Liam:
Al despertarme, los gritos penetrantes de la madre de Ada resonaban en la mansión. Mis pasos apresurados me llevaron a la habitación de Ada, donde me encontré con Nika llorando y Mathew visiblemente enfadado. "¿Qué sucede?" pregunté a Mathew, y en respuesta, me entregó una caja abierta con una nota dentro.
"No confundas mi calma con fragilidad, quien me lastime enfrentará su propia realidad", rezaba la nota. Mis ojos se estrecharon al entender la gravedad de la situación. Salí de la casa con un portazo y me dirigí a la oficina de Richard y mi padre, quienes estaban en la empresa. Al llegar, los encontré confundidos.
"Se la han llevado", expresé con enfado. Richard ordenó a los guardaespaldas revisar las cámaras de seguridad mientras les mostraba la inquietante nota que había encontrado. "Joder, se nos ha ido de las manos", murmuró mi padre. "¿Qué haremos?" pregunté seriamente.
"Buscarla, y en cuanto la encontremos, tendrás que vigilarla muchísimo más", dijo Richard. "Tendrás que estar las 24 horas con ella, y no vale un no por respuesta." Los miré con desagrado. Aunque ya conocían mi rivalidad con Ada, no podía negarme a la responsabilidad que recaía sobre mis hombros.
"¿Y cómo lo haré si ella me odia?" les pregunté fríamente. "Enamórala, haz que se enamore de ti, y así podrás vigilarla mejor", sugirió Richard. Estuve a punto de negarme rotundamente, pero contuve mis emociones para no provocar una discusión innecesaria, decidiendo centrarme en su desaparición.
Revisamos las cámaras, pero la calidad no permitía identificar al chico que se la llevó. La impotencia crecía en mí al pensar en los posibles peligros que Ada podría enfrentar. A pesar de mi conflicto interno, no podía permitir que le hicieran daño; era mi responsabilidad protegerla.
Saliendo de la oficina, subí a mi coche y conduje a toda velocidad sin rumbo fijo. La ira bullía en mi interior, incapaz de soportar la presión que se acumulaba. La situación había explotado, y la rabia me consumía, desatando un torbellino de emociones mientras me dirigía hacia un destino incierto.
Mientras conducía a toda velocidad por las calles de la ciudad, la rabia y la frustración se entrelazaban en mi interior. Ada había sido secuestrada, y el sentimiento de impotencia me atormentaba. No sabía a dónde dirigirme, pero necesitaba liberar la tensión acumulada.
Mis pensamientos se agitaron en un caos mientras recorría las calles sin rumbo. ¿Quién había llevado a Ada? ¿Por qué? Todas las preguntas se amontonaban en mi mente, y la incertidumbre me carcomía.
Finalmente, me detuve en un lugar apartado, lejos de la mansión Moretti y de la mirada de aquellos que podrían observar mi desesperación. Apagué el motor del coche y dejé que el silencio me envolviera. Mis manos apretaban con fuerza el volante, mi mente trabajaba a toda velocidad.
"No puedo permitir que le hagan daño", murmuré para mí mismo. Aunque mi relación con Ada era complicada y llena de conflictos, una sensación de responsabilidad se había arraigado en mí. La idea de perderla de alguna manera me aterraba.
Decidí regresar a la mansión para coordinar los esfuerzos de búsqueda con Richard y mi padre. Al llegar, encontré a los guardaespaldas revisando las imágenes de las cámaras de seguridad. La tensión en el aire era palpable.
"¿Alguna pista?" pregunté con urgencia. Los guardias negaron con la cabeza, frustración reflejada en sus rostros. Richard se acercó con expresión grave. "Liam, necesitamos encontrarla. No sabemos quién la tiene ni por qué, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados."
Asentí con determinación. La rivalidad entre Ada y yo quedó momentáneamente en segundo plano ante la urgencia de la situación. Era hora de dejar de lado nuestras diferencias y unir fuerzas para encontrarla.
Durante los días siguientes, trabajamos incansablemente para seguir cualquier pista. Visitamos lugares que Ada frecuentaba, hablamos con personas de su entorno y agotamos todas las opciones posibles. La ansiedad y la preocupación aumentaban con cada minuto que pasaba sin noticias de ella.
Finalmente, recibimos una pista que nos condujo a un almacén abandonado en las afueras de la ciudad. La adrenalina fluyó mientras nos dirigíamos al lugar, esperando encontrar respuestas y, sobre todo, a Ada.
Al llegar al oscuro almacén, la tensión se hizo palpable. Cautelosos, nos adentramos en su interior, preparados para enfrentar lo que fuera necesario para recuperar a Ada y desentrañar el misterio que la envolvía.
Al entrar al oscuro almacén, nuestras linternas iluminaban un camino incierto. Siguiendo una tenue luz, nos dirigimos a una habitación con un cartel ominoso: "Ella está herida y en el hospital estará desprevenida". Manchas de sangre en el suelo aumentaron mi ansiedad, imaginando lo peor. Miré a Mathew, a mi padre y a Richard, sus rostros reflejando horror.
En medio del silencio pesado, el teléfono de Richard sonó, rompiendo la tensión. Contestó con premura, y una expresión de alivio apareció en su rostro. "Está en el hospital", anunció, aliviando nuestras preocupaciones momentáneamente.
Sin perder tiempo, nos dirigimos hacia el hospital a toda velocidad, la urgencia de recuperar a Ada impulsándonos.
El viaje en coche fue tenso, el motor rugía en sintonía con nuestros corazones ansiosos. La mente se llenaba de temores sobre la condición de Ada. ¿Qué le habían hecho? ¿Quiénes eran los responsables? Las preguntas sin respuestas seguían acumulándose, pero la esperanza de encontrarla con vida nos impulsaba.
Al llegar al hospital, corrimos hacia la sala de emergencias, donde nos encontramos con la madre de Ada, Nika. Sus rostros revelaban la angustia que habían experimentado durante la ausencia de Ada.
Richard se acercó a ellos para obtener más información sobre el estado de Ada. La madre de Ada, entre sollozos, nos informó sobre el ataque que sufrió y cómo la encontraron en el bosque.
"¿Cómo está?" pregunté con la voz tensa. Nika miró a Mathew y luego a mí antes de responder: "Está en la sala de operaciones. Fue brutalmente golpeada, pero los médicos están haciendo todo lo posible por salvarla". La noticia apretó mi pecho con una mezcla de alivio y temor.
Pasaron horas eternas mientras esperábamos en la sala de espera. La ansiedad flotaba en el aire, y cada minuto que transcurría parecía una eternidad. Finalmente, el cirujano salió, y todos nos pusimos de pie, buscando desesperadamente señales en su expresión. "Logramos estabilizarla, pero fue un ataque violento. La recuperación será un proceso largo y delicado", explicó el cirujano. Las palabras resonaron en mis oídos, y una mezcla de gratitud y rabia llenó mi ser. Ada había sobrevivido, pero la batalla no había terminado.
La unidad de cuidados intensivos se convirtió en nuestro nuevo destino, donde Ada yacía inconsciente, conectada a máquinas que monitoreaban su frágil estado. La habitación estaba llena de un silencio cargado de emociones contenidas. El médico nos instó a darle tiempo para recuperarse, pero la determinación en mis ojos reflejaba mi promesa interna: descubrir quiénes eran los responsables y asegurarme de que pagaran por el daño infligido a Ada.
La búsqueda de la verdad y la justicia se convertirían en la nueva misión, mientras permanecíamos junto a la cama de Ada, esperando a que despertara y nos guiara a través del oscuro laberinto de secretos que rodeaban su vida.