capitulo 13

4973 Palabras
La noche envolvía la mansión en un manto oscuro, y mi habitual tranquilidad se vio interrumpida por una llamada que heló mis huesos. Al atender, el silencio inicial se rompió con una voz grave y amenazante que me resultaba familiar, pero que no quería reconocer. "Estamos más cerca de ti, Ada. No sabes lo que te espera. Gritarás mucho antes de lo que imaginas", resonó la voz, enviando escalofríos por mi espalda antes de que la llamada se cortara abruptamente. Mi piel palideció al reconocer la voz, y el miedo se apoderó de mí. Bajé rápidamente a la sala de estar, donde Liam y Mathew me miraron con confusión, evidentemente preocupados por mi aspecto a esta hora de la noche. "¿Qué sucede, Ada?" preguntó Mathew, llevándome al sofá para que me sentara, mientras Liam tomaba mi mano en un gesto de apoyo. "Han vuelto", murmuré con voz temblorosa, sin saber si debía decir más. Ambos intercambiaron miradas confusas. "¿Quiénes han vuelto, Ada?" preguntó Liam, tratando de entender la situación. Yo estaba atrapada en mis pensamientos, fijando la mirada en un punto en el suelo. "Las llamadas", respondí finalmente. Mathew se acercó, sentándose a mi lado. "¿Quién te ha llamado?" "No sé quiénes son ni qué quieren de mí. Hace unos años, no dejaban de llamarme, diciendo que me atraparían. Mi padre es el único que sabia de esto. Después de eso, dejaron de llamarme, y mi padre me abandonó. Nunca volvieron a llamarme hasta ahora, diciéndome que están más cerca de mí", confesé entre sollozos, incapaz de contener el miedo que se apoderaba de mí. Mathew me abrazó, consolándome, y le dijo algo a Liam que no alcancé a escuchar. Después de eso, Liam salió de la sala apresuradamente, dejándome preguntándome qué medidas tomarían para enfrentar esta nueva amenaza que se cernía sobre mi vida. Mathew me abrazó con firmeza, tratando de transmitirme seguridad en medio de la incertidumbre. Liam, por su parte, abandonó la sala apresuradamente, dejándome con un nudo en el estómago y preguntas sin respuesta. "¿Qué podemos hacer, Mathew?" pregunté, buscando alguna guía en su expresión seria. "No lo sé, Ada, pero vamos a descubrir quiénes son y por qué te persiguen. Liam y yo nos encargaremos de ello", declaró con determinación, aunque no pude evitar notar la preocupación en sus ojos. Al día siguiente, la atmósfera en la mansión era tensa. Liam apenas intercambiaba miradas conmigo, y aunque quería preguntarle sobre su repentina retirada la noche anterior, decidí darle espacio. Mathew, en cambio, estaba inmerso en la búsqueda de cualquier pista que pudiera llevarnos a los responsables de las llamadas. Durante la tarde, mientras paseaba por los jardines, Liam se acercó a mí con gesto serio. "Necesitamos hablar, Ada", dijo, guiándome hacia un rincón apartado. "¿Qué sucedió anoche? ¿Por qué te fuiste así?" pregunté, necesitando respuestas. Liam suspiró antes de responder, "No quería que te preocuparas aún más. Fui a revisar los alrededores, por si alguien intentaba acercarse. No encontré nada sospechoso, pero no quiero arriesgarme". La sinceridad en su voz calmó parte de mi inquietud, pero aún había algo más que no se decía. "Liam, necesito saber todo. No quiero más secretos ni mentiras. Estamos en esto juntos", expresé con determinación. Él me miró profundamente, como evaluando si debía confiar en mí. "Hay cosas que no puedo contarte ahora, Ada, pero te prometo que cuando sea el momento adecuado, sabrás todo". La frustración se mezcló con mi necesidad de respuestas, pero asentí, aceptando temporalmente su explicación. Sin embargo, no pude evitar sentir que este misterio iba mucho más allá de las llamadas y que el pasado de Liam estaba más entrelazado de lo que él estaba dispuesto a revelar. Los días pasaron, y la mansión se convirtió en un bastión, con Liam y Mathew vigilando cada rincón. Mis interacciones con ellos eran cada vez más tensas, como si las sombras que acechaban nuestro presente también oscurecieran nuestra relación. En medio de esta incertidumbre, una sensación persistente de peligro se apoderó de mí. Sabía que debíamos descubrir la verdad antes de que fuera demasiado tarde, pero el precio de esa verdad parecía más alto de lo que podía imaginar. Los días transcurrían, y el verano estaba en su apogeo. Decidí disfrutar del cálido día poniéndome un traje de baño y uniéndome a Nika para nadar en la piscina mientras tomábamos el sol bajo nuestras sombrillas. En un momento, Mathew, con su traje de baño, se unió a nosotros, y aunque sabía que era mi hermanastro y no debería pensar en esas cosas, no pude evitar notar lo atractivo que se veía. Lancé un vistazo a Nika, quien lo miraba sonrojada, y le di un codazo, bromeando sobre su evidente interés. Ella me golpeó con la toalla, indicándome que hablara más bajo. Seguí observando a Mathew mientras él se sumergía en la piscina. Nika no pudo contenerse y admitió: "Está buenísimo". Mis carcajadas resonaron en respuesta. "Oye, no te rías. Seguro que dirás lo mismo cuando veas a Liam", comentó Nika, rodando los ojos. Respondí, quitándome las gafas de sol para tomar un sorbo de mi jugo, "Ni muerta diría algo así de Liam. Además, apuesto a que ni siquiera está buenorro". En ese momento, Nika señaló hacia donde estaba Liam, con una sonrisa de oreja a oreja. Miré en esa dirección y, al ver a Liam en traje de baño, sin nada por encima, revelando su abdomen tonificado y músculos marcados, me quedé boquiabierta. Sentí el calor subir a mis mejillas mientras lo miraba de arriba a abajo varias veces. "Vale, retiro lo dicho. Este chico no lo supera ni el mismísimo Ian Somerhalder", solté, provocando la risa de Nika. Liam saltó a la piscina y continuó nadando. Cuando salió del agua, con su pelo mojado y su cuerpo goteando, el calor en el ambiente aumentó, y Nika y yo no pudimos apartar la vista de los chicos. "¿No crees que hace mucho calor aquí?" dijimos al unísono, sin poder evitar seguir admirando la escena. Mathew y Liam se acercaron, dejando una estela de agua a su paso. La atmósfera se volvió eléctrica, y pude sentir la tensión entre Nika y yo mientras compartíamos una mirada cómplice. La risa escapó de mis labios al ver sus intentos por parecer despreocupados, pero sus cuerpos musculosos no podían ocultar el atractivo que irriadiaban "¿Calor? Sí, definitivamente", respondió Liam, pasando una mano por su cabello mojado y sonriendo de manera cautivadora. Mathew, sin decir una palabra, se unió a nosotros y el sol pareció intensificarse con su presencia. Nika, aparentemente olvidando su timidez, se dirigió a Mathew con una sonrisa juguetona. "¿Quieres unirte a nosotras en las sombrillas? Estamos compartiendo historias fascinantes sobre el clima”. Mathew rió, agradeciendo la invitación y aceptando con naturalidad. Liam, por otro lado, se sentó en una silla cercana, observándonos con expresión enigmática. El ambiente se volvió más ligero mientras compartíamos anécdotas y risas, aunque no pude evitar notar la mirada ocasional de liam que sugería algo más profundo. Mientras los chicos disfrutaban de la piscina, Nika y yo nos quedamos mirándolos fijamente. Las risas y el bullicio a nuestro alrededor parecían desvanecerse mientras nuestros ojos seguían cada movimiento de Liam y Mathew. La temperatura en el ambiente no hacía más que aumentar, y no podíamos dejar de notar lo atractivos que lucían. Nika, con una sonrisa traviesa, me miró y comentó en voz baja, "Creo que este verano se pondrá aún más interesante". Asentí con la cabeza, aún un poco distraída por la figura de Liam saliendo de la piscina. Decidimos unirnos a ellos en el agua para refrescarnos. Al sumergirnos, la frescura del agua alivió el calor sofocante. Mathew y Liam nadaban a nuestro alrededor, y la atmósfera relajada nos envolvía. Sin embargo, algo estaba a punto de cambiar. En el fondo de la piscina, noté un destello plateado que captó mi atención. Cuando me acerqué para examinarlo, descubrí un pequeño objeto brillante. Al recogerlo, me di cuenta de que era un relicario, similar al que Marcus me había entregado. Guardé el relicario en mi mano, sintiendo una extraña conexión con ese pequeño objeto. Nika notó mi sorpresa y preguntó: "¿Qué encontraste?" Le mostré el relicario, y ambas nos miramos con una mezcla de curiosidad y desconcierto. Más tarde, mientras salíamos de la piscina, sentí que alguien nos observaba. Volteé la cabeza y vi a Liam mirándome fijamente, con una expresión indescifrable en sus ojos. ¿Habría notado el relicario? La atmósfera ligera de la tarde se tornó en algo más complejo, y una pregunta inquietante se instaló en mi mente: ¿qué secretos se escondían detrás de ese pequeño objeto? La tarde avanzó, y el sol comenzó a ocultarse en el horizonte. Decidimos salir de la piscina y prepararnos para la cena. A medida que nos alejábamos, sentí que los ojos de Liam seguían cada uno de mis movimientos. En la tranquilidad de la noche, cuando las risas se desvanecieron y quedó solo el susurro de la brisa, me encontré a solas con liam cerca de la piscina. "¿Qué piensas, Ada?" preguntó, su mirada penetrante buscando algo más allá de la superficie. “No sé a qué te refieres", respondí, tratando de ocultar la incomodidad que su mirada provocaba. Liam se acerco lentamente y su voz se volvió un susurro intimo” hay mas en esta situación de lo que puedes ver. No es solo un día en la piscina” Antes de que pudiera indagar más, se retiró con una sonrisa enigmática, dejándome con preguntas sin respuestas. La noche cayó, llevándose consigo secretos ocultos bajo las estrellas. Esa noche, mientras me preparaba para dormir, el sonido de mi teléfono interrumpió el silencio de la habitación. Al revisar la pantalla, vi que tenía un mensaje de un número desconocido. "Nos vemos pronto, Ada," rezaba el mensaje. Una oleada de escalofríos recorrió mi espalda. ¿Quién podía ser? ¿Cómo sabían mi nombre? Decidí no mencionar el mensaje a Nika ni a los chicos para evitar causar preocupación innecesaria. Aunque traté de descartar el incidente, una sensación de inquietud se apoderó de mí mientras me sumía en el sueño. Los días siguientes transcurrieron con relativa normalidad. Liam y Mathew continuaron siendo compañeros de diversión bajo el cálido sol del verano. Intentaba disfrutar de la aparente tranquilidad, pero la amenaza velada del mensaje aún resonaba en mi mente. Una tarde, mientras paseaba por los jardines de la mansión, me encontré con Liam. Su mirada penetrante se encontró con la mía, y pude sentir la tensión en el aire. Decidí abordar el tema directamente. "Liam, ¿tú sabes algo acerca de este relicario?" pregunté, mostrándole el pequeño objeto que había encontrado en la piscina. Liam observó el relicario con detenimiento antes de responder. "No tengo idea de dónde salió eso. ¿Dónde lo encontraste?" Su expresión era genuina, pero algo en sus ojos sugería que podría estar ocultando algo. "Lo vi en el fondo de la piscina. Es parecido a uno que tengo yo", le expliqué, buscando alguna señal de reconocimiento en su rostro. Sin embargo, Liam mantuvo su expresión imperturbable. "Probablemente sea solo una coincidencia", respondió finalmente, apartando la mirada. La conversación quedó suspendida en el aire, y una incógnita persistente se sumó a la creciente lista de misterios que rodeaban mi vida. La noche caía sobre la mansión, y mientras me recostaba en la cama, me di cuenta de que el sosiego superficial del verano estaba empezando a desvanecerse. ¿Qué conexiones secretas se tejían entre mi pasado y los eventos actuales? Y, sobre todo, ¿quiénes eran aquellos que se acercaban cada vez más, según la inquietante llamada telefónica? Los días pasaron, y la mansión Moretti seguía siendo un escenario de aparente calma. Nika y Mathew, a pesar de sus risas y complicidad, no dejaban de notar mi creciente inquietud. Liam, por otro lado, parecía guardar sus propios secretos bajo una máscara de tranquilidad. Una tarde, mientras exploraba la biblioteca de la mansión en busca de respuestas, Liam se acercó. "¿Encontraste algo interesante?" preguntó, observando los libros en mis manos. "No exactamente. Sigo sintiendo que hay algo que no encaja", confesé, mirándolo con expresión inquisitiva. Liam suspiró antes de hablar. "Ada, la vida está llena de misterios. A veces, es mejor no desentrañarlos todos. Pueden conducir a lugares oscuros." Sus palabras resonaron en mi mente mientras continuaba mi búsqueda. No estaba segura de si debía confiar en su consejo o persistir en la búsqueda de respuestas. La sensación de que algo más grande estaba en juego no me abandonaba. Esa noche, mientras observaba las estrellas desde mi ventana, recibí otra llamada. "Cada vez más cerca, Ada. La verdad saldrá a la luz," susurró la voz misteriosa antes de cortar la comunicación. La oscura predicción avivó mi determinación de descubrir la verdad, sin importar los riesgos. Decidí acercarme a Liam una vez más, buscando apoyo y confianza. "Liam, sé que sabes más de lo que estás dispuesto a decir. Necesito respuestas, no solo para mí, sino para proteger a aquellos a quienes aprecio," expresé con determinación. Liam me miró con seriedad antes de ceder. "Ada, hay cosas que desconoces, secretos que han sido guardados por años. No puedo revelarte todo, pero si decides seguir buscando, prepárate para enfrentar las consecuencias." Su advertencia solo aumentó mi determinación. Necesitaba respuestas, y estaba dispuesta a llegar hasta el final, incluso si eso significaba enfrentar la oscuridad que ocultaba mi propio pasado. La verdad, aunque dolorosa, se convertiría en mi única guía en este intrincado laberinto de secretos. Mientras me dirigía a mi habitación, Marcus apareció en mis pensamientos. Habían pasado semanas desde que lo vi, y ya lo extrañaba. Al llegar a la habitación, encontré la ventana abierta, lo cual me desconcertó, ya que la había dejado cerrada. De repente, percibí la presencia de alguien detrás de mí. Me giré rápidamente, propinándole un puñetazo en la cara y una patada en el abdomen al intruso, quien estaba cubierto con una máscara negra en su rostro. Mientras se retorcía de dolor, le di con una botella de cristal en la cabeza, dejándolo inconsciente. Asustada, cerré la puerta de mi habitación rápidamente. Luego, lo levanté del suelo como pude, lo senté en mi silla, le ataqué las manos y las piernas, y le quité la máscara. Era un chico mayor que yo, aparentemente de unos 23 o 24 años, dos años mayor que Liam y Mathew. A pesar de la situación, no pude evitar notar que era atractivo a simple vista, con cabello rubio y ojos de un color indeterminado, ya que estaba inconsciente. Al ver la herida en su frente, decidí limpiarle la sangre y ponerle un parche. Me senté en la cama, esperando a que despertara. Cuando finalmente lo hizo, abrió los ojos e hizo una mueca de dolor. "¿Quién eres?" pregunté directamente, sin rodeos. Él me miró y trató de levantarse, pero al darse cuenta de que estaba atado, desistió. "Al parecer, esta casa no está muy bien vigilada, incluso teniendo aquí a una familia muy apoderada. Pero en cambio, tú estás bien entrenada para estas situaciones, princesa. Dime, ¿quién te enseñó a golpear así?" dijo sonriendo. Sus ojos eran de un color marrón claro, y por alguna razón, tenía un parecido a Marcus. "Te he preguntado quién eres", respondí seriamente. "Y yo te he preguntado quién te entrenó a golpear así", replicó, rodando los ojos. "No te incumbe", dije mientras iba hacia mi tocador para sacar algunas cosas. "Soy Adam", dijo mientras se quejaba de dolor. "¿Qué querías de mí?" pregunté, mirándolo. Él me observó de arriba a abajo, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda. "Secuestrarte, eso no es obvio", respondió con una sonrisa siniestra pero, de alguna manera, atractiva. "¿Para qué?" pregunté confusa. "No te incumbe eso, princesa". "Deja de llamarme princesa", rodé los ojos y saqué los dos relicarios que tenía: el que me dio Marcus y el que encontré en la piscina. "¿Sabes qué tiene que ver esto con la familia Moretti?" Él asintió. "Podrías hacerme el favor de desatarme, me están doliendo las putas muñecas", dijo, mirándome fijamente. "¿Y cómo sabré que no me harás nada?" pregunté, entrecerrando los ojos, acercándome a él hasta quedar a unos centímetros de su cara. "Sabes muy bien defenderte, podrías arreglártelas", me dijo, y yo me alejé de su cara con un suspiro, mientras él solo echaba su cabeza hacia atrás. Verlo así, en esa posición, me excitaba, sonaba realmente raro, ya que apenas lo conocía desde hacía unos minutos, y ya estaba pensando en lo guapo que es este chico pero es muy idiota como para no defenderse cuando lo golpee Adam continuó con su mirada penetrante, y a pesar de la situación, hubo un momento incómodo de tensión entre nosotros. Decidí desviar la conversación hacia el motivo detrás de su interés en la familia Moretti. "Dime, ¿qué conexión tiene este relicario con la familia Moretti?" le pregunté, sosteniendo el objeto en mi mano. Adam soltó una risa grave y se mordió el labio inferior, sus ojos aún fijos en los míos. "Suéltame, y te lo diré", propuso, pero negué con la cabeza. "Entonces no te contaré nada", añadió. Me alejé, intentando ignorar la extraña sensación que surgía en mí al estar cerca de él. "No creo que debería confiar en alguien que intentó secuestrarme", repliqué, manteniendo mi distancia. Adam soltó un suspiro exasperado. "Princesa, no entendiste. No soy el único interesado en tenerte. Hay muchos que quieren saber más sobre la familia Moretti y están dispuestos a cualquier cosa para conseguirlo". Mi curiosidad aumentó. "¿Por qué debería creerte? Podrías estar mintiendo", señalé. Adam sonrió con cierta ironía. "Porque sé algo que desconoces y que podría cambiarlo todo para ti". Mi escepticismo se mezcló con una creciente intriga. "Explícate", demandé. Antes de que pudiera decir algo más, la puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando a Liam, quien frunció el ceño al ver la situación. "¿Qué está pasando aquí?" preguntó, su mirada alternando entre mí y Adam, atado en la silla. Vi a Adam suplicándome con la mirada para que no le contara la verdad a Liam, así que lo único que pude decir fue: "Él es mi novio", con un tono de seguridad que intentaba ocultar mi desconcierto. Liam me miró sorprendido, y Adam me dedicó una sonrisa agradecida. Rápidamente, desaté a Adam, aunque seguía desconfiando de él, no quería que Liam sospechara nada. Liam cruzó los brazos, con una expresión de incredulidad. "¿Por qué hay una botella de cristal rota en el suelo y por qué tu novio estaba atado a tu silla?" dijo, enfatizando la palabra "tu novio". Adam, aún abrazándome por la cintura, respondió con una historia improvisada: "Íbamos a tener una noche emocionante, y sin querer golpeamos la botella, haciéndola caer al suelo". Liam miró seriamente a Adam y preguntó: "¿Y por qué estaba atado a tu silla?" Sus ojos revelaban un enojo latente. Adam respondió rápidamente: "Creo que no necesitas tantos detalles para imaginar lo que estábamos haciendo, ¿verdad?". Rodó los ojos antes de que yo pudiera intervenir. Liam, visiblemente molesto, solo lo miró en silencio antes de salir de la habitación dando un portazo. Quedé sola con Adam, y lo miré furiosa, apartándolo de mí. "Idiota", murmuré. "Si no fuera porque me hubieras atado, no hubiéramos estado a punto de ser descubiertos", recalcó Adam mientras se sentaba en mi cama. Le lancé una mirada enojada y lo aparté de mi lado. "Ahora, dime qué es ese algo que desconozco y por qué querías secuestrarme", le exigí. Adam se quedó en silencio. "Los Moretti te ocultan algo. Dime, ¿cuándo fue la última vez que viste a tu padrastro?" preguntó. "Hace un mes, en una cena familiar", respondí, sin entender por qué me hacía esa pregunta. "Ves, casi nunca está en casa. Ni él, ni Roger, ni Jennifer, la mujer de Roger. No crees que ocultan algo", dijo Adam frunciendo el ceño. "Siempre supe que ocultaban algo", admití. "Pero tú, ¿de qué los conoces?" pregunté con curiosidad. "Mi padre tiene una pequeña rivalidad con ellos", dijo mientras se pasaba una mano por el cabello. "¿Rivalidad?" lo miré, confusa. "Sí, una pequeña rivalidad, cosas de empresarios que no entenderás", dijo tratando de evitar el tema. "Vale", respondí, insegura de su respuesta. "Ahora dime, ¿por qué querías secuestrarme?" pregunté, intrigada. Las palabras de Adam resonaron en el aire, creando una pausa incómoda. Me miró con ojos que revelaban la carga de sus propias luchas internas. "Quería secuestrarte porque alguien me lo ordenó", dijo Adam, y el peso de esa revelación se coló en la habitación. La confusión se apoderó de mi expresión. "¿Alguien te lo ordenó? ¿Quién podría tener ese tipo de control sobre ti?" pregunté, tratando de entender la complejidad de la situación. Adam parecía lidiar con sus propios dilemas internos antes de responder. "Hay fuerzas en juego mucho mayores de lo que puedas imaginar, Ada. Personas que han estado manipulando los hilos detrás de escena durante mucho tiempo", dijo, su mirada perdida en algún punto invisible. Sus palabras dejaron un rastro de intriga y peligro en el aire. La sospecha se agolpaba en mi mente, formando preguntas sin respuesta. "¿Quién te ordenó secuestrarme? ¿Y por qué seguirías esas órdenes?" pregunté, intentando descifrar la conexión de Adam con estas fuerzas misteriosas. Él suspiró, como si la verdad fuera una carga que pesara sobre sus hombros. "No puedo decirte quién, al menos no ahora. Y seguí esas órdenes porque, en ese momento, creí que era la única manera de protegerte. Pero ahora estoy aquí, dispuesto a luchar contra esas mismas fuerzas", explicó, sus ojos buscando los míos en busca de comprensión. La complejidad de la situación se volvía abrumadora. Mientras intentaba procesar esta nueva revelación, la determinación creció en mí. "Necesitamos respuestas. No solo para mí, sino para poner fin a todo esto. Juntos", declaré, decidida a enfrentar los desafíos que se avecinaban. Adam asintió, y en sus ojos, encontré una mezcla de remordimiento y resolución. Estábamos enredados en una red de secretos y manipulaciones, y solo juntos podríamos desentrañar la verdad detrás de esta historia turbia que había envuelto a nuestras familias. Después de un rato hablando, intercambiamos números de teléfono para estar en contacto. Justo antes de salir por la ventana, me miró y dijo: "Por cierto, Marcus te manda un saludo". Lo miré extrañada. "No me dijiste que conocías a Marcus", me crucé de brazos alzando una ceja molesta. "Hay muchas cosas que no te he dicho aún", me guiñó el ojo y se fue. Recogí los cristales rotos de la botella y me dirigí a la cocina, decidida a cambiar mi actitud y comenzar el plan que Marcus me había sugerido: enamorar a Liam para ganar su confianza. Al llegar a la cocina, vi a Jennifer, la madre de Liam y Nika, que solo había visto dos veces desde mi llegada. Me acerqué y la saludé. "Hola, Ada, ¿qué te cuentas?" La miré y sonreí. "Cansada. Debes ser Jennifer, ¿verdad?" Asintió y me sonrió. A primera vista, me dio una buena impresión; no era como Liam, más bien, se parecía a Nika. "Te falta un año para la vuelta a clases. ¿Ya has decidido a qué universidad irás?" Se me había olvidado que solo quedaba un mes para el regreso a clases. Hice una mueca y negué. "Puedes ir a la misma universidad que van Nika, Mathew y Liam", me sugirió con una sonrisa. "Lo tendré en cuenta", respondí. Ella se dirigió a preparar un bizcocho, y yo me acerqué a ayudar. "Dime, Ada, ¿cómo era tu vida antes de llegar aquí?" preguntó Jennifer. Me quedé en silencio pensando y finalmente contesté, "Rara, desde que mi padre se marchó, ha sido un poco extraña". Ella me miró comprensiva. "¿Lo extrañas, verdad?" preguntó. "Sí", admití después de un largo silencio. Ella me miró y me abrazó. En verdad, necesitaba un abrazo. Se lo devolví, sintiéndome querida de nuevo. Una lágrima cayó de mi mejilla, y la sequé rápidamente para no mostrar debilidad. "Te pareces a Liam", dijo, lo cual me hizo reír levemente. "No sé dónde ves un parecido con Liam, pero ya te digo yo que no me parezco ni un poco a él". Ella se cruzó de brazos y alzó una ceja. "Oh, vamos, eres idéntica a su personalidad. Siempre trata de ocultar sus sentimientos débiles a la gente, al igual que tú", dijo, haciéndome una mueca. "Sabes, últimamente Liam está como muy alterado. Es mi hijo, y lo conozco perfectamente. Sé que ha estado discutiendo con su padre últimamente, pero noto algo raro en él, una preocupación en sus ojos que nunca demostró", comentó Jennifer. "¿Preocupación?" pregunté confusa. "El día que desapareciste, estaba como loco por encontrarte", añadió. Estaba aún más confusa. "Pero si Liam me odia", dije. Ella rió. "Creo que te odia, pero aún así se preocupa por ti. Tal vez solo le caes mal", sugirió. "Sabes, yo y Roger, cuando teníamos vuestra edad, nos odiábamos a muerte. ¿Sabes cuántas veces planeé matarlo?" dijo riendo. "Y ¿qué hizo que se quisieran?" ella sonrió. "No lo sé, pero algo que sí sé y que tengo muy claro es que del odio al amor hay un solo paso", añadió. La miré y sonreí. "No creo tanto en el amor, pero me gustaría vivirlo alguna vez", admití en voz baja. "Yo creo que lo vivirás muy pronto, con Liam", dijo divertida, con la intención de molestarme en broma. "No, ni me muerta. Lo siento, sé que es tu hijo, pero no lo soporto. Es un hipócrita, imbécil, egocéntrico y orgulloso, sobretodo bipolar", dije, a lo que ella se rió. "Lo mismo pensaba yo de Roger. Ya veréis, seguro que acabaréis casados con dos hijos, y entonces yo sería muy feliz de ser abuela y tenerte de nuera", dijo Jennifer, lo que hizo que me riera y negara con la cabeza. "Siento arruinar tus sueños, pero eso nunca sucederá", ella rodó los ojos. "Ya verás que sí", me reí y seguimos cocinando. Justo cuando metimos el bizcocho en el horno, Liam apareció en la cocina sin nada por encima. Solo llevaba el pantalón del pijama. Me quedé observándolo embobada. No me gustaba ni nada, es más, lo odio, pero estaba buenísimo. Tenía un cuerpo que estaba realmente bien marcado. Jennifer me dio un codazo guiñándome un ojo. "Liam, ya te dije miles de veces que no salieras de tu cuarto sin algo por encima". "Oh, vamos, mamá, ni que fuera algo grave", ella rodó los ojos y lo miró molesta. Al parecer, Liam no notó mi presencia, así que ni se molestó en verme aparte la mirada de su cuerpo. Jennifer me susurró: "Pronto caerás". Yo negué divertida mientras ella asentía con una sonrisa. "Ada, ¿qué quieres estudiar?" preguntó Jennifer. "Mmmm, administración de empresas", dije. Ella sonrió y miró a Liam y a mí con sorpresa. "Qué casualidad, porque Liam está estudiando justo eso", dijo sonriendo. "Liam, ¿qué te parece ayudar a Ada estas semanas para que entre preparada a las clases?" Yo la miré con la boca abierta, y Liam la miró indignado. "Creo que ella ya se las puede apañar solita", rodó los ojos. "Oh, Liam, no me hagas enojar. Ya sabes lo difícil que es esa carrera, así que la vas a ayudar", él suspiró y asintió antes de irse e la cocina. Jennifer y yo intercambiamos una mirada cómplice mientras él se alejaba. "Gracias por la ayuda, Ada. Eres muy amable", dijo Jennifer con una sonrisa mientras revisábamos el horno. Asentí, sintiéndome agradecida por la conexión que estaba construyendo con alguien en esta casa llena de secretos. Mientras esperábamos que el bizcocho se hornease, Jennifer decidió compartir más sobre su vida y sus experiencias. Hablamos de temas diversos, desde familia hasta pasiones y sueños. Me di cuenta de que detrás de esa fachada de mujer fuerte y segura, también había enfrentando sus propias adversidades. Al cabo de un rato, el delicioso olor del bizcocho recién horneado llenó la cocina. Sacamos la deliciosa creación del horno y la dejamos enfriar. Mientras cortábamos porciones y las servíamos, Jennifer me miro con interés. "¿Tienes algún plan para el futuro, Ada?" preguntó, y me sumí en mis pensamientos. La conversación con Adam aún resonaba en mi mente, mezclándose con las expectativas de Jennifer sobre mi futuro. "Pienso estudiar administración de empresas, pero más allá de eso, aún estoy descubriendo mi camino” respondí con sinceridad. Jennifer sonrió. "Es natural sentirse perdida a tu edad. Pero estoy segura de que encontrarás tu camino. Y, quién sabe, tal vez la vida te sorprenda de formas inesperadas". Sus palabras resonaron en mí mientras disfrutábamos del bizcocho y continuábamos charlando. A pesar de los secretos que rodeaban esta mansión y mi propio plan en desarrollo, sentí un destello de conexión y aprecio por Jennifer, como si ella pudiera comprender las luchas que llevaba en silencio. La tarde transcurrió entre risas, historias y una extraña sensación de comodidad en esa casa llena de misterios. No sabía cuánto tiempo podría mantener esta fachada de amabilidad, pero por ahora, estaba decidida a descubrir la verdad detrás de los velos que cubrían la vida de los Moretti. Las semanas transcurrieron, y a regañadientes, Liam se convirtió en mi tutor para las clases de administración de empresas. A pesar de la tensión inicial, empezamos a entendernos mejor. Sus conocimientos eran impresionantes y, aunque no quería admitirlo, su ayuda facilitó mi adaptación al curso.
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