meditabundo.
—Será mejor que intentes dormir, esta noche te toca hacer guardia y estarás cansado si no lo haces— le aconsejó Tares.
Gudo siguió contemplando el fuego sin mostrar signo de haber escuchado a su compañero. Tares se encogió de hombros y volvió a continuar limándose las garras.
—Todas las demás cogieron la comida que le llevasteis, ¿por qué mi compañera no aceptó la mía y parecía estar muy enojada conmigo?— preguntó de pronto Gudo. Tares paró lo que estaba haciendo y lo miró.
—Quizás no le gustaba la carne que le llevaste —sugirió.
—No, no es eso, escogí uno de los mejores trozos de la barriga del Odrec para llevárselo porque sé que esa parte le gustó mucho cuando la comió ayer por primera vez.—
—Puede que dijeras o hicieras algo para enojarla cuando entraste en la tienda para darle la comida — comentó pensativo Tares.
Gudo observó la hoguera pensativo, analizando sus recuerdos de ese momento y contemplando la posibilidad que acababa de sugerirle su compañero, de haber enfadado a su Lomu sin saberlo.
—No puedo dormir en este momento— le comunicó a Tares después de haber estado unos minutos en silencio —Iré a inspeccionar los alrededores por si consigo alguna presa— y se marchó en dirección a la tienda de las lomus.
Tares lo observó pensativo desaparecer entre el pasillo de la tienda de Dulfo y la de su Alfa, que ahora pertenecía a las Lomus. “¿Qué había hecho Gudo para enfadar a su compañera y que esta estuviera también despierta aún a media noche?” se preguntó sintiendo curiosidad al recordar que también la había visto esa noche asomarse por la entrada de su tienda.
Una vez fuera de la vista de Tares, Gudo se acercó a la pared de tela de la tienda que lo separaba de las lomus, y escuchó con atención, esperando percibir cualquier sonido del interior que le informara de que estaban despierta, pero lo único que recibió como respuesta fue el silencio. “Al parecer tenía que esperar a la mañana, cuando despertaran, para preguntar a las demás Lomus el motivo del enfado de su compañera”, pensó, reanudando la marcha en dirección al bosque. La aptitud de su pareja le había dejado claro que no pensaba contárselo ella misma.
El olor de ella golpeó sus fosas nasales, sacándolo de sus pensamientos y provocó que su corazón se saltará un latido al identificar en el aroma de ella el miedo. Nervioso, siguió su rastro hasta el linde del bosque, donde una mancha húmeda en el suelo que contenía su olor, le hizo saber que ella se había desahogado allí. De pronto, otro olor más fuerte llegó a su nariz, provocando que los ásperos pelos de su espalda se irguieran en actitud defensiva al reconocer en él el aroma de otro Lobre donde había estado no hacía mucho su compañera. Con el cuerpo tembloroso por el miedo, lanzó con fuerza al aire su aullido de alarma.
El primero en llegar al lugar fue Tares, seguido de cerca por Nirud y los otros.
—¡¡Se la ha llevado y allí le ha pegado hasta hacerla sangrar!!— exclamó Gudo con horror saliendo del bosque, señalando detrás de él. Con voz entrecortada les contó con prisas lo que había descubierto. —¡Más adelante hay huellas de una lucha y la sangre de ella mancha el suelo donde su cuerpo calló tumbado!—
—¡¿Dónde está Mar?!— gritó Esme asustada desde detrás de los lobres, con el aliento entrecortado por haber corrido.
Todos se dieron a vuelta para descubrir que el resto de las lomus estaban detrás de ellos con las caras asustadas. Ninguno las había escuchado acercarse, de lo concentrado que estaban en lo que contaba Gudo.
Nirud se abrió paso entre sus lobres hasta pararse frente a Esme y las demás.
—¿Cuánto tiempo hace que salió vuestra compañera de la tienda?— preguntó Nirud con el seño fruncido ignorando la pregunta de ella y recordando lo ocurrido en la tienda esa tarde, dispuesto ahora a saber la verdad. Por fin ahora sabía lo que pasaba cuando entró en la tienda y todas actuaban raro, ahora se daba cuenta de que Mar no había estado entre ellas.
Esme miró a sus compañeras y les preguntó con prisas.
—¿Alguna la vio salir?— Todas negaron con la cabeza, mirándose entre ellas. Esme miró a Nirud asustada. —¿Pueden haber entrado en la tienda y haberla secuestrado mientras dormía?— preguntó, sabiendo que otro ser se la había llevado. Todas dentro de la tienda habían escuchado el aullido y se habían despertado asustada para momentos después escuchar a Gudo contar que se habían llevado a Mar.
—No, lo que está claro es que ella estaba fuera de la tienda, hay rastro de su orina que así lo indica — la contradijo Nirud, dándose cuenta que sus bruscas palabras parecieron avergonzar a su compañera.
—Además, se que ella estaba despierta a eso de la media noche, la olí y la vi asomarse por la entrada de la tienda, pero al no verla salir, pensé que se había vuelto a dormir —explicó Tares sintiéndose culpable sin saber que podría haber hecho para remediar la situación en la que se encontraban.
Nirud miró el cielo con el seño fruncido.
—¡Quién se la ha llevado nos lleva mucho tiempo de ventaja, Han, Tares, Gudo…
No terminó de dar la orden cuando se dio cuenta que no había rastro de Gudo por ningún lado.
Su visión se había vuelto borrosa, tan solo el olor de ellos lo guiaba en su loca carrera por el bosque. No se atrevía a pensar en su compañera por temor a que lo abandonaran las fuerzas por el dolor de imaginarla herida, para que eso no le pasara, estaba centrando todos sus pensamientos y rabia en el lobre que se la había llevado. Pensaba destrozarlo cuando lo atrapara, hundirle sus colmillos en la garganta y clavarle sus garras hasta partirlo en dos, pensó lleno de odio y rabia, porque sabía que los atraparía a lo largo de la mañana por las huellas encontradas. El secuestrador cargaba en peso con su compañera, su marcha sería más lenta y él recorrería la distancia que los separaba en menos tiempo del que otro le había llevado.
El dolor de su cuerpo y sobre todo el de su frente le hizo abrir los ojos y deseo no haberlo hecho cuando reconoció al ser que la miraba con una terrorífica sonrisa llena de afilados dientes, frente a ella. Era el mismo ser más animal que humano que le había atacado antes. A diferencia de Gudo y el resto de los otros, este ser era más grande y corpulento, con un rostro más animal. Su nariz y boca sobresalían como lo haría la mandíbula de un lobo y su rostro estaba cubierto de pelo corto y n***o, a diferencia de Gudo, que lo tenía liso y su nariz y boca eran ancha, pero humanas. Asustada, Mar Intentó escapar de nuevo, pero el ser la retuvo en su sitio cogiéndola por los hombros y volviendo a pegarle la espalda al árbol que le había servido de apoyo mientras estaba desmayada.
—Si no quieres que te posea ahora mismo, no me provoques de nuevo, me excita demasiado tus débiles intento de luchar contra mí —le regañó burlón mirándola a los ojos.—Cuando nos alejamos un poco más de tú campamento, dejaré que lo intentes todas las veces que quiera, incluso si quieres te daré ventaja para que huyas, pero ahora no es el momento, tengo que volver a tapar la herida de tu cabeza.
Mar se llevó por impulso la mano a su frente, encima de su ojo derecho, justo en el lugar que le dolía y notó bajo sus dedos su piel abierta. Con cuidado porque le dolía, siguió los contornos de esta y supo que tenía una brecha de unos tres centímetros de largo.
Con terror, miró a los ojos del ser que estaba sobre ella, recordando su último recuerdo cuando estaba siendo golpeada en la oscuridad del bosque por él, después de eso no había nada más en su mente hasta ahora. La luz del día que los rodeaba le informaba que llevaba mucho tiempo desmayada y posiblemente muy lejos ya de sus amigas. ¡Estaba sola, nadie la salvaría!
—¡No me hagas daño!— Le suplicó con voz entrecortada por el llanto, a punto de llorar.
El ser se río delante de su cara, como si su suplica fuera muy graciosa para él.
—No lo haré, por ahora, si te portas bien.— Contestó este.
Mar sintió instantáneamente alivio al escucharlo.
—Pero no te puedo prometer eso cuando me libre de la amenaza de ser perseguido por tú Clan.— Soltó riéndose mientras acercaba a su frente una pasta verde y se la juntaba sobre su herida mientras ella lo contemplaba con los ojos bien abiertos por el miedo ante el significado de sus palabras.
Una vez que terminó y la pasta quedó adherida y tapando la herida, el ser se levantó y la obligó a hacer lo mismo, sujetándola por reflejo, para que no callera al suelo cuando las piernas de ella le fallaron.
—Sé que eres más fuerte que cualquier otra Lomus, por lo que no te servirá de nada hacerme creer que eres débil. Si me obligas a ir lento, me obligaras a castigarte y tú no quieres eso, ¿verdad?—le dijo molesto, cogiéndola del brazo con brusquedad y acercándola a su pecho amenazador.
Instintivamente Mar lo empujó con fuerza para separarlo y al ver la cara entre asombro y enfado del ser cuando su cuerpo retrocedió un paso debido al empujón de ella, supo que sin quererlo, lo había vuelto a enfadar. Movida por su instinto y el terror a ser golpeada de nuevo, se soltó con brusquedad de las garras que la sujetaba del brazo y salió corriendo todo lo veloz que pudo en dirección contraria, sorteando árboles y arbusto, con lo único en mente de escapar de ese terrorífico ser.
Gudo escuchó sus gritos de dolor antes de verla y la desesperación por llegar a ella le dio a sus músculos cansado, la fuerza que necesitaba para incrementar la velocidad.
Otro fuerte golpe en su espalda la volvió a derribar de dolor cuando intentó de nuevo incorporarse del suelo.
—Te lo advertí, si no quería que te poseyera en este momento, tenías que portarte bien.— Escuchó que le decía mientras lo sentía meterse entre sus dos piernas.
“¡No podía respirar!” Su mente entró en pánico ante la impotencia de obtener aire debido a los golpes en su espalda y volvió a intentar levantarse a pesar de saber que sería golpeada de nuevo. Sus zarpas la agarraron por la cintura, buscando el elástico de sus mallas y se las bajó con brusquedad. Asfixiada, sin lograr respirar, intentó con una mano subirse las mallas mientras con la otra intentaba ponerse de rodillas para levantarse y escapar. La parte superior del cuerpo del ser calló sobre ella de golpe, obligándola a caer hacia delante a cuatro patas.
—¡Esto es mejor de lo que me imaginaba!— gruñó en su espada mientras con una mano la retenía por la cintura y con la otra la posaba posesivamente sobre el culo de ella, deslizándola por el cachete hasta introducir sus dedos entre la ranura que había entre los dos montículos y la detenía justo sobre su ano.
Mar comenzó a sacudir su cuerpo llena de asco y miedo, para apartar de ella la mano del ser, entre medio de fuertes inspiraciones para obtener aire.
—Eres tan suave que estoy seguro que mi v***a se meterá en tu interior con rapidez, sin necesidad de juntarme savia, y eso me encanta, no soporto el olor que deja esa cosa en mi aparato después de la cópula.— Gruñó, acercando sus caderas a ella.
Mar sintió desesperada su erección entre los cachetes de su culo mientras luchaba por separarse de él y huir, sin conseguirlo.
—¡Eso es, lucha contra mí!— lo escuchó decir excitado a la misma vez que sintió presión en su ano.
—¡¡¡Noooooo!!!—gritó con dolor y horror al sentir su v***a comenzar a meterse en su interior.
Algo golpeó al ser que lo derribó de costado, arrastrando a ella con él.
Aturdida por el brusco movimiento que la había tirado y confundida por el ruido de pelea que se escuchaba detrás de ella, Mar se sentó en el suelo y miró detrás de ella.
Dos grandes fieras mantenían entre ellas una feroz batalla a vida o muerte. Uno era el ser que casi la viola, la otra era…
De pronto los dos seres se separaron, el ser maléfico que la había secuestrado estaba de frente, a unos tres metros de distancia y el nuevo ser que había llegado y salvado de la violación se había colocado delante de ella, protegiéndola del otro con su cuerpo. Mar miró su figura que le daba la espalda con estupefacción y a la vez exaltación al reconocerlo.
“¡Gudo había ido a rescatarla!”