Capitulo 5

1603 Palabras
Arnold sale decidido a sacarse a Graciela de la cabeza, ella lo decidió por los dos. Él no es que sea un mártir como su hermano, si algo no funciona no pierde su tiempo. Pasa la página y sigue adelante. Ella le dejó claro que no estaría con él una vez salió por la puerta. El ascensor se abre en el piso del estacionamiento, camina hasta su auto cuando ve que Graciela está forcejeando con alguien. Desde su posición no se veía quien era, pero no había que ser adivino o muy inteligente para saber de quién eran las manos que la tenía por los brazos. Suspira cansado, por un momento pensó dejarla allí, resolviendo sus problemas con su pasado. En fin, eso es lo que ella dice, él solo es parte de su pasado. La ve removerse tratando de soltarse de su agarre y sale de su auto, Derian debía entender que ya no puede seguir hostigándola. Camino decidido hasta donde está la pareja discutiendo. Mientras más cerca, más fuerte se escucha la conversación. —Suéltame por favor, Derian —dice Graciela suplicando al hombre que la tiene tomada de los dos brazos. Mientras más se mueve más fuerte es su agarre. —No, no te voy a dejar ir hasta que me expliques que hacías en mi discoteca. —lo escucha decir—. ¿Qué buscabas? —Juro que no sabía que eras el dueño, de haberlo sabido no hubiera ido nunca. —dice con odio—. No me interesa saber nada de ti, entiéndelo, no eres el centro del universo. —escupe con coraje. —No te hagas la estúpida —dice levantándole la mano. Graciela cierra los ojos esperando la bofetada. No era la primera vez que lo hacía, ya cuando fueron novios Derian la había golpeado por celos, según él era para que aprendiera a respetarlo. Graciela estaba ciega para ese entonces, pero luego que todo pasó de dio cuenta de la relación tan tormentosa que tenía con él. Derian es toxico, todo lo que toca lo marchita. Lo mejor que le paso fue quedar embarazada y que él se alejara de ella. —Suéltala —grita Arnold llamando la atención de ambos. Derian la toma por la cintura para que no se le escape, esta vez arreglará cuenta con los dos. —No te mentas, esto no es tu asunto. —dice Derian. Arnold solo sonríe con ironía. Ambos le dicen lo mismo y ahí está, buscando defenderla. Por un momento pensó hacerle caso, pero la mirada suplicante de Graciela lo detuvo. —Claro que es mi problema, estas en mis inmediaciones. —dice acercándose a la pareja—. Ya te dije que la sueltes o no respondo. — ¿Piensas que te tengo miedo? –Arnold solo sonríe. —No deberías tenerlo Derian. —dice tranquilo. Graciela se vuelve a quejar de dolor— Arnold pisa el pie de Derian logrando que suelte a Graciela, en ese momento Arnold aprovecha para levantar su codo estampándolo contra la nariz de su ya no tan amigo Derian. —Eres un maldito. —dice Derian con su mano en la nariz. Este mira su mano llena de sangre—. Esta me la pagas Stone. —Eso es para que la próxima vez no te metas con mi mujer —dice, Graciela va a protestar, pero Arnold la toma de la mano entrelazando sus dedos. —Por favor y ¿Esperas que te crea? —escupe Derian con ira. —No necesito que me creas, solo déjala en paz. —Arnold mira a Graciela. —Vamos a almorzar amor, perdóname por dejarte sola por atender la llamada. Graciela le sigue el juego, camina a su lado. Escuchan los gritos de Derian para que se detengan, pero Arnold no hace caso. Arnold abre la puerta del pasajero para ayudarla a subir. Rodea el auto para subir al lado del piloto. Enciende el auto en completo silencio. Ve a Derian que sigue en el mismo lugar como si no creyera que ellos se irán juntos. Pone el auto en marcha saliendo del estacionamiento. No quiere presionarla, pero necesitan hablar de todo lo que allá paso. Graciela se pierde en sus pensamientos, nunca imaginó que Derian estuviera esperando el momento preciso para aparecer. Ella estaba en su auto cuando él la saco a la fuerza de este. Se perdió en sus pensamientos al recordar ese momento, nunca pensó que Arnold los encontraría. El siempre sacando la cara por ella, como le explicaría lo que paso a el hombre a su lado. —Creo que ahora si me debes una explicación —dice Arnold sacándola de sus pensamientos. —Derian fue mi novio en la universidad. —dice ya cansada de todo, no podía seguir ocultando la verdad por mucho tiempo—. Mira, en verdad, si quiere despedirme por todos los problemas que le estoy causando lo voy a entender. —Arnold se detiene en un semáforo rojo. — No lo ves, ¿verdad? —toma su mentón con dos de sus dedos para que lo mire. —No lo hagas —dice Graciela con su corazón dando tumbo dentro de su pecho. —Porque … — se escuchan las bocinas de los autos detrás de ello. Arnold pone en movimiento el auto—. Hablamos con calma en el departamento. Va directo a su departamento, es el mejor lugar para hablar tranquilos. Sería la última vez que se la juegue por ella. Llegaron al complejo de edificios y bajaron en silencio. Arnold la toma de la mano para subir al ascensor, el ambiente se sentía tenso, pero con sus manos tomadas Graciela se sentía segura. Entraron al departamento sin decir una sola palabra, Graciela se sienta, pero esta vez Arnold no desea ir con rodeos. —Ahora no hay Derian, ni autos tocando bocina. – dice rompiendo el silencio—. —Señor Stone —dice bajando la mirada. Arnold niega y toma asiento frente a ella halando la silla. —Soy Arnold, Graciela. – ella asiente. —Arnold, en verdad no puedo hablar de eso. —dice con el corazón en su mano. Arnold niega, le extiende la mano para que ella —Graciela, no soy tan paciente como parezco, te lo voy a decir una sola vez. —toma su barbilla para hacer que lo mire—. Me gustas, te quiero en mi vida, quiero enamorarme de ti, que te enamores de mí, que formemos una familia si llegamos a conocernos. —a Graciela se le cristalizan su mirada—— No digo que te amo, pero cuando estoy a tu lado soy otro, me gusta cómo me siento, pero no me gusta sentirme en el limbo. Me gusta la seguridad, ser atrevido y arriesgarlo todo. Si funciona bien y si no cada cual por su lado. –hace que lo mire– Ahora quiero saber qué es lo que tú quieres Graciela, sé que no te soy indiferente, pero eso solo me lo puedes decir tú. Quiero saber si quieres lo mismo que yo. Quiero saber si quieres intentarlo. —Arnold yo… —baja su mirada dejando escapar sus lágrimas. Arnold seca sus mejillas tomando su rostro entre sus manos. —No llores, no tienes por qué hacerlo, solo di si o no. —Arnold acerca sus labios a los de Graciela—. No temas, no voy a hacerte daño, déjame amarte, déjame ensenarte a amarme. Arnold no espera respuesta, toma su rostro entre sus manos. Poco a poco se acerca a sus labios para rozarlos con los de ella. El beso era suave, cálido, como si este contestara la respuesta que ambos corazones necesitan. Graciela sube sus manos hasta el cuello de Arnold hundiendo sus dedos en su cabello. Arnold se deja llevar por el delicio beso y la toma en sus brazos. Arnold camina con ella en brazos hasta su habitación. La pone sobre la cama, alejándose un poco de ella. La mirada lujuriosa de Arnold la hace sentir deseada. Hace tanto que no sentía todo lo que este le hace sentir que tuvo miedo. No es tan fuerte como todos piensan. Le teme al sufrir. No quiere entregarse por completo en una relación donde no tiene la certeza de nada. —Arnold, esto va muy rápido. —dice cobrando valor. —Solo dime que no lo deseas como yo lo deseo y me alejo. Dime que no lo quieres tanto como yo y te dejo ir Graciela. —dice sobre sus labios. Graciela cierra sus ojos al sentir los labios de Arnold bajar por su cuello hasta llegar al escote de su camisa. Graciela suspira en un gemido. A su mente llegaron las veces que estuvo con Derian, el dolor que le causo esa primera vez. Empuja a Arnold con todas sus fuerzas decidida a parar todo. Arnold la mira desorientado. —Perdóname, pero no puedo. –Graciela sale de la habitación seguida de Arnold. —Dime que hice mal —Arnold la detiene del brazo. —No hiciste nada mal, todo es mi culpa, todo soy yo. Por favor deja que me marche. —Arnold la suelta. —Adelante, no voy a volver a detenerte. —dice cansado de todo. Esa será la última vez que lo intente. Graciela sale del departamento desorientada, sus lágrimas comienzan a empapar su rostro. No entendía cómo había llegado con Arnold, él le provoca cosas diferentes a los demás hombres, entre sus brazos se sentía segura, pero no puede engañarse, todos buscan lo mismo, todos buscan un revolcón y se olvidan de todo.
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