La pareja volvió a lo suyo, terminaron de plantear todos los presupuestos, las inversiones y los paquetes para horas extras. Ya estaba todo listo para comenzar. A cada tanto Arnold la interrumpía para regalarle besos y caricias. Recogieron todos los documentos que estaba sobre la mesa. — ¿Que dices de ir a cenar? —dice Arnold halándola para abrazarla. —No creo que sea prudente, no quiero que … —Arnold pone un dedo en sus labios para acallarla. —No me importa la prudencia en este momento, quiero que todos sepan que estamos juntos – la toma por la nuca para besarla con fervor. —Eres un loco —dice aun sobre sus labios. Graciela no puede negar que su forma de ser le gusta. — Y aun no me conoces, espero que no te espante mi forma de ser, me gusta ser original, no pretendo que todos me

