Separan sus labios para llenar sus pulmones de oxígeno. Arnold besa su nariz.
—Suéltate – dice con su respiración esta agitada, Arnold niega dejando pequeñas mordidas en su barbilla sueva y comienza a descender por su cuello y escote.
—No —quiero que disfrutes sin inhibirte. —vuelve a poseer sus labios con ahínco.
Con una de sus manos comenzó a quitar los botones de la camisa, su boca se seca de solo pensar en saborear sus pechos. La posición de los brazos amarrados de Graciela en su espalda daba mejor acceso a sus pechos. Sonríe al ver que el sostén se abre al frente y lo suelta para que esté cómoda, ya lo había subido por no verificar donde estaba el cierre.
Graciela se dejó llevar por eso que la estaba embriagando. Arnold baja con sus besos hasta sus senos donde mordisqueo sus pezones sacándole algunos gemidos. Arnold se regocijo al escuchar ese gemido. Dio gracias al cielo porque ese día ella llevo una falda tubo, comenzó a subirla de apoco necesitaba sentirla, hundirse en ella. Disfrutar de su cuerpo como nunca lo han hecho. Arnold palpo las bragas que eran de encaje, con dos de sus dedos rompe sus bragas provocando un pequeño grito de Graciela, el que acalló con sus labios sobre los de ella.
Con los mismos dedos abre los pliegues de su coño, palpando su humedad. Eso lo volvió loco. Saber que él provocaba eso en ella lo puso más duro.
—Por el cielo, que rico —dice sobre su boca, moviendo sus dedos sobre su clítoris hinchado.
—Ahh —gime Graciela al sentirlo darle placer. Ella unca había sentido eso que en su cuerpo estaba ocurriendo, con Derian nunca tuvo nada de eso.
Arnold abre con su rodilla un poco las piernas de Graciela para hundir uno de sus dedos sintiendo como lo apretada que está. Se vio deseando probarla, saca sus dedos y los lleva a su boca sin apartar la mirada de la de ella. Para Graciela fue lo más erótico que ella pudiera haber visto. Arnold saboreo sus dedos, pero eso no calmo su sed, más bien se vio deseando más. La toma en brazos para llevarla hasta su escritorio, la sentó sobre este. Halo su silla para adentrarse en las profundidades de su sexo. Arnold lamio su clítoris haciendo que Graciela tiemble completa. Por su cuerpo corría su sangre ardiendo de placer.
—Por Dios eres deliciosa —dice volviendo a saborearla. Graciela no podía más, sus movimientos con su lengua a estaba llevando a un lugar donde nadie la había llevado nunca. Aunque si cuenta con que solo ha estado con el padre de su hijo no era que tenia de donde comparar.
Graciela explota en un orgasmo prolongado, Arnold saboreo todo su elixir se quitó el cinturón y el botón de su pantalón bajándolos junto a su bóxer. Graciela mira su m*****o mientras este lo va amasando. Arnold comienza a buscar en los pantalones.
—Dime que te estas cuidando —dice desesperado al no encontrar un preservativo en sus pantalones. Graciela asiente y este se acerca para volverla a besar. Volvió a regalarle atención a los pezones mientras con su mano sitúa a su amigo en la entrada.
—Ahh —grita Graciela al sentirlo invadir su sexo.
—Por dios eres tan apretada, ¿eres virgen? —pregunta y Graciela niega, si bien es cierto que lleva más de cinco años sin tener sexo con nadie. Ella tuvo su pequeño por medio de cesaría. Arnold se dedicó a disfrutar del estreches de Graciela. Graciela no sabía cómo sentirse, las experiencias pasadas no se asemejaban a la que Arnold le estaba brindado. Él la hacía sentir de camino a marte, Arnold comenzó a moverse poco a poco. Graciela se sentía desesperada, quería tocarlo y él aun no la dejaba.
—Déjame tocarte – Arnold negó.
—Cierra tus ojos y siente como voy entrando y saliendo en ti cariño. Regálame el mejor de tus orgasmos, vamos hermosa. —dijo llevando sus labios hasta los de ella.
Arnold la tomo por la cintura para comenzar a arremeter contra su coño. Graciela trataba de reprimir sus gemidos, Arnold es toda una máquina, su cuerpo se encontraba sudoroso por el calor que sentía, era como si hubieran aparado el aire acondicionado. Las gotas de sudor bajan su cuerpo.
— ¡Arnold! —grita Graciela al sentir que se corre. Su cuerpo tiembla por completo.
—Sí, preciosa sí. —dice Arnold acelerando sus embestidas para acompañarla a alcanzar el cielo.
Este cae sobre Graciela besando su boca.
—Dios, eso fue maravilloso. —dice volviéndola a besar. Graciela esta sin habla.
Arnold sale de su interior con cuidado de no lastimarla.
—No te muevas, voy a traer algo para limpiarte —dice caminando hasta su baño personal.
Arnold regresa con una toalla limpia y humedad para limpiarla. La ayuda a ponerse de pie y quita su corbata de sus manos dejando besos en sus muñecas. Se acerca a sus labios para dejar un cálido beso.
—Te quiero en mi vida, Graciela. —dice ayudándola a ponerse de pie.
—Arnold esto fue… —este la toma por la cintura.
—Dame solo una oportunidad para demostrarte esto que siento en mi corazón —él sabe que después de esa entrega no podía ya vivir sin ella. Esa mujer se le metió en la sangre.
—Yo no sé si pueda —dice bajando su mirada.
—Yo sé que siente lo mismo Graciela, ¿Que te detiene? —pregunta.
—Son muchas cosas que tú no sabes de mí. —dice ella como si eso lo aclarara todo.
—Por amor a Dios, Graciela, eso te estoy proponiendo. No es que mañana nos vamos a ir a vivir juntos, es darnos el tiempo para conocernos, es contarnos lo que nos perturba. Saber que cuento contigo como tú cuenta conmigo. Amarte, hacerte el amor, entregarnos en cuerpo y alma. Graciela, no sé qué es eso que tanto te afecta, pero sé que lo podemos pasar juntos. —Graciela enfrenta la mirada de Arnold.
—Solo amigos —dice y él sonríe.
—Con algunos privilegios —se cerca a sus labios para dejar un cálido beso.
—Eres terrible —dice con una sonrisa en sus labios.
— ¿No te han dicho lo hermosa que te ves cuando sonríes? —Graciela se pone roja.
—Gracias —dice volviendo a sonreír.