La mentira descubierta.
Mar se encogió todo lo que pudo detrás de la última tienda con el corazón acelerado temiendo que la descubrieran y se dieran cuenta de que los había escuchado. No sabía que podían hacerle si era descubierta, pero su viva imaginación se había encargado de exponerle algunas ideas horribles de lo que podía sucederle. No creía que Gudo le hiciera daño, pero no podía decir eso mismo de los demás si la veían como un peligro que podía separarles de sus futuras compañeras al contarles a estas lo que había descubierto. Estaba segura que hacerle desaparecer sin dejar rastro sería una de las opciones que contemplarían.
Mar se asomó con mucha precaución por el lateral de la tienda para comprobar donde se encontraban los hombres lobos y los vio que se iban parando uno a uno delante de la tienda donde estaban todas reunidas. Volvió a ocultarse y miró con angustia a su alrededor, intentando encontrar una salida por la que escapar y ocultarse hasta que ellos se marcharan y pudiera volver a entrar de nuevo en la tienda.
Sus ojos se pararon por último en los árboles que tenía frente de sí y supo que esa era la única salida que tenía para no ser descubierta, a pesar de que sentía verdadero pánico de meterse sola en el bosque, que además ya se encontraba en penumbra. El ataque del animal salvaje a Esme la había dejado ese temor.
—¡Me da igual la ley, ella es mi compañera y nunca dejaré que me abandone aunque decida no aceptarme!— Escuchó que decía Gudo con exaltación.
Mar se paralizó al escucharlo y prestó atención a sus palabras al darse cuenta de que se refería a ella.
El murmullo de la voz de otro de ellos hizo suponer a Mar que le estarían pidiendo que hablara más flojo.
—¿Pero por qué debemos apartarnos de ellas en vez de tomarlas ya y hacerlas nuestras como íbamos hacer desde el principio? De esa manera se acabaría todo y no tendríamos que sufrir tantos días.—
Mar frunció el ceño escandalizada y enfadada por las palabras de él. “ Se suponía que ella era su gran amor, ¿entonces cómo podía decir esa barbaridad? ¿Así era como demostraba su amor, queriendo violarla?”
El enfado le había dado valor y hecho que su temor se fuera, por lo que sin esperar más, corrió los cuatro metros que la separaban del primer árbol y se escondió detrás de él. Pasados unos minutos sin escuchar a nadie dar la voz de alarma, se sintió lo suficientemente segura el la penumbra como para agacharse y correr hasta el árbol más cercano a la tienda de Esme y de ese al mismo agujero por el que habia salido.
—¡Déjalo Tares junto a las otras mantas!— escuchó decir a Carolina desde dentro de la tienda.
Con muchos nervios esperó agachada frente al agujero, a la espera de una oportunidad para colarse de nuevo en el interior.
—¿Qué haremos cuando entre Gudo y se de cuenta que Mar no esta?—preguntó apresurada Carolina cuando Tares salió.
Esa pregunta hizo comprender a Mar que las muchachas estaban de nuevo solas.
—¡Estoy aquí! —susurró abriendo el agujero para que la vieran.
—¡Mar, es Mar!—exclamó sobresaltada Irene, agachándose para ayudarla a entrar.
Corriendo se le unió Dana y Carolina que cogieron de los brazos a Mar y entre todas la ayudaron a pasar deprisa por el agujero.
Nos beneficiaremos de la mentira.
—… y le escuché decirles que esa era la ley de la Diosa y que todos tenían que cumplirla, pero que nosotras no podíamos enterarnos. — Terminó de explicarles Mar a todas.
Lis se sintió traicionada con lo que acababa de escuchar. En tan sólo dos días se había ilusionado con Gonsal, pensando que por fin había encontrado a su media naranja, aunque esta fuera en apariencia muy diferente de lo que se imaginó que sería el hombre de su vida, pero aún así y en contra de muchas de sus amigas, se había esforzado en ver sus cualidades y no su apariencia. Inesperadamente, sus esfuerzos fueron muy pronto recompensado, una vez que abrió su mente y corazón y quiso dar una oportunidad al ser que decía ser su compañero predestinado, comenzó a ver sus muchas cualidades y a percibirlo más gratamente.
Ahora todos esos sentimientos se estaban desmoronando ante sus ojos. Por lo que Mar contaba, él había ordenado a todos que ocultaran que ellas eran libres para escoger a sus parejas.
Ninguna excusa podía salvarlo ante sus ojos, había mirado tan solo por el bienestar de él y sus compañeros y no le había importado lo que podía pensar o desear ella.
—¡Sabía que pasaba algo cuando los vi allí reunidos, tan lejos de esta tienda!—exclamó enfadada Esme sentada en su camastro, interrumpiendo los pensamientos de Lis.
Todas habían extendidos sus mantas por todo el suelo de la tienda cuando el último de los hombre lobos se marchó, deseando escuchar lo que Mar, tan alterada, tenía que contarles.
—¡Esto me confirma que no son de fiar y no le importamos nada, tan solo somos para ellos hembras con las qué quieren aparearse y tener crías!—
Olivia observaba a Esme preocupada. Desde que había despertado hacia el medio día, Esme no había parado de moverse y de olvidar que estaba convaleciente, casi se había comportado como una persona sana y eso inquietaba y asombraba por su milagrosa recuperación a la vez a Olivia, que temía que el exceso de movimientos la perjudicara y provocara que le volviera la fiebre. Aún no se le quitaba de la cabeza la preocupación que había mostrado el Alfa al verla de pie y la orden de que le comunicó de acostarse cuando se marchó.
Lis se puso de pie furiosa en ese momento y anunció mientras sorteaba los demás camastro dirigiéndose a la entrada:
—¡Pienso decirle que lo sé todo y qué no pienso escoger como compañero a un mentiroso egoísta que solo sabe mirar por si mismo!—
—¡¡No, Lis, no salgas, espera, tengo un plan!! — la llamó alarmada Esme, temiendo que esta no la escuchara y decidiera enfrentarse al ser que la había curado el brazo, quitándole a todas la ventaja que les daba el saber lo que ellos se proponían hacer con ellas.
Paloma se levantó y corrió para detener a Lis antes de que esta saliera de la tienda.
—Espera y escuchemos que plan tiene Esme, te juro que si no es bueno, yo iré también contigo a enfrentarlos.— Le prometió.
Eso pareció convencer y calmar un poco a Lis, que asintió con la cabeza en dirección a Paloma.
—¿Qué plan tienes?—preguntó a Esme, convencida de que nada que le dijera podía evitar que se enfrentará a Gonsal, el muy embustero.
—Tenemos que callarnos y no decirles nada para que no nos detengan o ideen otra cosa.— Le respondió esta. —Cuando llegue la luna llena, ellos deben volver a encender una hoguera y nosotras tendremos que volver a realizar el ritual que nos trajo aquí, así está escrito en el libro que encontré de cómo es la unió de parejas en este planeta, pero en vez de decir el nombre del ser con el que queremos unirnos, pediremos a la Diosa que nos devuelva a la Tierra. Si una vez funcionó y nos trajo aquí, tiene que funcionar para llevarnos de vuelta.—
Se hizo el silencio en la tienda de campaña, todas pensando en el plan de Esme.
—¿ Y si no da resultado y seguimos aquí, qué haremos?— preguntó Dana al fin, exponiendo al decirlo en voz alta el temor de todas ellas.
—Si pasara eso, que no lo creo, lo rechazaremos. Su ley les obliga a aceptar nuestra decisión, tendrán que dejarnos ir — explicó Mar, muy segura de lo que decía. — Ellos están muy preocupados por el temor de que pase eso precisamente y no puedan hacer nada para retenernos.—