Roberto me miró con desprecio, su posición era fría y distante, pero sea lo que sea que me esté pasando, no me inhibe y solo quiero ir en busca de su cuerpo.
- ¿Qué quieres? – me dijo con desdén, yo solo me reí como desquiciada, me lancé a sus brazos, me colgué de su cuello y lo besé como si tuviera sed de su boca.
-Te amo. – me salió de la nada, salía de mi corazón, pero los ojos de Roberto tenían un extraño gesto de temor.
- ¿Qué? ¿Estás loca? - solo respondía de forma automática, mi cuerpo arde y quiere ser tocado por él, cada roce y contacto con él me excita cada vez más.
-Sí, loca por ti. – Roberto quería separarse de mí, pero me aferré a él como una lapa, mis pechos están desnudos debajo del vestido, así que mis pezones sienten un agradable roce contra su cuerpo, lo beso en el cuello, en su clavícula, en cualquier parte donde tiene su piel desnuda.
No sé en qué momento me llevó hasta el pasillo donde esta la puerta principal de la casa, en ese momento logró separarse de mí, sin embargo mí urgente deseo quiso volver a aferrarse de él, pero Roberto muy molesto me aleja y me grita:
- ¡Andrea! ¡Para! ¡no sé qué mierda pasa contigo! ¡que no te das cuenta de que nos puede cachar tu papá o mi hermano!
- ¡Por favor, te necesito! ¡Te deseo ya! – no puedo imaginar como salió mi voz, pero vi en los ojos de Roberto un brillo distinto, agitó la cabeza y me dijo algo golpeado.
- ¡Para! Recuerda que todavía estoy enojado contigo. – a pesar de sus palabras, no esquivó mis manos cuando empecé a recorrer su pecho, de repente escuchó una voz que viene desde las escaleras:
- ¿Y por qué estas enojado con ella? – su voz se me hacía familiar, pero no puedo recordar quién es en este momento.
- ¡Nada que te importe! – en ese momento que Roberto giró para responderle a esta mujer, aproveché que él estaba con la guardia baja y lo abracé solo para sobar mis pechos con su cuerpo, pero este hombre quiere separarme de él otra vez. - ¡Andrea, suéltame!
- Sabes, corazón, deberías dejarte querer, Andrea y yo podemos hacerte muy feliz esta noche. – los músculos de Roberto se pusieron muy tensos.
- ¡Victoria! ¡¿Qué mierda quieres decir con que “pueden hacerme feliz”?! - ¿Victoria? ¿Ella está aquí?
De un momento a otro, Victoria empieza a besar y a acariciar a Roberto, como un acuerdo tácito, lo empezamos a empujar hasta arrinconarlo en la puerta. Roberto trata de empujarnos y zafase de nuestro agarre, pero Victoria tomó una de sus manos y yo le tomé la otra, dejándolo sin movimiento.
- ¡Oigan! ¡Paren! ¿Qué huea les está pasando a las dos?
- Te deseamos, cariño, al punto de compartir. – Victoria tomó la cara de Roberto y lo besó en la boca, mientras yo le lamia el cuello y lo chupaba con fuerza, al punto de hacerlo gemir.
- ¡Ah! ¡Andrea, por favor! ¡PARA! – Victoria metió su mano por la polera de Roberto mientras que mi mano libre bajó por encima de su pantalón y encontré su m*****o duro, mis ganas de sentir esa erección dentro de mí me está llevando más allá de mis limites, apreté firme su pene y Roberto echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos, tragó con fuerza y en un jadeo me ruega. - ¡Andrea! ¡No sigas! ¡tú no eres así!
- Tal vez si lo es, corazón, solo que no lo sabías. – De la nada, Victoria me besa en la boca, rozando mi lengua, por alguna razón esta situación no me incomoda, solo sacia mi sed de sexo, logró sentir que Roberto se tensa y su m*****o palpita ante este acto. – ¡Ves! ella es tan sucia como una puta, solo que tú no tenías idea de nada.
- ¿Qué le hiciste? ¡Andrea jamás te hubiera tocado en la vida! – Roberto trataba de soltarse, pero quiero todo de él, ¡quiero que me dé duro, ahora! Así que, no estoy dispuesta a soltarlo, en ese momento Victoria saca algo de sus pechos y le dice a Roberto:
- Abre la boca y lo pasaras bien con este manjar de los dioses.
- ¡Ni hueón me voy a comer algo que tú me ofrezcas! -
- Entonces te obligaré. – Victoria se metió algo a la boca y agarró con fuerza a Roberto para darle un beso, mientras yo bajaba con dificultad el cierre de su pantalón, quiero sentir la piel tensa de su erección.
Como mi esfuerzo por abrir su pantalón ya me estaba sacando de quicio, aflojé mi agarré y antes de que Victoria pudiera besar a Roberto, él me empujó con fuerza botándome al suelo, agarró a Victoria de la cara y le sacó a la fuerza una especie de pastilla, la tiró al suelo y la pisó.
- ¡Maricón! ¡Estas cagas me cuestan caras! – Victoria parecía molesta.
- ¡Dime! ¿Qué huea me querías dar? – Roberto, estaba emputecido de ira, le afirmó con fuerza los brazos a Victoria y la remeció.
- ¡Ah! ¡Eso! ¡Maltrátame! ¡dame duro! ¡Sacia tu deseo sádico en mí! – ella gemía con voz de placer.
- ¡Victoria! ¡Habla ya! – Roberto estaba furioso, nunca lo había visto así antes.
- ¡Auch! Eso ya empezó a doler. – Roberto estaba ocupando mucha fuerza para apretar los brazos de Victoria, ella trató de soltarse, pero él parecía sombrío y se notaba que los músculos de su antebrazo estaban ejerciendo gran presión. - ¡Ya! ¡ok! ¡Es éxtasis! ¡Bien! ¡Es un poco de placer extra! La pudimos pasar bien si no fueras tan moralista.
- ¿Qué huea tienes en la cabeza? ¿A ti te falla o qué? – empecé a sentirme asustada no sé por qué, el corazón se me quiere salir del pecho de tan rápido que se siente. Roberto se tapó la cara por unos segundos y después empezó a hacer gestos con las manos, indicándome - ¿Le diste esa mierda a Andrea? ¿La drogaste?
- Ja, esa cartucha, se tenía bien merecido una dosis. – Victoria estaba cruzada de brazos, hasta que se llevó las manos a la cadera para decir un montón de estupideces. - Aún podemos enseñarle como tener un buen sexo, me gustan los tríos, aunque nunca he tenido uno con otra mujer, en especial con una santurrona como ella, si la llevamos a tu pieza, ahora, la haremos gritar de placer.
Roberto se cruza de brazos, mira a Victoria con desdén y le dice con despreció:
- Victoria, no lo haría contigo ni cagando, a ti no se te cayó un tornillo, se te cayó la ferretería completa. Ahora, dime… – Ya no aguanto, me voy a morir, siento que me seco.
- ¡¡Roberto!! ¡¡Ayúdame!! ¡Tengo mucha sed! ¡Me muero de sed! ¡Me voy a morir! – tengo tanto miedo, jamás había sentido algo tan horrible.
- ¡Mierda! ¿Victoria, que le pasa a ella? – Roberto se agachó para asistirme, sentía que quería salir corriendo, pero el cuerpo no me funcionaba, Victoria dijo con indiferencia.
- Tiene sed, dale agua. – Roberto la miró con desprecio y frustración.
- ¡Eso no ayuda! – empecé a llorar, mi corazón va a explotar.
- ¡ROBERTO! ¡ME SECO! ¡ME MUERO! – Roberto trataba de sacarle palabras a Victoria con una mirada fría como el hielo glacial, pero esta responde:
- ¡Dale agua, mi amor! ¡Si la princesita tiene sed! ¡Dale agua! – Roberto tenía un semblante lleno de frustración, me tomó en brazos y me llevó a la cocina, no vi que Victoria nos siguiera, Roberto me sentó encima en un mesón y me dio un vaso de agua, lo bebí como si nunca hubiera tomado ningún liquido en la vida, el hombre frente a mí volvió a rellenar el vaso un par de veces más. Roberto, de forma muy dulce, acunó entre sus manos mi cara, me hizo mirarlo y sus ojos verdes me veían con ternura.
- ¿Quieres más agua? – negué con la cabeza - ¿Cómo te sientes?
- Me duele el pecho, siento que me cuesta respirar, quiero vomitar, quiero salir corriendo de aquí, pero el cuerpo no me responde.
- Tranquila, esto ya va a pasar. – Sus manos pasaron por mis brazos y llegaron a mi cintura, su agarré era firme y cuidadoso, de pronto vuelvo a sentir mis latidos descontrolados y las lagrimas me salen solas de mis ojos.
- Roberto, me voy a morir ¿Verdad? Mis latidos son muy rápidos, creo que me va a dar un ataque al corazón, ¡llama a una ambulancia, por favor! – Roberto me acogió en sus brazos y me acarició la cabeza.
- Tranquila, creo que lo que sientes es un ataque de pánico, tú estás bien, ahora, vas a respirar profundo, ¿bien? – no podía parar de llorar, de repente escuchó un ruido que no reconocí, esto es terrible, ¿así se siente los últimos momentos de vida?
- Escuchas eso, creo que es el ángel de la muerte que viene por mí. – tengo tanto miedo ¿Qué hice mal? ¿Por qué me está pasando esto? Roberto me abrazó más fuerte, como si quisiera que sintiera su corazón.
- Andrea, mi cuica hermosa, no hay nada, solo somos tú y yo. - ¡Me dijo hermosa! Eso calmó un poco mi tormento, hundí mi cara en su pecho para sentir su aroma, lo extraño tanto, me di el ánimo de levantarme para caminar, pero el cuerpo me tirita completo, es como si ya no tuviera fuerzas para nada.
- Roberto, quiero irme a mi habitación, pero no puedo moverme. – volvió a acunar mi cara en sus manos, me sonrió y con voz muy suave me dijo:
- Te llevaré en brazos. – me tomó con cuida, me aferré a él como si mi vida dependiera de ello, mi cuerpo no paraba de temblar, podía percibir que a Roberto le costaba subir las escaleras, pero no se quejó, ni siquiera dio un suspiro de frustración, solo paraba cada cierto tiempo para acomodarme en sus brazos, de pronto escucho entre un jadeo que dice: - Ya falta poco.
Mi mente empezó a traer los recuerdos de lo que pasó, sé que tomé un trago sin alcohol, ¿Cómo me pudo caer tan mal algo que no tenía ni una gota de alcohol? sin querer mi boca expulsaba lo que mi mente divagaba.
- No sé qué pasó, pedí un trago sin alcohol.
- No fue tu culpa. – me dijo suavemente el hombre que me llevaba en sus brazos.
- ¿Por qué me pasó esto? ¿Dios me está castigando? ¿Tan mala he sido?
- Dios no te está castigando, esto pasó porque hay una loca de patio en la fiesta y nadie la puede controlar.
- No quiero volver a tomar otro trago en mi vida, me siento horrible.
- Andrea, tú no te emborrachaste, te drogaron.
- Me drogaron por tomar. – me sentía como una tonta ingenua.
- No fue por eso, mi princesa, se podría decir que solo quería humillarte.
- No me siento bien. – Roberto abrió la puerta con dificultad, me acostó en la cama con delicadeza, sacó el cubrecamas de mi cama y me tapó, se dio la media vuelta, pero tomé el dobladillo de su polerón y le dije: - no me dejes sola, quédate hasta que me duerma.
Él se sentó en la orilla de la cama, tomó mi mano y con el dedo pulgar me acariciaba el dorso de la mano, cerré los ojos y lo último que sentí fue que me acariciaba la cabeza y caí profundamente dormida.