Capitulo 6

1666 Palabras
Arnold sale de su departamento, no se quedaría lamentándose, ese no es él. Le duele que ella aun no entienda que él quiere ayudarla, que él desea algo serio con ella. Se monta en su auto, buscara con quien divertirse, necesitaba una buena sección de sexo ardiente para poder sacarla de su cabeza. Activo el bluetooth del auto y llama a Erika, ella siempre está disponible para él. A ambos le gustan los mismos juegos eróticos, así que la pasaría muy bien con ella. — ¿Estás en tu departamento? —pregunta cuando no escucha los timbres del teléfono. —Si, pero estoy con una amiga —dice. —No soy celoso —dice y las escucha reír. —Bien, entonces te espero. —dice Erika, no necesitan muchas palabras para entenderse. Para Arnold no es secreto que su amiga es bisexual, y si no puso ninguna objeción es porque quieren lo mismo que él. Arnold baja en el edificio de su amante y entra al ascensor saludando al guardia de la entrada, es común verlo llegar a cualquier hora. Erika es una chica de un buen cuerpo, caderas anchas pechos moderados y los labios perfectos para realizarle la menor felación. De solo pensarlo su amigo se pone duro. Cierro sus ojos para idealizar a su amiga trabajando en su m*****o, pero solo pudo recordar el rostro triste de Graciela. Se sacudió la cabeza, no sabe cómo lo hará, pero está convencido que la sacará de su cabeza como sea. El ascensor se abrió en el piso de Erika, camina hasta la puerta donde da dos golpes. Esa era la señal. La puerta se abrió dejando ver dos hermosos senos atreves de una batita traslucida y sus labios hinchados. —Te estábamos esperando —dice Erika. Arnold pasa encontrando una rubia voluptuosa en el sillón acostada desnuda. —Me siento ofendido, como empiezan sin mi —dice quitándose la camisa dejando ver su bien trabajado abdomen. —Se han portado muy mal niñas. —dice caminando como lobo hacia ellas. Se sienta en el sillón y palmea su regazo, ambas tomaron asiento sobre sus piernas mientras el engulle los senos de la rubia ambas se besan. Luego de jugar con sus pechos las mujeres sacaron a su amigo que estaba por explotar. Arnold gruño al sentir la boca de la rubia en su glande mientras la Erica chupa sus testículos. Eso se sentía tan bien, pero decidió controlar las sensaciones. Ambas hacían un excelente trabajo con su m*****o viril. —Vamos a la habitación. —dijo y ellas sonrieron felices. Entraron y el termino de quitarse el pantalón con el bóxer quedando completamente desnudo, camino hasta las mujeres que se besan y acarician en la cama. ●●● Una semana ha pasado desde la última vez que Graciela vio a Arnold. Él no ha vuelto a la oficina, su hermano había sido el que ha estado en comunicación con ella. Ya está establecida en la oficina que Arnold pidió para ella. No se ha atrevido preguntar por él, pero escucho a Melanie decir que el no volvería por el resto de semana. Esos días se sintió vacía, esperaba cada mañana encontrarlo en su oficina, pero no era el caso, su oficina aún guarda su aroma. Graciela cierra la puerta decepcionada de volver el lunes y no encontrarlo. Dio media chocando con una muralla humana. —Se le perdió algo en mi oficina. —la voz de Arnold se escuchaba divertida. Graciela abrió la boca para contestar, pero no dijo nada. Su corazón comenzó a palpitar fuerte, solo rogaba al cielo que él no los escuchara. Se moriría de la vergüenza si él se da cuenta de lo que le provoca. —Solo pasaba a reportarme. —dice buscando sonar serena. Arnold se veía tan relajado que le provoco hasta envidia. —Tranquila, ya vi que vino a trabajar, si la necesito le digo a Melanie que la llame. —dice pasando por su lado, dejándola allí así sin más. —Buenos días, Melanie por favor, cuando tengas tiempo me traes un café. —dice Arnold entrando a su oficina. —Claro, voy. —dice Melanie, Graciela mira a Mel que se encoge de hombros. Graciela entró a su pequeña oficina y soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sintió su corazón oprimirse. Maldijo por lo bajo. “Es un maldito imbécil” piensa. “No Graciela, no pienses en su rostro perfecto sonriendo como si hubiera ganado, él no merece tus pensamientos.” “Te lo prohíbo” comienza a pelear con su conciencia. Tira su bolígrafo sobre el escritorio por la frustración. Toma un sorbo de agua del vaso que tenía sobre su escritorio para calmarse y decidió ponerse a trabajar. A eso ella va a la empresa, a trabajar. No a estar pensando en hombres guapos que piensan que tienen el cielo gano por tener dinero. Esos son los peores dice con sus dientes apretados. Escucha la puerta. —Adelante —dice organizando todo. —Graciela, el joven Stone la llama a su oficina, pide también que lleve los estados que estaban discutiendo la última vez. —Graciela asiente y Melanie sale de su oficina. “Después que pasó una semana desaparecido, sabrá Dios donde ahora si quiere trabajar, ugg, maldito mil veces maldito”. Piensa mientras toma los documentos para salir de su oficina. Entra sin tocar a la oficina de Arnold. — ¿Me mando a llamar, señor Stone? —pregunta una vez cierra la puerta. —Señorita Becker, ¿no le enseñaron a tocar antes de entrar? —Graciela blanqueo sus ojos. —Disculpé señor, pensé que me esperaba, pero no lo molesto entonces. —va a dar media vuelta, pero la voz de Arnold la detiene. —Si la esperaba, necesito que me haga un resumen de lo que hizo con Dimitri la semana pasada y sigamos el plan que teníamos, eso lo tenemos que terminar en dos semanas. —dice quitándose la chaqueta de su traje. Camina con su único aire de superioridad, Graciela tiembla al verlo ir hacia ella. Comienza a esparcir los documentos en la mesa para disimular lo que el provoca en ella. Arnold se para a su lado inhalando su aroma, en ese momento deseo tanto besarla, pasó toda la semana tratando de que ella no le afectara como lo hace, el día que estuvo con Erika y su amiga no le fue tan bien como deseaba, si les cumplió como todo macho pecho pelú, pero él no sintió satisfecho, ninguna era ella, la mujer que desea, la que sueña todas las noches por la que ha tenido sueños mojados. Tampoco podía seguir faltando a la compañía, Dimitri tenía una familia a la que debe atender. Desde que su hermano esta con Nela volvió a ser el mismo de antes, un hombre bueno y amoroso con su familia, con una sonrisa en sus labios. Él no quiere ser el causante de la ruptura de ellos por causa de la empresa, si Dimitri devengó responsabilidad en él, es porque es necesario y él no puede fallarle. Tenerla cerca lo está torturando. Su perfume se queda con toda la oficina. Comenzaron hablando de lo que Dimitri y ella habían logrado cuadrar, le explico de los presupuestos a empleados extras entre otros, Arnold la escuchaba con atención, haciendo les preguntas correspondientes, tratando de no pensar en cómo las desvestiría y la haría suya sobre la mesa. Graciela sin darse cuenta hablaba tan apasionada que lograba que él se pierda en sus palabras. Arnold se levanta y camina hasta el gran ventanal de cristal desde donde se ve la estatua de la libertad y el rio Hudson a lo lejos. Necesitaba quitar esos pensamientos, su amigo estaba cobrando vida. —Señor, ¿lo estoy aburriendo? —pregunta Graciela al ver que él se levantó de la nada para ir a mirar hacia afuera. —No, solo estoy cansado de estar sentado, prosigue. —dice caminado hacia la mesa devuelta. Se acerca a ella por la espalda y la siente tensarse, inhala el olor de su cabello y gruñe—. No tienes idea de cómo me estoy controlando para no hacerte el amor aquí mismo. —dice de la nada dejándola atónita. Nunca espero que él dijera eso, mucho menos de la manera en la que la estaba tratando. Graciela salió de su lado y caminó hasta el gran ventanal. Sus piernas tiemblan como gelatinas al sentirlo nuevamente cerca. Arnold camino detrás de ella decidido a no dejarla escapar, ella siente lo mismo, él lo sabe, se lo dice su piel su cuerpo, su respiración. La encierra entre el ventanal y sus brazos. —No puedo dejarte ir, lo intento, pero no puedo, dime como lo hago, enséñame a no pensarte como un desquiciado. – dice en su oído. Ella había llevado su hermoso cabello rizado en un recogido. —Arnold —musita, pero él no le presta atención, en cambio comienza a besar su cuello mordiendo el lóbulo de su oreja. —cierra los ojos y dejarte llevar, déjame demostrarte que soy tuyo. —dice subiendo sus manos por sus piernas. Ella trató de aguantar sus manos, pero este no quiso quitarse. Se quito su corbata con desesperación. Tomo sus manos y las amarro con su corbata levantándolas sobre sus hombros. El pego al ventanal y metió sus manos por debajo de la camisa de Graciela, rozo sus pezones sobre su sostén, se sienten duros, comienza a amasar sus senos con sus dos manos mientras sigue repartiendo besos en su cuello. Graciela gime al sentir que sube su sostén liberando sus senos. La voltea para hacerse de su boca con hambre, la toma de la nuca para que no se escape. Graciela se envuelve en el apasionado beso, solo con la toda la semana. Siente sus manos atadas en su espalda. Se queja un poco, pero Arnold sigue besándola y apretándola a su cuerpo.
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