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1919 Palabras
            Kesean estaba alerta y atento a todo lo que pasaban en el camino, se habían encontrado con un sector lleno de árboles, así que tenían que mantener los ojos muy abiertos.             No estaba seguro de que estaban por encontrar así que eso hacía más difícil la búsqueda.             —¿No hay más camino? — preguntó la agente Pierce más como una expresión.             Llegaron a un punto en el que no se podría avanzar más en auto, así que ella fue bajando la velocidad.             —Parece que hay un camino por allí — señaló Kesean entre unos árboles delante de ellos.             —Tendremos que ir a pie — afirmó la agente Pierce apagando el motor.             Kesean bajó del auto sin pensarlo demasiado, su corazón estaba acelerado e incluso se sentía tan nervioso que sus manos habían comenzado a temblar un poco.             —¿Listo? — preguntó la agente Pierce llegando a su lado.             Él asintió, pero no era como si realmente lo estuviera.             —Vamos — dijo ella comenzando a caminar.             Kesean le siguió manteniéndose atento. El camino parecía estar camuflajeado, estaba muy disimulado, pero si se enfocaban podían notar que sí había uno. Kesean mantuvo su atención en el GPS.             —Estamos aquí — anunció él en cuanto lo indicó el GPS, y se detuvo.             —Bueno — también se detuvo la agente Pierce —, supongo que tendremos que buscar por nuestra cuenta porque estamos ya en la zona.             —Sí — Kesean observó en varias direcciones y notó, más allá a su izquierda, la orilla del río —. ¿Qué tal si vamos por allá?             —¿Por qué piensas que por allí?             —A Kerensa le gustaban los ríos, el mar, todo lo que implicase agua en general — contestó encogiéndose de hombros.             La agente Pierce asintió.             —Está bien, vayamos por allí.             Kesean guardó el GPS en el bolsillo de su chaqueta y caminó tan rápido que dejó atrás a la agente Pierce.             El río se hizo más visible y también audible, proporcionándole un poco más de ansiedad.             Se detuvo al tener la orilla a unos quince metros de distancia y observó a su alrededor. No había nada.             —No entiendo — dejó salir de sus labios.             Llevó una mano a su cabeza, cerró los ojos y respiró profundo.             —Debe haber algo en algún lugar — dijo la agente Pierce.             Kesean se enfocó en mantenerse objetivo, así que abrió los ojos y comenzó a caminar por la orilla del río. La agente Pierce por su lado se enfocó en los árboles.             Caminó por varios minutos hasta que miró hacia adelante y notó una pequeña casa a lo lejos.             —¡Agente Pierce! — llamó sin dejar de observar la casa.             —¿Encontraste algo? —preguntó ella, Kesean giró a verla un momento y notó que caminaba rápidamente hacia él.             —Por allá — señaló con si dedo —, hay una casa.             Ella trotó y se colocó a su lado. La agente Pierce era de estatura promedio.             —Eso — aplaudió una vez —, vamos allí. Rápido, rápido.             Ella corrió delante de él y Kesean le siguió corriendo también.             Trotaron por un buen tramo, así que Kesean pudo notar que la agente Pierce estaba bien entrenada y se mantenía en forma.             Al llegar cerca de la pequeña casa, notaron a una señora mayor sentada fuera de esta.             —oh… ¡Hola! — exclamó la agente Pierce moviendo su mano por encima de la cabeza — ¡Buenos días!             La anciana les observó con una sonrisa.             —¡Buenos días! — contestó animada — ¡Qué bueno tener visitas!             Ella se colocó de pie y caminó a su encuentro.             —¿Qué les trae por aquí? — preguntó la anciana mientras bajaba los escalones de la entrada con mucho cuidado.             Kesean se acercó rápidamente extendiendo su mano.             —¿Le ayudo?             —No, estoy bien — contestó ella amablemente y terminó de bajar.             —Disculpe la visita inesperada — dijo la agente Pierce.             —No, no — movió su mano —, está bien, no suelo conocer personas nuevas por aquí — pasó su mirada entre ambos —. Mi nombre es Miriam — extendió su mano a la agente Pierce con una sonrisa en el rostro.             —Yo soy la agente Dakota Pierce — estrechó su mano y luego la soltó para señalarle —. Él es mi compañero el joven Kesean Kers.             La señora Miriam miró a Kesean un instante y luego alzó las cejas con sorpresa.             —¡Kesean! — exclamó como si estuviese emocionada — ¿Tu eres Kesean?             Con sorpresa e impactado solo asintió.             —Sí, así es.             Ella tomó sus dos manos como si las atesorara y le miró a los ojos entusiasmada.             —No creí que te conocería personalmente.             —¿Personalmente? — se confundió él.             —Sí — asintió —, una jovencita me dijo que estuviera atenta a alguien que dijera tu nombre, pero creo que ella no imaginaba que vendrías tú personalmente ni yo tampoco.             —¿Ella? ¿Quién ella? — preguntó la agente Pierce.             —Kerensa — contestó con una sonrisa y luego volvió a mirar a Kesean —. Ven, rápido, por aquí.             La anciana lo jaló hacia dentro de la casa con premura y Kesean se dejó guiar sintiéndose a la expectativa.             —¿Cómo conoce a Kerensa? — preguntó Kesean.             —La conocí en un mini markert cerca de aquí — respondió mientras entraban a la casa —. Ella me ayudó con mis compras y a llegar a casa, estaba muy agradecida porque ese día me sentía mal — pasaron dentro de la casa —.Es una joven hermosa, tiene unos ojos grandes muy cautivadores, aunque estaban muy apagados, estaba como muy triste, y su cabello tiene un color miel muy hermoso, lo usa por el mentón y se ve como toda una guerrera de película — rio como si le pareciera muy impresionante —. Y su color de piel es como si fuese un café con leche, un equilibrio precioso. Pero lo mejor es que es muy amable y agradable, a pesar de su tono de voz fuerte.             Era su hermana. Esa era Kerensa. —Le ofrecí chocolate caliente y lo tomó conmigo aquí — señaló a la sala mientras se detenía.             El lugar era acogedor, muy limpio y organizado, pero que se notaba que solo vivía la señora en aquel lugar.             —¿Cuándo fue eso? — preguntó la agente Pierce.             —Hace como tres meses — contentó luego de pensarlo un momento —. Esperen aquí, ella dejó una pequeña nota.             La anciana se apresuró a buscar en un escritorio que tenía cerca de allí.             —La noté muy preocupada, así que le dije que podía hablar conmigo, no dijo mucho, pero dijo que estaba muy abrumada y que quería ir a casa — contó mientras tomaba algo del cajón.             Kesean mantuvo sus oídos atentos a cada detalle, su corazón martillaba de felicidad dentro de su pecho, ¿realmente alguien podía confirmar que su hermana estaba viva?             —Dijo que quería hablar con su familia, así que le dije que podía llamar porque estaba en una situación complicada, pero no quiso, en cambio le propuse escribir una carta — se giró hacia ellos extendiendo el sobre en su mano —. Era solo para tenerla aquí, pero antes de irse me dijo que si alguien venía mencionando tu nombre, algún día, se la entregara.             La agente Pierce avanzó delante de él para tomar la carta, pero la señora Miriam recogió la mano.             —Debo entregársela a Kesean.             —Oh, sí, claro — ella le dio el paso.             Kesean tomó la carta entre manos.             —Siéntate, puedes leerla mientras voy por café, ¿quieren café, cierto? — se notaba la emoción en su rostro, estaba feliz y era muy atenta y amable.             —Sí, muchas gracias — contestó Kesean sentándose en un sofá.             —Sí, también — la agente Pierce se mantuvo de pie.             —Perfecto, ya vuelvo — les dio la espalda y se encaminó a la cocina.             Kesean respiró profundo, exhaló y como un hambriento con comida delante de él, abrió el sobre apresurado.             —Léela en voz alta, por favor — pidió la agente Pierce examinando el lugar.             Asintió y entonces comenzó a leer lo escrito, no era una carta muy larga, apenas un par de párrafos, pero sin duda era la misma letra del post it, lo cual indicaba que era la letra de Kerensa.             Su celular comenzó a vibrar dentro del bolsillo de su pantalón, pero decidió ignorarlo, no había nada más importante para él que aquello.             Era organizada, redondeada y limpia, tal como era ella, pero también se notaba que había escrito como si estuviese llena de nervios o apurada. Sea como fuere, Kesean comenzó a leer en voz alta:             “Ni siquiera sé cómo empezar esto. Creo que si los tuviese delante de mí tampoco sabría qué decir, solo lloraría y esperaría que me abrazaran sin importar las cosas que he hecho y la persona en la que me he convertido. No me reconozco, no soy la persona que solía ser, tan llena de vida, entusiasmo y energía, supongo que los años y mis actos me han robado el brillo y la poca dulzura que había en mí. Creo que incluso si pudieran verme, tampoco me reconocerían. He intentado por mucho tiempo ayudar a que esto pare, pero parece que mis intentos, que mis esfuerzos, que lo que sea que hago no es suficiente, mi voz no es escuchada, mis pistas no son vistas y no sé qué más hacer. Estoy desesperada porque hace años estoy quebrada, pero sigo intentando recoger las partes y solo consigo cortarme con ellas.  Por favor, perdónenme, solo quiero volver a casa. Solo quiero que todo pare. Quiero abrazarte, mamá. Quiero escuchar tu voz de nuevo, papá. Quiero ser tu hermana mayor, Kesean. A veces pienso en rendirme, pero llegan a mí noticias de ustedes y me esfuerzo por dar un poco más. Lo intentaré un poco más. Estoy pensando en una forma de hacer evidente todas las pistas que he dejado, de hacer que mi voz se escuche y que puedan detener a estas personas, creo que tengo un buen plan para llevarlo a cabo. Cueste lo que cueste, saldré de esto y llegaré a ustedes. Kerensa.”               Kesean se quedó sin aliento, una sonrisa se había formado en sus labios, sus manos seguían templando, y un escalofrío recorría su espalda.             Aun sin dejar de observar la carta, Kesean exclamó:             —Mi hermana está viva — dijo emocionado — y tiene un plan.             Kesean alzó la mirada y se encontró con que la señora Miriam salía de la cocina apresurada.             —No les pregunté si querían azúcar en su café o si…             Un sonido seco se escuchó.             Una bala atravesó la sien de la señora Miriam, salpicando sangre y sesos a la pared, haciendo que su cuerpo cayera sin vida en el suelo.             Kesean se colocó de pie y luego miró hacia un lado entendiendo que los traidores estaban más cerca de lo que podría imaginar.             —Tu hermana llegó muy lejos — declaró entre dientes —. Lo siento, Kesean, no es personal, pero no puedo dejar…             Kesean no quiso escuchar nada más, solo se lanzó detrás del sofá.             Escuchó otro disparo.             La agente Pierce estaba del lado de la organización y había matado y seguiría matando para ayudarles. 
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