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1439 Palabras
—¿Estás listo? — preguntó la agente Pierce entrando a la oficina.             Kesean se había quedado en su oficina mientras ella entregaba la máquina de coser para que hicieran una revisión de ella, buscarían huellas dactilares y por cualquier otra cosa.             —Sí — respondió —, ya mi profesor fue notificado de mi falta por Víctor.             —Perfecto — asintió —, no le dijiste a dónde íbamos, ¿correcto?             —No, dije que iría con usted a seguir una pista y nada más.             —Sí, eso es. Vamos.             A pesar de que se veía enfocada y muy profesional, Kesean creía percibir cierta inquietud y preocupación en ella, sin embargo, esperaría al auto para preguntarle al respecto.             De momento, Kesean solo la siguió a través de la agencia, subieron al ascensor, estaban solos los dos así que esperó a que las puertas se cerraran.             —¿Qué hay del agente Lennon? — inquirió Kesean caminando a su lado.             —Está siguiendo otra pista — contestó ella —, le informé que encontramos algo y que iremos detrás de ello, nos reuniremos más tarde para dar los reportes de lo que encontramos, unir los puntos y analizar.             —Entiendo, es una buena estrategia.             —Es como lo hacemos por aquí.             Kesean asintió, cada equipo trabajaba a su manera, este equipo era grande y muy bien armado, lo que significaba que estaban en una misión de relevancia y alto riesgo.             No estaba seguro de qué tanto podría aportar al equipo aparte de sus recuerdos y el conocimiento que tenía de su hermana. Pero era una inseguridad que solo podría entorpecer su rendimiento, por lo que decidió dejarlo de lado porque sí estaba aportando algo, además tendría mucho que aprender y lo más importante de todo, de su presencia allí, era que estaba en la búsqueda de su hermana.             Quería entender qué estaba sucediendo, quería entender sus motivos y razones, quería encontrarla.             Porque aunque muchos dijeran que les daba igual lo que le pasara a sus hermanos, para Kesean era algo inentendible. A él le había afectado perder a Kerensa, ella era su compañera y apoyo, su ejemplo a seguir y la amaba demasiado. Muchos de sus conocidos decían que debía avanzar y lo había hecho, pero antes de todo ese revuelto, Kesean sabía que nunca dejaría de extrañarla.             En algún momento estuvo muy triste y en otro estuvo lleno de ira, estuvo enojado con ella por dejarle solo con todas las complicaciones de la vida, cuando ella le había enseñado lo que era no estar solo y estar apoyado.             Ahora su mente estaba llena de pensamientos confusos.             Su hermana estaba en algún lado intentando enviar un mensaje.             Sentía alivio por saber que existía la posibilidad de volverla a ver, pero al mismo tiempo, estaba preocupado por la persona en la que se habría convertido, las cosas que habría tenido que pasar y todo lo que estaba haciendo.             Las puertas del ascensor se abrieron y ellos salieron. Kesean le siguió al auto.             —Sube — indicó ella entrando al puesto del conductor.             Kesean le siguió subiendo al puesto del copiloto.             —¿Sabes conducir? — preguntó ella una vez que estuvieron dentro.             —Sí, sé hacerlo.             —¿Y por qué no tienes un auto?             Kesean respiró profundo.             —Es complicado, tengo otras cosas de las que ocuparme.             Ella asintió y colocó el auto en reversa, luego avanzó hacia adelante y salieron del estacionamiento.             —Tengo un hijo de tu edad — contó ella más tranquila —, se inclinó por la programación.             —Eso es bueno, al parecer es una gran carrera ahora.                        —Así es — contestó ella con una gran sonrisa —, la verdad me alegra que no haya escogido una profesión como la nuestra.             Escuchar que se refería a Kesean como un colega casi le hizo sonreír, apenas era un aspirante.             —¿Por qué?             —Implica muchos riesgos, Kesean — contestó encogiéndose de hombros —. No solo por lo que hay que enfrentar con los casos, sino por la angustia que implica encontrar la verdad.             —¿Angustia?             —Sí — confirmó cruzando en una esquina —. La mayoría de las veces la verdad detrás de cada caso puede llegar a atormentarte porque causa frustración. Todo este trabajo implica estrés de muchas maneras.             —Supongo que manejarlo es parte de lo que debemos aprender — entendió Kesean y expuso su punto —. Al menos para los que realmente creemos que esto es para lo que estamos hechos.             —¿Y eso crees tú? — preguntó con una sonrisa en su rostro como si le hubiese causado ternura o gracia — Apenas estás iniciando, tienes mucho que recorrer.             Kesean asintió.             —Lo sé, pero siempre he querido esto, he soñado con ser un agente desde muy joven.             —¿No se debe a lo sucedido con tu hermana?             —Cuando desapareció y luego fue encontrada muerta, afirmé este sueño — dijo con sinceridad —, quería ser capaz de evitar estas cosas, la maldad en el mundo existirá hasta el fin de la humanidad, pero quiero ayudar a evitar al menos una de ellas. Siempre veía series de criminalística con Kerensa, porque a ella le gustaba escribir relatos de acción, terror y todas esas cosas, y desarrollé admiración por esta carrera así que siempre quise serlo. Pero cuando perdí a Kerensa, realmente entendí que estaba destinado a esto.             —Es bueno que no hagas esto por venganza — dijo la agente Pierce —. Me alegra que no lo hagas por ella, sino por ti, aunque ella ayudase a que lo confirmaras.             Kesean asintió y entonces recordó lo que la agente Pierce le había dicho antes, por lo que quiso saber:             —¿Por qué no quiso que se supiera la dirección a la que iríamos?             —Verás, Kesean — exhaló pesadamente —. Esta organización es grande y tiene años haciendo sus ataques, y nunca, pero nunca dejan un rastro lo suficientemente bueno como ser ubicados.             —Son bastante inteligentes.             —Sí, pero a una escala así, implica mucho más que inteligencia.             —¿A qué se refiere?             —Te pondré un ejemplo para que puedas entenderlo mejor.             Se detuvo frente a un semáforo en rojo y mientras esperaban dio su explicación:             —Debes recordar todo el acto de terrorismo que se vivió en el dos mil dieciocho, ¿correcto?             —Sí, lo recuerdo.             Aquellos eventos serían difícilmente olvidados por las personas del país e incluso el mundo, aquellos que se desataron a causa de algo tan cliché como el poder y la venganza.             —En principio, tenemos el caso del coleccionista de muñecas…             —El secretario de estado obsesionado con la hija del presidente — se sabía la historia.             —…allí ya encontramos que Denalio Jules tenía muchas personas de poder de su lado para cubrir sus actos — continuó su explicación —, luego esto fue utilizado por la organización para intentar derrocar a Estados Unidos como potencia mundial, y para ello también tenían personas de altos rangos a su lado.             Kesean recordó que hablaron del caso a detalle un mes después de ingresar como estudiante en el FBI. Lo utilizaron para enseñarles diferentes puntos e incluso habían tenido que dar sus propios análisis, así que recordando eso y pensando en lo que la agente Pierce estaba diciendo, entendió.             —Creo que tengo el punto.             —¿Cuál es?             —Que no quiso dar demasiada explicación de a dónde nos dirigimos por miedo de que haya un informante dentro — continuó Kesean —. Si se trata de una organización así, cualquiera podría estar de su lado, la corrupción en las agencias de seguridad e inteligencia sigue intentando ser erradicada luego de la limpieza que se hizo en los meses continuos a los sucesos del dos mil dieciocho.             —Es por eso que creo que estás en peligro — arrancó el auto a causa de la luz verde —, es por eso que debemos ser cuidadosos ahora, tanto por ti como por Kerensa. Puede que sea m*****o fiel de este grupo, como puede ser una víctima.             Kesean suspiró y dejó su cabeza caer en el reposa cabeza del asiento.             —Tenemos que lograrlo.             —Lo haremos — animó ella —, tenemos un gran equipo, una potencial infiltrada que nos está dejando pistas y al agente Lennon.             Algo pareció tomar lugar en la cabeza de Kesean.             —El agente Lennon… ¿es uno de los que estuvo trabajando en el caso de Boneka Kallen?             La agente Pierce sonrió y asintió.             —¿Ahora es que te das cuenta?
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