Desperté con mucha sed, como si hubiera caminado toda la noche por un desierto, aún tenía puesta la ropa de la fiesta, no tenía ninguna ganas de arreglarme hoy, así que me di una ducha, sentir el agua correr por mi piel tensa me provocó una sensación de relajación que llegó a cada músculo de mi cuerpo, de pronto mi mente trajo los recuerdos de anoche, mi intimidad vibró al recordar el beso de Roberto, el sentir su aroma y mis dedos tocando su virilidad, si solo se hubieran dado las cosas de otra forma, pero mi mente no solo trajo la dulce sensación de ese hombre, sino que también el de una loca que me besó descaradamente y a parte esperaba tener sexo conmigo y Roberto al mismo tiempo, eso me dio asco y una vergüenza del porte de un buque.
Salí del baño, me amarré el pelo en dos coletas y me puse la camiseta de Roberto, la que llegó a mi pieza. Era temprano, como las nueve de la mañana, bajé a la cocina y me serví agua mineral, no puedo sacarme de la mente lo que pasó ayer y me siento muy humillada y avergonzada por mis conductas, pero de verdad no tenía control de mis actos, iba saliendo de la cocina cuando justo en ese momento veo a Roberto con intención de entrar, pero lo detuve, necesito aclarar las cosas que pasaron anoche.
- Tengo que hablar contigo. – Roberto frunció las cejas y me miró con desprecio.
- No tengo nada que hablar contigo. – me iba a hacer a un lado.
- Entonces ¿nunca quisiste tener sexo con Victoria y conmigo? – se quedó paralizado por unos segundos, incluso se sonrojó.
- ¿De qué mierda estás hablando? – empuñó las manos y me miró molesto.
- De lo que pasó anoche. – me tomó la mano algo brusco, cruzamos el living y me llevó hasta el estudio cerrando la puerta después de que entramos, de pronto preguntó algo desesperado:
- ¡Andrea! ¿De qué cosas te acuerdas?
- No sé, supongo que todo.
- ¿Sabes que Victoria te drogó? – Esa maldita perra, como no voy a recordar eso.
- Sí, lo recuerdo.
- ¿Te acuerdas de que ella te besó? – puse una mano en mi frente sopesando lo que me dice.
- No quiero pensar en eso, esa zorra quería humillarme, si no fuera porque estaba en un estado tan deplorable, la hubiera golpeado, ¿Te imaginas teniendo sexo los tres? – lo pregunta la hice pensando en que Victoria debe estar llena de enfermedades, pero al parecer la cabeza de Roberto no funciona de la misma forma que la mía, porque él puso una sonrisa pícara.
- Hubiera sido una noche muy loca ¿no? Se me ocurren un par de posiciones en las que pude haberlas tenido a las dos. – me ardía la cara de la vergüenza, como podía pensar en eso.
- ¿Lo hubieras hecho con las dos? – mi cuerpo estaba tenso ante tal idea.
- Sí, me las hubiera comido a las dos, pero estaban más volás que la cresta y como buen caballero no iba a abusar de dos mujeres que no estaban en sus cinco sentidos.
- Tú no eres un caballero, eres asqueroso, un cochino que pensó en cómo llevarnos a la cama para abusar de nosotras, ni siquiera pensaste en las enfermedades que esa loca puede tener. – Roberto hizo un gesto despectivo con su cara y respondió:
- Aun así, teniendo la posibilidad, no hice nada, tampoco mi idea era tener dramas con tu papá o mi hermano. Pero volviendo al tema ¿Qué más recuerdas? – traté de rememorar lo que había hecho y recordé lo que le hice.
- Mmm… recuerdo que te mordí y te dejé unas feas marcas en el cuello. – Roberto abrió muy grande los ojos y de forma instintiva se tocó el cuello.
- ¿Feas marcas? ¿Todavía las tengo?
- ¿Qué no te ves en el espejo por las mañanas? – me crucé de brazos pensando en que le estaba destacando lo obvio.
- Solo me bañé, no me afeité esta mañana.
- Y me imagino que tampoco te lavaste los dientes.
- No es problema tuyo el como hago mi rutina diaria, podría pajearme todas las mañanas y eso a ti debe importar un puto maní. Ahora ¿Podemos continuar? – Roberto se cruzó de brazos con algo de fastidio, mientras yo seguía recordando.
- También recuerdo que recorrí tu pecho, te abracé, mis pechos rozaban con tu cuerpo y que tomé tu m*****o con mi mano y lo presioné ¿Recuerdas eso? – Me acerqué a él de forma coqueta y descarada, hablé de manera muy sensual buscando en él alguna reacción, Roberto corrió la mirada hacia otro lado y lo oí tragar duro.
- ¿Hay algo más de lo que te acuerdes? – acerqué mi mano a su cuello y con mi dedo índice pasé por los chupones que le dejé en el cuello.
- ¡Dime! ¿Te gustó que te mordiera? – con mi mano bajé hasta llegar al borde de su pantalón y pregunté con voz incitante: - ¿O te gustó mí mano sobre tu pequeño amigo?
- Eso no viene al caso, la idea es saber que recuerdas, no saber que sentí yo.
- Pero ¿Te gustó o no? – mis dedos separaron un poco el pantalón de su piel, quería llegar hasta donde no pude llegar anoche, pero Roberto tomó mis manos algo molesto y con la cara roja.
- ¡Andrea! ¡Me tienes lleno con tus tonteras! ¡Para tu huea! – me molesté, ¿Qué acaso nunca me va a perdonar?
- Bien, no me respondas, pero le tendrás que explicar “la tonterita de tu cuello” a Carmen ¿Qué le vas a decir cuando vea que alguien te dejó chupones por todo el cuello? – me crucé de brazos mientras él se ponía blanco, al parecer nunca sopesó las consecuencias de anoche.
- ¡Ese es mi problema no el tuyo! – se volvió a enojar conmigo, como si fuera mi culpa, suspiré y respondí:
- Tienes razón, tu pelea con Carmen no hará que termine contigo. – ya estaba cansada de su actitud, prefiero irme y dormir un poco más que estar cerca de él ahora, pero al parecer Roberto no piensa lo mismo y se interpuso en mi camino.
- A ver ¿Esto fue idea tuya? ¿tenías todo calculado anoche? ¡Querías marcarme apropósito! ¿Verdad? – me indiciaba con el dedo índice mientras me gruñía
- ¿Qué? ¡No! – ¡Por dios! ¡Estaba drogada, no sabía lo que hacía!
- Ahora, si lo pienso, es muy obvio ¡Apuesto que tenías esto planeado desde antes que te drogaran! - ¿En serio piensa tan mal de mí?
- ¿Cómo iba a hacer eso? Yo solo estoy diciendo … - no pude terminar mi idea, quería decirle que Carmen es tan tonta que le creería sin importar qué, pero él me interrumpió.
- ¡A lo mejor ni siquiera estabas drogada! ¡Fingiste para que yo me preocupara y te volvieras a acercar a mí! – Sentí tanta rabia, no sería capaz de hacer algo así.
- ¡Si hubiera sabido que era así de fácil llamar tu atención, me hubiera drogado antes! – mi mente se llenaba de frustración y solo tenía una idea en la mente ¿Este es el castigo que me da por no haberlo elegido?
- De ti podría esperar cualquier cosa, tú no tienes sentimientos, estas hueca por dentro. – Eso me dolió, mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no permitiría que ninguna cayera por mi cara, me está insultando y no permitiré que me humille.
- Yo no hice eso, yo no soy así, no necesito quitar a Carmen de mi camino, si logré llegar a ti, incluso con ella en medio, es porque el problema eres tú, tú no quieres perdonarme, tú estás enojado porque quieres, podemos estar juntos ahora, ya, solo es decisión tuya. – Roberto cambio de actitud, se volvió más solemne.
- ¿Decisión mía? Bien, deja a Zanetti y yo dejo a Carmen. – me sorprendió con su propuesta, no esperaba que fuera tan drástico.
- Es qué… - No puedo dejar a Javier todavía, mi reputación está en juego, debo ir a esa fiesta con él o pensaran que soy de lo peor por arruinar la relación de Roberto con Carmen, sin contar de que Javier a hecho un buen papel de pololo enamorado y pensaran que lo utilicé.
- ¿Estas dispuesta a dejarlo si o no?
- Roberto… - Le dije de forma suplicante, Roberto se metió las manos a los bolsillos y dijo:
- Supongamos que te perdonó ¿Qué harás? ¿Dónde quedaré en tu vida? ¿me seguirás escondiendo como si fuera una fea mancha en tu ropa? – Traté de explicar mi idea, quise que él viera mi punto de vista.
- Solo es un tiempo, sabes que es hasta que… hasta que… - me siento tan ansiosa que quiero sacar todas mis ideas de golpe, pero no puedo formular las oraciones correctas.
- ¿Hasta qué estés casada con Zanetti? ¿O tal vez unos años más? ¡Ya sé! Tengo que esperar hasta cuando tengas hijos con ese hueón, cuando tus hijos sean mayores de edad y tengas que decirle al mundo que los supuestos hijos de Zanetti son míos ¿Eso esperas? ¿Qué sea tu puto amante?
- ¡No! No espero eso. – de pronto Roberto me toma por los hombro y me hace retroceder hasta que me deja contra la puerta, su cara estaba tan cerca de la mía que podía sentir su aroma y ver sus profundos ojos verdes.
- Mira princesa, esto no es una novela, no es como los libros que lees, yo no voy a ser un puto mártir que espera a que su amada se dé cuenta de las cagas que se está mandando, yo no soy de fierro, soy un hombre normal, que espero que me den lo mismo que entrego, y es por eso que no tengo por qué esperar, tengo polola, con ella quiero cosas, no me pone reglas hueonas como esperarla, no me hace falsas ilusiones, soy el cabro con quien quiere estar, ella espera que le entregué mi amor, se entrega a mí sin pensar que tiene que esconderme por aparentar, soy el hombre a quien ella quiere presentar sin sentir vergüenza de quien soy o de donde vengo, ella es perfecta, no la voy a cambiar por la nada que me ofreces. – los oídos me zumbaban, mi corazón dolía, lo miré buscando su amor por mí, pero no lo encontraba, llena de miedo le dije:
- Te juro que terminaré con Javier, solo dame tiempo.
- No voy a hacer eso, no me hables más, no me provoques, no me acoses porque… - de repente se quedó callado, tuve el presentimiento que iba a decir algo que podía cambiar toda la pena que siento, era un ápice de esperanza.
- ¿Por qué?
- Por que estoy cansado. – aunque sus palabras sonaban sinceras, era otra cosa la que iba a decir, estoy segura, mientras procesaba lo que me había dicho me fijé que su mirada estaba clavada en mi cuerpo. - ¿Esta camiseta que estas usando es de hombre?
- Sí. – Por alguna razón los ojos de Roberto tenían un brillo distinto, se veía enojado y con desdén soltó estas palabras:
- Al parecer Zanetti ya te está llenando el closet con su ropa. – sus palabras suenan raras, no es enojo lo que demuestra ¿son celos? Me soltó molesto.
- La camiseta no es de él. – en sus palabras demuestra toda su irritación.
- ¡¿Y de quién más puede ser?! – al ver sus celos a flor de piel solo me da más esperanzas .
- Bueno, podría ser, por ejemplo, ¿tuya? – Roberto se sorprendió y levantó una ceja.
- ¿Qué? ¿mía? ¿Usas mi ropa?
- Por casualidad llegó a mis cosas y ya que tú no me tomas atención, cuando estoy sola y te extraño la uso para dormir. – Pasé mis manos por las curvas de mí cuerpo para atraerlo, su cuerpo estaba muy tenso, sus manos estaban empuñadas mostrando la tensión en sus brazos.
- Ok. – suspiró mirando al techo. – quiero que me devuelvas esa camiseta.
Sus palabras jugaron a mi favor, se que él aún siente algo por mí, así que, seguiré con mi juego de seducción hasta que vuelva conmigo. Sus instrucciones son claras, así que, si él quiere la camiseta, se la devolveré.
- Bueno. – tomé la camiseta por la parte de abajo y la comencé a subir, solo alcancé a subirla hasta mis costillas, porque en ese momento Roberto me gritó nervioso.
- ¡Espera, no! No te dije que me la pasaras ahora.
- No tengo problemas con pasártela ahora. – al parecer fui tan inesperada con mi reacción que no pudo controlar sus instintos, haciéndolos visibles a través de su pantalón.
- Pásamela después, cuando la laven.
- Como quieras. - me giré, abrí la puerta y me fui, no le devolveré la camiseta, si la quiere la ira a buscar, por el momento estoy feliz con saber que tiene celos y que su cuerpo aún reacciona cuando lo seduzco ¡Roberto, mientras tenga esperanzas, seguiré luchando por ti!