4. De vuelta a casa

1527 Palabras
POV EMMA Volver a esta casa no era parte del plan, o bueno sí lo era… pero no tan pronto y no así con el corazón latiendo tan fuerte que dolía, con las manos temblando al sostener el volante frente a esa calle que olía a recuerdos que creí superados pero ahí estaba mi casa, la misma de siempre aunque el color de la fachada era más opaco y las plantas del jardín parecían pedir ayuda, me bajé del auto ajusté la chaqueta y respiré hondo... Emilia Stone nunca temblaba, Emma Solís en cambio habría salido corriendo pero esa ya no era yo. —Hazlo rápido— me dije en voz baja —Como quitarte una curita— El portón chirrió como siempre, mis pasos retumbaron sobre las baldosas que conocía de memoria y antes de tocar el timbre, una voz familiar, gastada y cansada pero inconfundible habló desde adentro —¿Quién está ahi?— me paralicé —Soy yo mamá— dije y ahí quedó todo el aire que tenía. Un silencio incómodo después el sonido de los pasos y entonces se abrió la puerta, Leonor, mi mamá se quedó quieta y agarrada del marco como si le costara mantenerse de pie tenía el cabello más corto, con canas visibles y la piel más pálida pero fueron sus ojos lo que me destrozó, no estaban duros ni altivos, estaban… rotos. —Emma…— dijo en un susurro —Hola— logré decir, pasaron dos segundos, tres y de repente la mujer que una vez me llamó "vergüenza" estaba frente a mí temblando y con las lágrimas rodándole por las mejillas. —perdóname— murmuró, no la abracé no podía, no todavía solo asentí y pasé cruzando la puerta que había jurado no volver a tocar nunca más. —¿Quieres agua? ¿jugo? ¿un café?— pregunto apresurada —Café, gracias— mientras ella lo preparaba, yo aproveché para echar un vistazo todo estaba igual a como lo recordaba, la foto en la que posamos alegremente el día de mi graduación con papá sonriendo feliz y orgulloso sosteniendo mi certificado y mamá levantando mi mano con la suya en señal de triunfo, un nudo se formo en mi garganta pero me obligué a tragarlo, mamá regresó con galletas también.. —Estas tan hermosa como siempre mi n¡ña pero te vez cambiada- me dijo Después del café y unas cuantas frases incómodas supe que ella llevaba años arrepintiéndose, que la familia, las apariencias y el qué dirán… todo eso había valido más que su hija en un momento ahora le pasaba la factura porque se sentía sola y castigada. —Vi el video muchas veces— me dijo —Vi cómo te miraban como te dejaban ahí esperando y vi mi rostro, vi cómo te culpé, cómo te fallé... Yo…— se cubrió la cara para ahogar el sollozo —Yo me equivoqué— dijo con dificultad Dolía ¡claro que dolía! pero parte de mí necesitaba escuchar eso por fin, después de tantos años y de tantas noches tragándome el llanto en un apartamento acompañanada solo de mi dolor... necesitaba que lo dijera. —No estoy lista para perdonarte, mamá— le dije, sin levantar la voz —Pero estoy aquí y necesito pedirte que finjas que no me conoces, eso se te facilita de todos modos— dije con más frialdad de la que quería —no puedo explicarte ahora, pero si de verdad estás arrepentida harás esto por mí— y eso al parecer fue suficiente para que volviera a llorar, por dentro me pesó ser tan dura pero no iba a flaquear, no por ahora, me despedí de ella con la promesa de volver.. Más tarde, fui al único lugar que sabía me haría sentir como en casa, el viejo café de la esquina, ahí con olor a canela y los sillones desparejados, fue donde busqué a Maya, literalmente la busqué, no sabía si seguía aquí o si se había ido como yo, si todavía me recordaba o si ahora era una mujer con esposo, hijos y un perro que odiaba el drama. —¿Puedo ayudarla?— escuché detrás de mí, me giré y ahí estaba Maya igualita y diferente al mismo tiempo, con el cabello más corto y esa expresión de "no estoy segura si eres tú o si el universo me está jugando una broma" —Hola Maya— sonreí y ella abrió sus ojos asombrada —¿cómo estás?— le dije Ella soltó una carcajada tan fuerte que hizo que dos señoras voltearan desde su mesa —¿Emma? ¡Ay no!— me abrazó tan fuerte que casi se me zafa un pulmón —¡Eres tú mald¡ta sea! ¡Pensé que te habías ido a un convento y que jamás volverías!— —Casi— reí con un nudo en la garganta —¡No puedo creerlo! estás... diferente- dijo sin dejar de sonreír —Bueno, ahora me llamo Emilia— confesé y ella frunció las cejas, nos sentamos ella pidió el mismo té de frutos rojos de siempre y yo pedí café sin leche ni azúcar entonces me di cuenta, habíamos crecido pero algunas cosas seguían igual. —¿Por qué no volviste?— me preguntó sin rodeos. —Porque me dolía, porque me sentía sola, porque hasta tú desapareciste— dije —No desaparecí Emma, tu mamá me echó me dijo que no eras buena compañía y que te dejara "curar tus heridas" sola y yo… me lo creí pensé que lo mejor era darte espacio pero me arrepentí y volví cada sábado por casi un año, hasta que me resigné— Nos quedamos en silencio, el tipo de silencio que solo se da entre quienes se extrañaron con rabia después, le conté todo o casi todo el trabajo, la terapia, el gimnasio, los días buenos y los muy malos, mi nuevo nombre, mi regreso y claro, que Liam todavía no tenía idea de quién era yo —¿Y tú qué quieres Em? ¿Venganza? ¿Que se arrastre?— Lo pensé un segundo —No sé, tal vez solo… que sepa lo que perdió que me vea y que le duela un poquito aunque sea... pero sobre todo quiero limpiar mi nombre— Maya asintió —pues prepárate, porque eso está por pasar y yo voy a ayudarte— aunque sonreí no supe si me estaba advirtiendo… o deseando suerte, esa noche me quedé en el apartamento que había alquilado por tiempo indefinido Maya se quedó conmigo y por primera vez en años me sentí un poquito menos sola y eso para alguien que vivió con el corazón hecho trizas ya era un milagro, a la mañana siguiente tenia una cita con Liam, había llegado el momento de empezar a hacer justicia, es justo que ellos pierdan también ¿por que habría de ser solamente yo? Si bien es cierto que ellos no me quitaron nada material, me quitaron lo mas valioso que tenia... mi familia, mi paz mental, mi dignidad.. eso a ellos no les importa lo que ellos mas quieren es su cochino dinero, el nombre de su familia y eso es lo que les quitaré para estar en igualdad de condiciones si ellos me quitaron lo único que me importaba yo les quitaré lo mismo y de paso Liam se dará cuenta de lo que perdió.. —¿Que tanto piensas? No, olvídalo no me digas.. ya me imagino y sí, cuentas conmigo para todo— Maya llego a la cocina y ni la escuche entrar, estaba tan sumergida en mis pensamientos que me olvidé que por primera vez en años.. hay alguien conmigo, sonreí por instinto, desayunamos y me encanta que no me trate como si le diera miedo hacerme enojar ella sigue igual que siempre, como si aún tuviéramos 22, como si no hubieran pasado 4 años en los que por un tiempo me sentí morir, ella es así y agradezco a la vida que a ella no me la haya quitado —¿Te gustaría trabajar conmigo? De esa manera no se verá tan sospechoso que pasemos tiempo juntas— le dije mientras le daba un sorbo a mi café matutino —¿Lo dices en serio?— preguntó asombrada —No lo se..— me quede muda, de verdad me hubiera gustado que aceptara —es que tengo un excelente trabajo— sonreí con una mueca de resignación — con un sueldo mediocre y cero oportunidades de crecimiento del cual no me he podido librar en años por que no hay grandes oportunidades en este lugar.. no se si deba arriesgarlo para trabajar con mi mejor amiga— casi me hace escupir el cafe, soltamos una sonora carcajada porque tenia años que no reía de verdad —¿Cuando empiezo?— dijo al fin entre risas —¡No cambias Maya!— seguí riendo —Empezaste ayer… nos vemos mas tarde, arregla todo lo que necesites y… gracias— me levanté y después de lavar mis dientes salí a ver a Liam.. había llegado el momento que tanto esperé..
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