El rapto.
La olía. Su aroma estaba impregnado en la corteza del árbol que en ese momento lo ocultaba junto con la oscuridad de la noche de ser descubierto por los lobres del campamento. Justo dónde estaba ahora y no hacía mucho de ello, una lomu se había escondido al igual que estaba haciendo él. “¿Podría ser qué hubiera escapado de ellos?” pensó con excitación ante la perspectiva de que una de ellas estuviera sola en el bosque, ahorrándole el tener que secuestrarla del interior de la tienda de campaña que tenía justo delante.
Dispuesto a encontrar el rastro de ella que le dijera por dónde se había marchado, Sorac el desterrado, olfateó todo el espacio cercano al árbol, sin encontrar nada que le indicara la dirección que había tomado para alejarse de allí. Confundido ante la inexistencia de olor, optó por inspeccionar la tierra alrededor del árbol en busca de las huellas de la lomu.
Se hacía pipí, no podía aguantar más. Mar se incorporó de nuevo en su camastro y miró otra vez esperanzada a su alrededor, esperando encontrar esta vez a una de las muchachas despierta para pedirle que le acompañase al exterior, pero todas parecían seguir estando dormidas.
A causa de su enfado no había aceptado comer, al contrario que sus compañeras, la carne que le había traído Gudo a la tienda esa noche y por el contrario, había intentado calmar su hambre bebiendo el agua que contenía lo que ella creía era una calabaza de color roja y alargada, que se enroscada hacia el interior en forma de espiral y que estaba colgada de un gancho en el techo de la tienda, cerca de la entrada. Por ese motivo, ahora no podía aguantarse el pipí y tenía mucha hambre. Tampoco había aceptado que sus compañeras compartieran con ella sus raciones traídas por sus respectivos supuestos compañeros después de que Irene le reprochara no haber aceptado por cabezonería la que le había traído el suyo y que por ello perjudicara a las demás, que tendrían que pasar hambre esa noche al tener que compartir con ella las suyas.
Los ojos de Mar se dirigieron con enfado al camastro de la que ella creía era la culpable de su hambre, aún escociéndole las palabras con la que esta había recriminado su comportamiento.
“Después de escucharlo hablar sobre obligarlas a mantener relaciones sexuales con ellos, ¿cómo podía pensar su amiga que ella podía coger la comida que le traía ese mal nacido como si no hubiera ocurrido nada? Ya había hecho bastante al contenerse y no arrojarle a la cabeza el trozo de madera que contenía la carne que le traía. Y si ahora despertaba a una de ellas para que la acompañará al exterior, ¿no le recriminarían por la mañana de nuevo su comportamiento de despertarlas por haber ingerido mucha agua? Estaba segura que así ocurriría cuando Irene se enterara.” Pensó molesta.
Al final decidió salir sola a pesar del miedo que sentía tener que acercarse al bosque a orinar, pero al igual que la vez anterior, su enfado le dio la resolución que necesitaba para afrontar su miedo.
Le llegó por el aire su olor procedente de la tienda ante de verla y supo que la dueña del olor que seguía pronto haría aparición cerca de él. Con excitación se agachó detrás de un arbusto, ansioso ante la inminente cacería. “Por fin parecía que la suerte sí que estaba de su lado. Su presa se le acercaba a él en vez de ser al revés.”
Mar se levantó y se pegó al exterior de la tienda con el corazón latiéndole deprisa en su pecho, lo había conseguido, por fin estaba afuera. Nada más intentar salir de esta por la entrada, había visto a su derecha a uno de los hombres lobos. Este se encontraba sentado frente a la hoguera y parecía estar afilando un palo con una de sus afiladas garras, pero había levantado la cabeza y mirado en su dirección casi en el mismo momento en el que ella se había asomado por la entrada de la tienda. Creía que se había ocultado a tiempo de que este la viera porque el ser nada dijo ni se acercó a su tienda para confrontarla. No había podido distinguir en tan poco tiempo, quién de ellos era, pero el que sea la había escuchado o olido muy pronto. No quería que este la viera, no pensaba hacer pipí con uno de ellos siguiéndola y vigilándola de cerca, así que hizo lo que ya había dado resultado anteriormente, salir por el agujero que ya estaba abierto en el fondo de la tienda y cerca del camastro de Esme.
Sorac se quedó asombrado al verla salir arrastrándose por debajo de la tienda de campaña y levantarse. Jamás había visto ninguna lomu como ella, tan diferente físicamente. Se veía rebosante de salud y llena de fuerza, todo lo contrario a las demás que él conocía. Sus ojos podían ver perfectamente en la oscuridad, por lo que a tan escasos metros que se encontraba de ella, podía ver sus rasgos muy claramente y estaba fascinado con lo que veía. Era muy hermosa. Su rostro carecía completamente de pelo y sus rasgos eran pequeño y delicados, al contrario que su cuerpo, que era grande y fuerte.
“¡Si esperaba más, se orinaría encima!”
Mar miró el bosque que estaba sumido en la oscuridad, prestando atención a los posibles ruidos que podía provenir de él. Nada, ningún sonido que le alertara de que no estaba sola. Nerviosa, decidió terminar lo antes posible con su problema y volver a la seguridad de la tienda. Con rapidez se encaminó hacia el linde del bosque, la parte menos oscura de este y que estaba a escaso metros de la tienda, y allí se bajó sus mayas negras y se agachó. El alivio la inundó cuando su vejiga comenzó a vaciarse y de su boca salió un suspiro de placer y alivio al mismo tiempo mientras miraba temerosa hacia ambos lados para asegurarse que seguía estando sola y a salvo.
Sorac observó con place entre el ramaje del arbusto, el culo desnudo de la hembra que orinaba justo delante de él, a escaso metro y medio de distancia y notó como su v***a comenzaba a crecer con rapidez ante su contemplación. A pesar de no haber tenido pareja nunca por escasez de Lomus, él no era virgen, ya hacía tiempo que se aliviaba con otros lobres, prácticamente desde la adolescencia, cuando otro soltero y más mayor que él lo convenció para que lo penetrara. Desde entonces, descubrió que había en su Clan muchos lobres dispuesto a dejarse poseer, aunque siempre se negó en ser él el penetrado. Pero nada lo había preparado para la contemplación de este culo, tan diferente de los que estaba acostumbrado, más musculosos y llenos de pelos.
Por fin había terminado. Con mucho cuidado, Mar esquivó el charco de pipí que había creado y se subió deprisa las mayas, dispuesta a regresar lo más pronto posible a la seguridad de la tienda. En escalofrío recorrió su nuca cuando cerca de ella se escuchó el sonido de ramas moverse. Con rapidez miró en esa dirección, quedando paralizada por el horror al ver salir de la oscuridad del bosque a un ser más animal que hombre, que se abalanzó hacia ella con rapidez.
“¡Lo había conseguido, por fin tenía una Lomu para él solo!” Se dijo eufórico, corriendo y esquivando árboles por el bosque mientras la cargaba en su hombro y hasta su nariz llegaba el olor de la sangre de ella.
“Había pensado correr toda la noche para poner la máxima distancia entre ellos y los lobres del campamento, pero por culpa de ella, tendría que parar para tapar su herida y que dejara de sangrar. Ahora no tenía dudas de que esta lomu era fuerte y resistente, había soportado bien los golpes que le había dado cuando se dejó llevar por la ira”, pensó con una sonrisa echando una rápida mirada al trasero que tenía colgado de su hombro. “Nunca había pegado a ninguna lomus, ni se le había ocurrido hacerlo, en su Clan era un delito castigado con la expulsión si el daño no era muy grave o con la muerte si la Lomu salía herida de gravedad, pero la situación del momento, huyendo, junto con la resistencia que había puesto ella para no acompañarlo, había hecho que perdiera el control de su temperamento y la atacara. Por suerte y al oler la sangre que brotó de la frente de ella cuando recibió su último golpe, reaccionó y se detuvo a tiempo de causar un daño irreparable, también ayudó que ella se desmayara y dejara de resistirse, porque tenía que reconocer que mientras la golpeaba se había vuelto a excitar de nuevo y si las dos cosas anteriores no hubieran ocurrido, estaba seguro que el deseo lo hubiera dominado y la habría tomado sin importarle que si era descubierto por los otros lobres, estaría muerto en cuestión de segundos.