Derek se agachó veloz y me cogió por las piernas mientras me cargaba en su hombro. Y a mi ésto me tocó los cojones y grité.
—¡Robert! ¡Ayúdame! ¡Suéltame, desgraciado!
Nadie intervino, había mucho ruido de la música y los pocos que escuchaban, pensarían que esto sería una broma o algo. Derek le preguntó a una chica dónde estaba el baño. Ella, sin asombrarse de que el gilipollas éste me llevara en brazos, se lo dijo.
—Para de una vez idiota, te he dicho que me bajes —le dije esta vez más seria.
—¿Quién me castigará? ¿Ese idiota que estaba contigo que aspira a ser camarero?
Entramos al baño y Derek abre el grifo del lavabo. Me agarré como pude con las manos a la puerta, intentando detenerlo. Entonces él me agarró las manos liberándolas fácilmente. Entonces, como vi que la fuerza no funcionó, intenté hacer lo mejor que sé: mentir.
—Vale, sé que he hecho mal. Perdóname y bájame.
—¿Pero qué coño dices? ¿Me tiras el vodka a la cara y ahora me dices "perdón"? Lo siento mucho, nena, de esta no te libras.
Entonces todo el agua me cayó encima cuando puso el dedo presionando. Esto pudo ya con la poca paciencia que me quedaba.
—¿Pero qué haces, pedazo de inútil?
—Pues, ¿devolverte la de antes?
Y me vuelve a salpicar, echándome agua. Como impulso, le agarro la muñeca y la giro haciendo que él mismo se eche agua. Y se cortó el agua. Y supe que si quería quitarme al pesado este de encima, tendría que salir de aquí. Pero al momento de ir a buscar papel para hacer el pobre intento de secarme, Derek se empezó a reír aun estando empapado.
—Reconoce que eso fue gracioso.
—No tiene ni puta gracia. Déjame.
—Oh venga, no te cabrees gatita.
—¡¿Quieres dejar de decirme motes de esos que les pones a toda tía que se te cruza por delante?! Tengo nombre, maldita sea.
—¿Y cuál es tu nombre, si se puede saber? Y tienes la boca muy sucia, me parece que te la voy a tener que lavar con jabón.
—Vete a la mierda.
—Un nombre muy peculiar. Me gusta —¿se cansará algún día? — Oh vamos, dime tu nombre.
A veces pienso que este tío no da mucho de sí. El pardillo de antes lo dijo delante suya como unas tres veces, ¿y no se acuerda? Sí que debe ir mal...
—¿Porque tal vez no quiera dártelo? Venga, piérdete ya.
Suspira resignado y sale por la puerta sin siquiera tener el consentimiento de mirar el charco que está formando mientras anda.
—Está bien, lo tendré que descubrir por mí mismo. Y.. oh, nena, ten por seguro que tú y yo nos daremos un paseo. A donde yo quiera.
Se fue del baño dejándome un poco abrumada por todo lo que había sucedido.
Rose y yo nos fuimos de esa fiesta un poco —muy— borrachas, su tío se había ido mucho antes porque tenía que trabajar. Daba gracias a que las calles estaban prácticamente abandonadas a las cuatro de la mañana, porque de no ser por eso, nos habríamos estrellado con una farola hace un rato.
Íbamos riéndonos como unas locas mientras Rose conducía y fumaba. Parecerá increíble e imposible pero ebria es cuando más consciente era de todo. Por ejemplo, de que iba haciendo el gilipollas con Rose en el coche y que nos daba igual todo.
Cuando llegamos al apartamento de Rose, no se escuchaba nada, excepto nosotras borrachas como cubas pisándolo todo, tirando todo a nuestro paso. Entonces se encendió una luz que nos dejó medio ciegas y apareció el tío de Rose mirándonos con cara de 'os juro que os mato'.
Como impulso, Rose y yo nos empezamos a descojonar en su cara, cosa que pareció no gustarle, porque llegó desde la puerta de su habitación hasta donde estábamos nosotras, en menos de cinco segundos, con aparentes ganas de estrangularnos.
—¿Se puede saber por qué tenéis que formar tanto follón cuando llegáis? —empezó a pedirle explicaciones Robert a su sobrina y yo aproveché para escaparme de la reprimenda.
Mientras tanteaba la pared buscando el interruptor de la luz para poder ver algo mientras iba por el pasillo en busca de la habitación de Rose, me caí de boca al suelo tropezando con lo que parecía una zapatilla de deporte. ¿Y ésto que coño hace aquí? Pero me di cuenta de algo, ese zapato era demasiado grande como para ser de Rose, por lo tanto, tenía que ser de un tío, eso estaba claro. O tal vez tenía los pies grandes.
Qué gilipollas soy, pues claro, de Robert, de quién si no iba a ser.
La borrachera iba dando paso cada vez más a la resaca y estaba empezando a desear morirme.
Mientras buscaba la habitación iba dándole vueltas a todo lo que me había ocurrido desde que llegué: la "casualidad" de haberme encontrado a Rose, los encontronazos con Derek, la noche con Robert, cuando James llegó a la tienda... Y hoy esto. Jamás pensé que llegar aquí podría hacerme vivir y sentir más cosas de las que había disfrutado en mi vida.